La historia de Chile está forjada por hombres que, movidos por el fervor y la lealtad, entregaron su vida en alta mar. Uno de los nombres más egregios, y que a menudo comparte el brillo del Olimpo naval chileno, es el de Ignacio Serrano Montaner. Teniente segundo de la marina, su audacia durante el Combate Naval de Iquique no solo consolidó su lugar en la historia patria, sino que dejó una huella imborrable en su tierra natal, Melipilla.
Por ello, la comunidad melipillana encabezada por sus autoridades, darán inicio al gran desfile ciudadano a partir de las 10.00 horas en el sector de la plaza de armas en honor y recuerdo del máximo héroe de la comuna y de las Glorias Navales.
De la huida juvenil a la hermandad con Prat
Nacido en la ciudad de Melipilla en 1846, Serrano demostró desde joven un espíritu impetuoso y un llamado ineludible hacia el servicio militar. En 1865, desafiando las estructuras familiares, huyó de su hogar con un objetivo claro: enrolarse en la Armada de Chile tras el estallido de la guerra Hispano-Sudamericana.
Fue durante su etapa de formación en la escuela naval donde forjó uno de los vínculos más significativos de su vida al conocer a Arturo Prat Chacón. Entre ambos marinos nació una estrecha y profunda amistad, unida por los valores del deber y el amor a la patria, un lazo que el destino se encargaría de inmortalizar en el norte grande.
El abordaje inmortal en el combate de Iquique
Al estallar la Guerra del Pacífico en 1879, Ignacio Serrano fue asignado como segundo comandante de la corbeta Esmeralda, asumiendo además la gran responsabilidad de liderar la primera división de artillería del legendario buque.
El 21 de mayo de aquel año, bajo el implacable sol de Iquique, la Esmeralda se batió en un duelo desigual contra el monitor blindado peruano Huáscar. Tras el impacto del primer espolonazo y la heroica caída del comandante Prat, el destino llamó a Serrano a la acción definitiva. Durante el segundo espolonazo del Huáscar, el teniente Serrano, emulando el impetuoso ejemplo de su amigo y comandante, saltó decididamente al abordaje de la cubierta enemiga junto a un grupo de marinos.
En medio del fuego cruzado, Serrano cayó gravemente herido en la cubierta del monitor, falleciendo poco después a causa de las severas lesiones sufridas. Hoy en día, sus restos descansan con los más altos honores en la cripta del Monumento a los Héroes de Iquique en Valparaíso, junto a los demás valientes de esa jornada.
El homenaje de su tierra: Un monumento con historia
La noticia del sacrificio de Serrano despertó un profundo e inmediato fervor patriótico en el pueblo de Melipilla. Orgullosos de su hijo ilustre, los ciudadanos y la prensa local impulsaron diversas campañas periodísticas para erigir un monumento en su memoria.
Para su creación, se sugirió replicar el modelo de la estatua del Monumento a la Marina de Valparaíso, y la Armada de Chile contribuyó donando el bronce de algunos cañones para la fundición de la obra. El proyecto tuvo además un fuerte componente afectivo y familiar: los planos y la dirección de la construcción corrieron por cuenta del ingeniero Alberto Serrano, hermano del héroe, quien realizó todo el trabajo sin percibir remuneración alguna.
Un hito para la ciudad: El 21 de mayo de 1913, al cumplirse 34 años de la gesta, Melipilla inauguró oficialmente el monumento, rindiendo un justo tributo a la valentía del marino que dio la vida por su país.
El monumento en el siglo XXI: Rescatando la identidad
A lo largo de los años, el monumento ha sido testigo del crecimiento de Melipilla y ha experimentado diversas modificaciones. La última y más significativa de ellas ocurrió en el año 2016. En el contexto de una remodelación integral de la Plaza de Armas de la comuna, la escultura fue reubicada en el centro neurálgico del recinto.
Esta intervención urbana no solo buscó optimizar el espacio público, sino también rescatar la esencia más antigua y patrimonial de la plaza, devolviéndole a Ignacio Serrano Montaner el lugar de honor que merece en el corazón de la ciudad que lo vio nacer.




