El grave error de Kast de salir de los No Alineados debe ser revertido. Por Mladen Yopo

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El grave error de Kast de salir de los No Alineados debe ser revertido

La decisión del gobierno del presidente Kast de retirar a Chile del Movimiento de Países No Alineados, poniendo fin a 55 años de participación, no solo ha abierto un intenso debate sobre el rumbo de la política exterior chilena y de su debilitamiento para defender los intereses del país (multilateralismo, cooperación, etc.) en un mundo incierto e inseguro, sino que ha reflejado un alineamiento con la política exterior del presidente Trump que no le ha traído ningún beneficio. Por el contrario, actualmente EE.UU. aplica una sobretasa arancelaria de 12,5% a una parte importante de las exportaciones chilenas, contraviniendo tratados y las reglas del comercio internacional; ha presionado al país para unirse al Escudo de las Américas, militarizando la seguridad incluso con nuevo enemigo interno, y limitando la influencia de China (se negocia entre bambalinas); presiona por un aumento del gasto en defensa y/o salirse de la Corte Penal Internacional (instrumento esencial del DD.II., especialmente humanitario); etc.

No debemos olvidar la frase que dice que “negociar con el lobo no salva a las ovejas, solo pacta la fecha de la próxima cacería” y sabemos bien quién es el lobo y quién es la oveja, figurativamente, en esta historia.

Es claro que el presidente Trump utiliza una política exterior de presión y negociación transaccional, y una diplomacia coercitiva que combina aranceles, sanciones, amenazas económicas, presión militar y condicionamiento de alianzas, en función de que otros Estados se alineen y adopten decisiones concordantes con sus intereses y prioridades. El principio de America First privilegia los intereses de EE.UU. y tiende a evaluar las relaciones internacionales en términos de costos-beneficios con poca reciprocidad. Esto se observa, por ejemplo, en la presión sobre los aliados de la OTAN para aumentar el gasto militar y comprar equipamiento estadounidense, así como en el uso de aranceles para obtener concesiones comerciales, salirse de la Corte Penal Internacional, apoyar sus incursiones bélicas, etc.

Al más puro estilo del conductismo (premio y castigo), transforma el poder estadounidense en un instrumento de presión: “si quieres cooperación o protección de EE.UU., debes acomodar tus políticas a los intereses estadounidenses”. Esto claramente representa un desplazamiento desde una diplomacia basada principalmente en alianzas/cooperación, reglas e instituciones hacia una diplomacia más coercitiva, transaccional, bilateral y desigual. La presión sobre Corea del Sur (suspendió ejercicios militares y elogio al líder de Corea del Norte) por la negativa de participar en la guerra crisis con Irán, ilustra bien esta lógica.

Hoy hay una creciente rivalidad entre Estados Unidos y China que ha llevado a numerosos analistas a hablar de una “nueva Guerra Fría 2.0“, debido a la intensificación de la competencia geoestratégica, tecnológica, económica, militar e ideológica entre ambas potencias, la cual está dejando a países como Chile en el medio. Y si bien el canciller Mackenna calificó a EE.UU. como un socio estratégico marcando un claro alineamiento y alejándose de la política exterior tradicional de Estado, lo claro es que, dado el nivel e imbricación con ambos actores, el país deberá navegar entre estos dos gigantes (no es casualidad que el presidente Kast vaya a China en noviembre a la cumbre de la APEC a pesar de su distancia ideológica y política).

Chile hipotecó capacidades saliéndose de los No Alineados. Para una diplomacia con recursos limitados como la chilena (burocrática-profesionalizante, pero con límites estratégicos), el estar Chile en la segunda mayor agrupación internacional de Estados después de la ONU, en su momento le facilitó la interlocución con países de África, Asia, Medio Oriente (donde tenemos escasa representación y dinámicas, más allá de lo económico) y América Latina en función de coordinar posiciones antes de votaciones en la ONU en miras del interés nacional. Igualmente, la presencia en él, le ayudó y/o facilitó, a través del diálogo y la cooperación, la posibilidad de encontrar respuestas para enfrentar problemas transnacionales que ningún país puede resolver por sí solo, como el cambio climático, las pandemias, el crimen organizado, las migraciones, el terrorismo o los conflictos armados. Por último y no menor, está la solidaridad para hacer frente a los embates del realismo del poder internacional (los lobos).

La participación en este movimiento, también contribuyó a Chile la posibilidad de diversificar la política exterior (clave para un país secundario como el nuestro), evitando una dependencia exclusiva o excesiva de las relaciones con EE.UU., Europa o Asia-Pacífico (China especialmente) y de los vaivenes que ellas puedan presentar, al tiempo que fortalecía la cooperación Sur-Sur a través de intercambios técnicos en ámbitos como agricultura, salud, energía, educación y desarrollo científico, así como el intercambio cultural y económico.

La participación de Chile en este espacio es (era) coherente con una política exterior de Estado y una tradición diplomática, especialmente durante el gobierno del presidente Allende y posteriormente en los gobiernos democráticos post dictadura, al compartir principios con numerosos países No Alineados como la defensa del derecho internacional, la autodeterminación de los pueblos, el desarme nuclear, la solución pacífica de las controversias, la cooperación Sur-Sur, la reforma del sistema internacional y el fortalecimiento del multilateralismo, entre otros objetivos-valores del idealismo.

El actual gobierno de extrema derecha, a pesar de las presiones y de su sesgo ideológico, muy bien pudo optar por una política similar a la asumida por Vietnam: la “diplomacia del bambú“. Esta se basa en la idea de mantener flexibilidad, equilibrio y autonomía estratégica frente a las grandes potencias. Como el bambú con sus raíces firmes, tronco sólido y ramas flexibles, Vietnam mantiene firmes sus intereses nacionales y principios, pero adapta sus relaciones y acciones según las circunstancias. Así, procura mantener simultáneamente buenas relaciones con Estados Unidos, China, Rusia, Japón, India, la ASEAN y la Unión Europea, evitando alinearse completamente con una sola potencia. La estrategia permite a Vietnam aprovechar económicamente sus vínculos con distintas potencias y, al mismo tiempo, preservar margen de maniobra frente a la rivalidad entre Estados Unidos y China.

En términos de relaciones internacionales, la diplomacia del bambú puede entenderse como una combinación de autonomía estratégica, diversificación de alianzas y equilibrio flexible, particularmente relevante para países medianos que buscan evitar quedar atrapados en la competencia entre grandes potencias en función de los intereses nacional.

La autonomía estratégica, si bien no es un término absoluto y dependerá del poder y la voluntad nacional, es la capacidad de un Estado para tomar decisiones sobre su política exterior y seguridad de manera independiente, sin quedar subordinado a los intereses o presiones de una potencia externa, manteniendo al mismo tiempo la capacidad de cooperar y establecer alianzas cuando ello favorece sus intereses nacionales.

Las alianzas flexibles son acuerdos de cooperación entre Estados que no implican una alineación permanente ni exclusiva, sino que permiten asociarse con distintos países según el tema, la amenaza o el interés específico. Buscan preservar autonomía y capacidad de maniobra. Ejemplos: Vietnam mantiene cooperación económica con China y estratégica con Estados Unidos (con ambos ha sostenido guerras); India participa en el Quad con EE.UU., Japón y Australia, pero mantiene vínculos con Rusia; y Chile puede cooperar con EE.UU. en temas que sean de interés común mientras mantiene buenas relaciones comerciales y diplomáticas con China.

El equilibrio flexible es una estrategia mediante la cual un Estado diversifica sus relaciones y alianzas entre distintas potencias, evitando depender excesivamente de una sola y ajustando sus posiciones (sin hipotecar sus principios) según sus intereses y las circunstancias internacionales. Busca preservar la autonomía estratégica y reducir los costos de la rivalidad entre grandes potencias. Ejemplo: Vietnam mantiene relaciones simultáneas con China y Estados Unidos sin alinearse completamente con ninguno.

La diplomacia del bambú puede mantener valores y autonomía si la flexibilidad se aplica a los medios y alianzas, pero no a los principios e intereses fundamentales. Para ello necesita diversificar socios, evitar dependencias estratégicas excesivas, preservar capacidades nacionales propias y mantener una política exterior coherente. En este sentido, la flexibilidad no significa oportunismo ni ausencia de valores: significa adaptar las alianzas sin renunciar a los principios, permitiendo que la cooperación cambie según las circunstancias mientras la autonomía estratégica permanece como objetivo permanente y los No Alineados es una buena plataforma para ello. El gobierno de Kast debe revertir este alejamiento en extremo ideologizado, sin fundamentos y que limita las capacidades nacionales.

*Mladen Yopo, Doctor en Ciencia Política e investigador del Programa de Política Global – Universidad SEK-Chile. Colaborador de elmaipo.cl

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