Por Daniel Aguirre Román
El profesor de Lengua y Literatura y dirigente sindical publicó Negociar para humanizar: sindicalismo y resistencia en la educación privada, un texto que busca entregar herramientas a trabajadores y dirigentes para enfrentar las problemáticas laborales del sector.
Después de más de 20 años ligado a la docencia y casi una década como dirigente sindical en un colegio particular, Francisco de Torres Bustos decidió plasmar parte de esa experiencia en un libro. Profesor de Lengua y Literatura, llegó al Colegio San Ignacio El Bosque en 2016 y posteriormente integró durante cuatro periodos la directiva sindical, tres de ellos como presidente.
“Esta casi década de trabajo sindical me ha permitido ir entendiendo de mejor manera, con más profundidad, cuáles son las problemáticas del mundo laboral, específicamente del mundo privado, educativo”, señala.
Negociar para humanizar el trabajo
El título del libro concentra una de las principales discusiones que busca instalar De Torres: qué significa negociar cuando la relación laboral involucra personas y no solamente cifras.
El dirigente sostiene que el sindicalismo suele asociarse principalmente a la búsqueda de mejores remuneraciones, pero considera que su función también es enfrentar las relaciones de poder dentro de los espacios de trabajo.
“Los sindicatos son el espacio de contención, el espacio de diálogo social y el espacio donde podemos ir a contracorriente de lo que los empresarios y los empleadores están haciendo, que es transformar a los trabajadores permanentemente en un número, en una cifra”, afirma.
Desde su perspectiva, el sindicato permite buscar una mayor simetría entre trabajadores y empleadores y recuperar la dimensión humana de las relaciones laborales.
“El sindicalismo es el único espacio de resistencia que hoy día nos queda y que las institucionalidades nos entregan para poder equiparar la cancha, para poder desarmar las estructuras de poder y buscar mayor simetría”, sostiene.
Por eso, “humanizar” la negociación no significa únicamente mejorar los salarios, sino también reconocer el aporte de quienes trabajan y fortalecer las relaciones entre las personas.
“Los sindicatos son el espacio donde podemos volver a humanizar el trabajo, donde podemos volver a valorar la relación entre las personas, rescatar principios fundamentales de la democracia en ese espacio de lucha que es el sindicalismo”, plantea.
Resistencia y miedo a sindicalizarse
De Torres cuestiona la idea de que trabajar en un colegio particular pagado necesariamente significa contar con mejores condiciones laborales. Según explica, estos trabajadores no cuentan con un estatuto docente y sus relaciones laborales se rigen principalmente por el Código del Trabajo.
Entre los problemas que identifica menciona jornadas extensas frente a cursos, falta de tiempo destinado a la preparación de clases y labores que terminan extendiéndose más allá de lo establecido formalmente.
“Hay una resistencia al sistema, una resistencia a la estructura laboral que se está imponiendo en los colegios particulares”, explica.
Sin embargo, para el autor existe otra dificultad menos visible: el miedo a sindicalizarse.
“Hay un miedo supergeneralizado de ser parte de los sindicatos”, afirma.
Ese temor, sostiene, no se relaciona solamente con la posibilidad de perder el empleo. También influye el vínculo emocional que se construye dentro de las comunidades educativas, donde trabajadores, estudiantes y apoderados comparten durante años.
“El miedo a ser despedido, el miedo a no ser parte de una comunidad, miedo de no pertenecer a, comillas muy grandes, por favor, a la familia, que siempre te dicen que somos en los colegios”, señala.
A su juicio, esa idea de “familia” puede dificultar que los trabajadores reconozcan la legitimidad de organizarse. Para De Torres, la organización sindical tampoco debería reducirse a una relación permanente de conflicto con la contraparte.
“El sindicalismo va mucho más allá de simplemente un gesto confrontacional contra el empleador, sino que tiene que ver con reconocer y valorar lo más profundo que tenemos como docentes, que es nuestra calidad humana, con la cual trabajamos”, sostiene.
La “pobreza de tiempo” de los docentes
Uno de los conceptos centrales que aborda De Torres es la “pobreza de tiempo”, asociada a la extensión del trabajo docente más allá de la jornada laboral.
Preparar clases, corregir evaluaciones, participar en actividades extraprogramáticas o continuar trabajando durante los fines de semana son, a su juicio, prácticas que se han naturalizado entre los profesores.
“Se ha naturalizado el hecho de que el docente tiene que trabajar en su casa, que tiene que quedarse horas extras en el colegio de manera no remunerada, que tiene que asistir a actividades extra programáticas con sus estudiantes los fines de semana”, señala.
El problema también se relaciona con la forma en que históricamente se ha entendido la vocación docente. De Torres cuestiona la idea de que ser profesor implique necesariamente sacrificio permanente y que ese compromiso deba realizarse incluso a costa del tiempo personal y familiar.
“Yo creo que ese es un paradigma que hay que romper, que es un paradigma que tenemos que torcerle la mano, donde nuestra vocación tiene que implicar placer, tiene que implicar alegría de enseñar, y no un desgaste, compromiso físico, psicológico”, afirma.
Para el dirigente, la sobrecarga laboral no afecta solamente el bienestar de los trabajadores, sino que también puede tener consecuencias sobre la propia tarea pedagógica.
Condiciones laborales y calidad de la educación
De Torres establece una relación directa entre las condiciones laborales de los docentes y la calidad del proceso educativo. A su juicio, un profesor sobrecargado y sin tiempo suficiente para reflexionar sobre su práctica puede terminar desarrollando su trabajo de manera más mecánica.
“Cuando un trabajador está sobrecargado, cuando un trabajador no tiene tiempo para pensar pedagógicamente, cuando se transforma en un tecnócrata que tiene que aplicar programas, tiene que aplicar métodos, tiene que aplicar una didáctica sin que eso haya pasado por una propia reflexión interna del qué estoy haciendo, se mecaniza, se automatiza el proceso educativo”, sostiene.
Por eso, considera que las condiciones laborales no son una discusión separada de la educación que reciben los estudiantes.
“Evidentemente cuando uno está en condiciones laborales óptimas o que tienden a lo óptimo el proceso educativo, el proceso de enseñanza, aprendizaje también se ve positivamente afectado”, afirma.
Esta situación también se cruza, según el dirigente, con la creciente complejidad de las comunidades educativas y con el aumento de situaciones de violencia dentro de los establecimientos. De Torres fue protagonista de una discusión pública en 2024 luego de sufrir una situación de violencia laboral en el Colegio San Ignacio El Bosque.
A su juicio, los docentes no solamente ponen sus conocimientos y capacidades a disposición de su trabajo, sino también su cuerpo. La necesidad de atender distintas realidades y contar con profesionales especializados ha aumentado, sostiene, haciendo que ejercer la docencia sea una actividad cada vez más compleja.
“Eso ha ido aumentando en los últimos años y hace que ejercer la docencia sea una actividad cada vez más compleja y con más carga laboral”, plantea.
Lo que las escuelas enseñan y lo que practican
La reflexión sobre las condiciones laborales también lleva a De Torres a cuestionar la relación entre aquello que las escuelas enseñan y las prácticas que desarrollan internamente.
Las instituciones educativas, plantea, transmiten valores como la democracia, la igualdad, la equidad y la justicia. Sin embargo, considera que esos principios no siempre se reflejan en las relaciones entre empleadores y trabajadores.
“Tú revisas el currículum nacional, revisas los objetivos transversales y están plagados de principios morales, principios éticos, civilizatorios que evidentemente uno comparte y quiere transmitir a sus estudiantes”, señala.
La discusión también se vincula con la formación ciudadana y con la presencia transversal de estos principios en el currículum escolar. Para De Torres, existe una interrogante sobre la coherencia entre aquello que se enseña a los estudiantes y lo que ocurre dentro de las propias comunidades educativas.
“La paradoja está cuando el empleador no aplica esos principios con sus trabajadores”, sostiene.
Para el docente, esa tensión no pertenece exclusivamente a un período político o a una determinada política educacional. Más allá de los cambios que ha experimentado el sistema escolar, considera que las escuelas siguen buscando transmitir valores vinculados a la convivencia y la ciudadanía.
“Es paradigmático observar que esa paradoja se ve en los colegios donde debería ser el espacio más limpio de este tipo de vicios pero lamentablemente no es así”, afirma.
Desde esa perspectiva, las condiciones laborales, la organización sindical y la formación de los estudiantes no serían discusiones separadas. La manera en que una comunidad educativa trata a sus propios trabajadores también forma parte de aquello que transmite a sus estudiantes.
Un libro para todos
De Torres recalca que Negociar para humanizar no pretende ser un texto académico ni científico. Su objetivo es llegar principalmente a dirigentes sindicales de establecimientos particulares y a trabajadores como administrativos y auxiliares de servicios, pero también busca acercar estas problemáticas al público en general.
“Este pequeño ensayo tiene ese propósito. No es un texto pensado ni para la academia, ni es un texto pensado para solamente los docentes”, explica.
Actualmente, el dirigente se desempeña como vicepresidente de la Federación de Sindicatos de Colegios Particulares (FESICOP), organización que, según señala, tiene presencia en seis regiones y agrupa a sindicatos de cerca de 40 colegios particulares pagados.
Para De Torres, el fortalecimiento de las organizaciones pasa necesariamente por la unidad y la preparación de sus dirigentes.
“Nos damos cuenta de que nuestros problemas son muy similares, de que las respuestas de nuestros empleadores son muy similares y que, por lo tanto, la única forma de avanzar, la única forma de lograr mejoras es estando permanentemente unidos”, plantea.
En ese sentido, Negociar para humanizar propone una mirada que va más allá de la negociación salarial y sitúa al sindicalismo como una herramienta para discutir las relaciones de poder, las condiciones laborales y el lugar que ocupan las personas dentro de las comunidades educativas.
El Maipo




