Por Iván Paredes Tamayo
En Argentina la mayor amenaza que enfrentan los delfines franciscanas (Pontoporia blainvillei) es quedar atrapados en las redes de los pescadores. Al no poder salir a respirar mueren ahogados o por estrés. Para evitarlo, existen alarmas acústicas que se colocan en las redes de pesca. De esta forma, estos dispositivos emiten una señal auditiva en una frecuencia que solo los delfines pueden escuchar y los disuade para evitar quedar atrapados.
Esta iniciativa se aplica desde 2019 en Cabo San Antonio, al este de la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde ha sido instaurado por la organización AquaMarina. En esa zona opera una pesquería artesanal a lo largo del frente marítimo que abarca el trayecto entre la localidad de San Clemente y Nueva Atlantis y también en la pesquería artesanal que opera en el puerto de San Clemente y la Bahía Samborombón, sobre el Atlántico.

Fernanda Zapata, coordinadora de Trabajo de Campo e Investigación de AquaMarina, explicó a Mongabay Latam que el proyecto ya ingresó en su segunda etapa y hasta el momento los datos analizados de manera preliminar y no publicados indican que los dispositivos continúan operando con eficiencia para disminuir los enmallamientos accidentales de delfín franciscana en redes de pesca. Sin embargo, aclaró que por ahora no hay datos para analizar.
“El trabajo con dispositivos acústicos disuasorios comenzó con otra especie de delfín en Estados Unidos y en 1999 se probó por primera vez en Argentina durante cuatro años consecutivos con distintos dispositivos -marca y frecuencia acústica-. Luego se retomó el proyecto en 2019 hasta la actualidad”, detalló Zapata.
La experta añadió que los dispositivos acústicos, que también son conocidos como “pingers”, tienen sensores que se activan en contacto con el agua salada. La batería entra en funcionamiento, emitiendo un sonido en una frecuencia de entre 60 y 120 kilohercios (kHz) para que el delfín escuche y se aleje de las redes de pesca. Zapata afirmó que los pescadores artesanales colocan una alarma cada 50 o 100 metros de red de pesca.
A lo largo de todos estos años el proyecto tuvo distintos apoyos de instituciones como la Dirección de Ecosistemas Terrestres y Acuáticos de la Provincia de Buenos Aires, Áreas Protegidas de la Provincia de Buenos Aires, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y organizaciones que otorgan subsidios para llevar adelante el trabajo.

Zapata mencionó que también cuentan con el trabajo de voluntarios y personas que forman parte de AquaMarina, quienes son los encargados de llevar adelante las campañas de campo y la toma de datos, pero los actores más importantes –dijo- son los pescadores artesanales que trabajan en conjunto para poder testear estas medidas de mitigación.
Especie en riesgo
El delfín franciscana, también conocido como delfín del Plata, es uno de los delfines más pequeños del mundo: mide entre 1.30 y 1.70 metros de largo. Su piel, de tonos marrones, recuerda al hábito de los monjes franciscanos, por lo que recibe ese nombre común.
Este cetáceo se encuentra únicamente en Argentina, Uruguay y Brasil. En Argentina vive principalmente en las costas de la provincia de Buenos Aires, donde es muy probable que existan menos de 30 000 individuos, explicó la Fundación Vida Silvestre ante la consulta. La franciscana es una especie vulnerable a la extinción, de acuerdo a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). A este estado se llegó luego de que, durante años, unos 500 a 800 delfines fueran capturados anualmente en las redes agalleras de los pescadores de la provincia de Buenos Aires.

El potencial de recuperación de esta especie es muy bajo: las hembras, entre los dos y tres años, tienen una única cría que queda a su cuidado por uno o dos años. Las hembras cuidan a su única cría por uno o dos años y sin la madre, la cría puede desorientarse y morir, informó Vida Silvestre ante la consulta de Mongabay Latam.
Además, el delfín franciscana, como otros delfines, no puede permanecer mucho tiempo fuera del agua. Tiene una piel muy gruesa y grasosa que le proporciona calor, por lo que la intemperie rápidamente le provoca deshidratación y muerte.
José Battistelli es uno de los pescadores artesanales que trabaja con estos dispositivos acústicos en la zona entre Punta Rasa y Punta Médanos. El pescador, en contacto con Mongabay Latam, explicó que AquaMarina les provee las alarmas previa acreditación, que son trámites que se realizan para que los pescadores puedan acceder a los dispositivos. La mayoría de los pescadores de todo el frente marítimo del partido de la costa aplican estas herramientas en su trabajo diario.
“Se ha producido una importante reducción en las capturas del delfín franciscana aplicando este dispositivo. Yo vivo de la naturaleza, así que me parece muy lógico poder cuidarla utilizando estas alarmas”, detalló Battistelli.

El pescador, que tiene una experiencia de 33 años, recordó la importancia de que el delfín franciscana fuera declarado monumento provincial en Buenos Aires. Battistelli captura corvinas, pescadillas y palometas y, si la pesca anda bien, o sea que ronda los 180 kilos de pescado, ha cumplido para toda la temporada.
Trabajo en conjunto
Las diferentes instituciones públicas y la organización AquaMarina firmaron convenios con cuatro asociaciones de pescadores de Bahía Samborombón y cabo San Antonio para que puedan utilizar los dispositivos acústicos en sus redes de pesca.
“Nos encontramos finalizando una campaña de campo, por lo cual el próximo paso es analizar los resultados de los últimos siete años para así poder tener resultados concluyentes”, afirmó Zapata.
“La pesca incidental, además de hacerle daño al ambiente porque genera descarte y hasta puede diezmar una colonia de animales, a los pescadores nos complica la vida porque al quedar atrapado, por ejemplo, un delfín, la red se inutiliza y no captura los peces que nosotros queremos. Se trata simplemente de pensar qué es lo mejor para todos ahora y en el largo plazo”, afirmó Battistelli.
*Imagen principal: los delfines franciscanas solo viven en Argentina, Uruguay y Brasil. Son una especie en estado de extinción. Foto: cortesía Vista al mar
El Maipo/Mongabay




