En un flamante artículo, el laureado economista Joseph Stiglitz analiza la transformación del orden geopolítico global, señalando el acelerado declive del poderío de Estados Unidos y el surgimiento inevitable de un sistema multipolar.
En el texto, titulado ‘El ocaso de Estados Unidos’, el Premio Nobel de Economía sostiene que las recientes medidas de presión comercial e imposición de sanciones por parte de Washington no hacen más que evidenciar la pérdida de hegemonía de EEUU. De acuerdo con la visión del prestigioso académico, el alcance del poder estadounidense ha disminuido de forma drástica, acelerando la transición irreversible hacia un escenario internacional post-estadounidense.
El economista explica que la capacidad de una potencia para influir en la esfera internacional se fundamenta en dos mecanismos esenciales: la persuasión diplomática y la intimidación coercitiva, añadiendo que la efectividad del convencimiento exige un nivel de credibilidad y predictibilidad que la política exterior de EEUU ya no tiene.
Además, afirma al respecto que los compromisos bilaterales asumidos por Washington han perdido solidez ante la comunidad internacional, señalando de forma textual que “cualquier acuerdo que firme EEUU será tan sólido como la gelatina”.
Más allá de los giros políticos de la actualidad, Stiglitz señala que el elemento central de este fenómeno es la erosión del peso económico estructural de la nación estadounidense. En el texto, el premio Nobel destaca los datos macroeconómicos que fundamentan esta transición, precisando que la participación de Estados Unidos en el PIB mundial, impulsada por la paridad del poder adquisitivo, “se redujo a la mitad desde el final de la Segunda Guerra Mundial (de más o menos el 30% a poco menos del 15% en 2025)”.
A esta pérdida de cuota en el mercado global se suma la vulnerabilidad estratégica derivada de las cadenas de suministro contemporáneas, recordando que el Gobierno estadounidense ha dejado de controlar insumos fundamentales para las tecnologías de vanguardia, como la producción de microchips avanzados o la extracción y procesamiento de tierras raras, actividad en la que China le saca amplia ventaja. Ante esta realidad de interdependencia, Stiglitz puntualiza en su artículo que la economía estadounidense “ya no juega con las mejores cartas”.
Esta reorganización de las fuerzas económicas mundiales brinda a los demás países alternativas viables para no ceder ante presiones o sanciones unilaterales. En su diagnóstico, el experto argumenta que el contexto económico cambiante ofrece amplias oportunidades de diversificación comercial, permitiendo que gobiernos soberanos e históricos aliados resistan el tutelaje de Washington, llegando incluso a afirmar que “nadie tiene por qué capitular ni seguir dependiendo de Estados Unidos”.
Las repercusiones de mantener una postura de confrontación económica global resultarán contraproducentes para el propio, advierte Stiglitz, indicando que intentar aislar a otros actores mediante bloqueos y barreras comerciales provocará atascos en el comercio exterior que terminarán perjudicando directamente a los propios estadounidenses.
El especialista concluye haciendo un análisis sobre la pérdida del atractivo ideológico del modelo estadounidense a nivel global, señalando que la nación pasó de ser un referente indiscutible de desarrollo a un ejemplo de estancamiento caracterizado por “la desigualdad extrema, la erosión de la democracia, la corrupción y la división social”. Por ello, el economista proyecta que un orden global diversificado que se desmarque de la dependencia de Washington “promete más estabilidad, seguridad y prosperidad para todos”.
El Maipo/Sputnik




