Eduardo Jaime fue distinguido con el Global Learning Award 2026 por una metodología que convierte los paisajes de Monte Patria en espacios de aprendizaje científico. Su trabajo lleva más de 16 años vinculando educación, naturaleza, conocimiento local y conciencia ambiental.
El educador ambiental chileno Eduardo Jaime recibió el Global Learning Award 2026, reconocimiento internacional otorgado por Iberocam a su trayectoria y a un modelo pedagógico que lleva las ciencias fuera de las salas de clases y las conecta directamente con el territorio.
La iniciativa se desarrolla en escuelas rurales multigrado de Monte Patria, en la Región de Coquimbo, donde el entorno natural se transforma en un verdadero laboratorio para que niños y niñas puedan observar, investigar y comprender los fenómenos presentes en los lugares donde viven.
Jaime, quien es egresado del Magíster en Desarrollo Regional y Medio Ambiente de la Universidad de Valparaíso, lleva más de 16 años trabajando en educación rural. Su propuesta busca que los estudiantes no solo reciban contenidos científicos, sino que puedan aplicar el método científico directamente sobre problemáticas y características de su propio territorio.
El territorio como laboratorio
La metodología se desarrolla en establecimientos de localidades como La Unión, El Coipo, Colliguay, Carmela Prat, Pablo Neruda, Chilecito, El Tayán y El Maitén.
En lugar de limitar el aprendizaje al aula, los estudiantes realizan salidas a ríos, laderas y huertos comunitarios, donde formulan preguntas, plantean hipótesis, diseñan investigaciones, recopilan datos y elaboran conclusiones.
Durante estas actividades estudian, entre otros aspectos, las características de la flora nativa, la composición del suelo y las variaciones de temperatura asociadas a las laderas, además de investigar los efectos que el cambio climático está produciendo sobre los ecosistemas locales.
“El objetivo es que salgan, apliquen el método científico y resuelvan diversos problemas“, explicó Jaime, quien plantea que los contenidos curriculares pueden abordarse desde experiencias concretas para que los estudiantes comprendan que están aprendiendo a partir de su propia realidad.
Educación ambiental e identidad local
El proyecto también incorpora los saberes y prácticas tradicionales de las comunidades rurales.
A través de huertos escolares, los estudiantes cultivan productos como trigo, maíz, porotos y zapallo, relacionando el aprendizaje científico con el patrimonio agrícola de sus localidades y con conocimientos transmitidos entre generaciones.
Para Jaime, esta dimensión es tan importante como los contenidos académicos. La educación basada en la naturaleza también busca que los niños y niñas reconozcan el valor del lugar donde viven y fortalezcan su vínculo con el territorio.
“Esta forma de educar tiene un significado que va más allá de la transmisión de conocimientos. Se trata de identidad“, sostuvo el educador.
En esa línea, el docente ha planteado que muchos estudiantes de zonas rurales imaginan su futuro fuera de sus comunidades, pero que el contacto directo con la naturaleza puede ayudarles a descubrir el valor de los recursos, conocimientos y paisajes que forman parte de su entorno.
Una trayectoria ligada al medioambiente
El reconocimiento internacional se suma a una trayectoria que durante años ha buscado vincular educación y conciencia ambiental en el mundo rural.
Jaime también fue reconocido previamente por su trabajo en educación ambiental y en 2021 recibió el Premio Nacional de Medio Ambiente, en la categoría Tierra, de Fundación Recyclápolis. Su experiencia se ha desarrollado especialmente en Monte Patria, territorio con el que mantiene un vínculo personal y profesional.

Desde esa experiencia, el educador ha advertido sobre transformaciones ambientales que ha observado en su propio territorio, entre ellas la sequía, los incendios y la pérdida de biodiversidad, planteando que la educación ambiental es una herramienta necesaria para enfrentar sus consecuencias.
El Global Learning Award 2026 reconoce así una propuesta que pone a la naturaleza como espacio de aprendizaje, pero también como parte de la identidad de las comunidades. Una experiencia que desde las escuelas rurales de Monte Patria busca que la ciencia no permanezca únicamente dentro del aula, sino que permita a las nuevas generaciones comprender, valorar y cuidar el territorio que habitan.
El Maipo



