Jueves, Abril 25, 2024

La ilustrada arrogancia de Carlos Peña. Por Carlos Cerpa Miranda

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¿Qué se puede desprender de la entrevista al rector Carlos Peña efectuada por La Tercera el 24 de diciembre pasado?

https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/carlos-pena-boric-y-el-socialismo-deben-sacudirse-del-lastre-del-frente-amplio/CVUKHLFYOVGY7N6UVXVPOVMMAA/

Se pueden desprender varias pequeñas grandes cosas. Se puede desprender que admira al ex presidente Ricardo Lagos muy por encima de la atenuada admiración que siente por la ex presidenta Michelle Bachelet; se puede desprender que, en materia constitucional, “no era verdad que la ciudadanía anhelara un cambio constitucional”, pese al 78.26 % de aprobación que concitó el plebiscito de mayo de 2021 que consultó si la ciudadanía quería o no un cambio de Constitución.

Se puede desprender que sostiene un pensamiento de centro político al poner el énfasis de su análisis en su cuestionamiento al Frente Amplio, por el lado de la izquierda; y a los republicanos, por el lado de la derecha; también se puede desprender que su salida política para el Chile post-revuelta social es con más modernización en el marco del capitalismo “realmente existente” matizado con reformas no especificadas; que le importa incorporar al debate los cambios culturales ocurridos en Chile en las últimas décadas; que el futuro político del presidente Boric lo ve abandonando a su sector de origen, para avanzar junto al “borreguil” Socialismo Democrático y que en materia presidencial se inclina por una competencia entre Carolina Tohá y Evelyn Matthei. Esas serían, a grandes rasgos, las opiniones que se pueden desprender de la visión política del rector Carlos Peña, versión 2023.

Lo dicho y afirmado en el citado medio, con respecto a Michelle Bachelet, lo amplia y clarifica en la edición de El Mercurio de la misma fecha. Dice Peña, con respecto a la iniciativa de cambio de Constitución impulsado por la ex presidenta, “Fue lo que ocurrió con su idea de cambio constitucional: en vez de establecer una relación más aliñada de razones de por qué habría que proceder a ese cambio, se apresuró en diseñar y echar a andar los cabildos para hacerlo”.

Luego sostiene, quitándole, como es habitual en su inconmensurable arrogancia, toda capacidad de raciocino “y es que no faltan las pulsiones por hacer esto o aquello, se requiere buscar el asentimiento reflexivo antes de hacerlo”.

Dos cosas, el rector Peña desconecta a la ex presidenta, como en general lo hace con todos los demás líderes políticos, de su entorno social y político, eso lo lleva a ponerlos por encima de la realidad, a desprenderlos de ella y a suponer por tanto que no existe allí interrelación alguna entre quien cumple un rol político determinado y los sectores en los que se apoya. No existe allí, en la lógica de Peña, influencias en ambos sentidos y que es la clave para poder finalmente representar, si así se busca, desde la política, a la sociedad.

Luego, y llevado su razonamiento a la política, al modo en la que ésta se articula, Peña pasa por alto – y desestima porque al parecer no la conoce- la larguísima trayectoria de todo el mundo socialista y de izquierda por bregar por el cambio de Constitución, las centenares de miles de horas dedicadas al debate político, a la reflexión y a la práctica concreta para avanzar en dicho sentido, pero también al esfuerzo por incorporar las expresiones de la sociedad, como lo fueron las movilizaciones estudiantiles de 2011, que son, aquellas desde donde surgen los actuales gobernantes, sus partidos y movimientos, que son el target del rector, y que la ex presidenta buscó interpretar llevándolo a su programa de gobierno en 2014.

¿Por qué pasa por alto toda la trayectoria política, su sector de origen, con todos sus aciertos y muchos errores, en la que se inserta la ex presidenta? Porque al parecer el sustento filosófico del rector Peña lo encuentra en la narrativa de “los pocos superiores” de Nietzsche. Y como el mismo se sitúa, desde la intelectualidad, y lo sitúan los medios que le dan tribuna, como uno de esos “pocos superiores”, entonces pontifica y escudriña desde ahí a los demás.

Y es que tampoco puede librarse de la teoría de las “pulsiones” con que suele analizar y reducir la realidad política contingente, sustrato aportado por el filósofo ingles Thomas Hobbes en su celebre obra “Leviatán, quien conceptualizó el estado de naturaleza que amenazaba con hacer que los humanos se vieran reducidos a un estado animal. Con Peña, salvo algunos “pocos superiores” todos los demás en un estado de tontera e incapacidad.

El estado de naturaleza o “la guerra de todos contra todos” ha sido considerado uno de los elementos metodológicos más utilizados por la filosofía política moderna, porque ha permitido sentar, para el mundo occidental, las bases teóricas “tanto de la legitimidad del Estado como de los derechos de los individuos” (González Orozco,2019). Pero así también puede ser abusado.

En efecto, si antes de la revuelta social, el rector Peña deshuesaba la protesta social de los jóvenes estudiantes como meras “pulsiones”, y más allá de ellos, al referirse en los mismos términos a la activista medioambiental sueca Greta Thunberg, desacreditándolos a todos ellos, pero sin abordar ninguno de los motivos que denunciaban, en el primer caso la educación como bien de consumo y en el segundo caso los temas climáticos enarbolados por la joven activista sueca, hoy penosamente convertidos en catástrofe climática, argumentos, perdón, “pulsiones” permanentemente desestimados por el rector Peña.

El rector Peña hasta el momento ha abordado en sus análisis al sector joven vinculado a la política, a quienes define como “pequeño burgueses” y que hoy se agrupan mayormente en el Frente Amplio. A los socialistas con algún nivel de acercamiento a ellos, entre los cuales muchos jóvenes, lo han hecho por “inercia o flojera”. Demasiada ofensa para quien apenas le alcanza para abordar la modernización capitalista desde la reducida arista del consumo.

Pero dejando de lado lo anterior, ¿el punto que origina la crítica hacia esos sectores es por acceder a la política, cuestionar al capitalismo o por ser pequeñoburgueses, o todo eso junto a la vez? ¿Si los jóvenes de los barrios populares (los desharrapados de Nietzsche) acceden a la política, que espacio ocuparán en la concepción del rector?

Los elementos que nos llevan a concluir que lo más significativo de la intención del rector Peña de “domesticar” al Frente Amplio- y por extensión a todos quienes desde distintos espacios somos críticos del capitalismo neoliberal- es justamente su adhesión oculta y no declarada a esta forma de capitalismo y que podemos resumir del siguiente modo: globalización que ha significado, hiperconcentración de la riqueza a nivel mundial, regional y nacional, en pocas manos, mientras que a esos mismos niveles las instituciones se muestran incapaces de ‘gobernar los mercados’; los efectos que la industrialización o el productivismo extremo ha tenido sobre el planeta y país y sus sistemas ecológicos, alteración y destrucción del equilibrio de los ecosistemas; en el plano político-institucional, debilitamiento de la democracia liberal representativa y reaparición de ideologías racistas y xenófobas desde niveles de gobierno (Trump, EEUU; Bolsonaro, Brasil y ahora Milei en Argentina), y otros países europeos, exclusión de las mujeres, racismo y negación de derechos a los pueblos originarios.

Un fenómeno relativamente reciente, pero de amplio efecto en las sociedades modernas, es la creciente automatización, la robótica y la Inteligencia artificial, en los procesos productivos y en casi todos los demás dominios de la vida, que plantean interrogantes ya no solo desde el ámbito del reemplazo laboral de hombres por maquinas sino también de supervivencia de la democracia. Suficiente evidencia aportan las manipulaciones a los procesos electorales y la politica en varios de estos procesos -vaya sorpresa- en los mismos países en los que se ha hecho del poder político la ultraderecha.

Con respecto a la dimensión laboral, en mercados desregulados, lo hemos dicho antes, reiteramos ahora, la fuerza de trabajo, si no es reconvertida, pasa directamente a engrosar las cifras de cesantía y a fortalecer la precarización laboral, incrementando el componente desigual de la estructura social, esa misma que está en la base de la revuelta social de 2019, que algunos criminalizan, otros se alejan, pero que sigue erosionando nuestra convivencia sin que las demandas más visibles y conocidas por todos sean canalizadas por la política Institucional y finalmente se resuelvan, que es lo que corresponde exigirle a la política.

Con todos estos procesos en curso, la impugnación que habría que hacerle a los jóvenes es por qué razón no participan más de la política, cuando en la superación de estos agudos problemas y desafíos residen las condiciones materiales en las que transcurrirá su propia vida futura.

Antes de ir cerrando, es de esperar que ninguna o ninguno de los líderes de la izquierda y el progresismo que surja como opción presidencial, se “compre” esta visión ilustrada, pero arrogante, de los procesos políticos y sociales sobre la cual el rector Carlos Peña sustenta sus opiniones y que prometen hacernos girar sobre el mismo estado actual de cosas.

Por el contrario, para superar positivamente esta etapa calificada de “suma cero” por varios analistas, será necesario la más amplia unidad social y politica que haga avanzar a Chile por la senda de los derechos políticos y civiles, sociales, económicos y reproductivos.

Una vez los chilenos y chilenas podamos tener garantizados nuestros derechos básicos esenciales para una vida digna y plena, entonces con la cancha emparejada y al alero de un régimen democrático con contenido social, político y económico, la sociedad que surja de esta etapa tendrá que resolver democráticamente, sin los miedos de la dictadura y sin los miedos a la vejez, a quedar cesante o a enfermar, cuál modelo de sociedad responde mejor a los desafíos presentes y futuros. En ese intertanto, los socialistas seguiremos luchando por superar democráticamente al capitalismo.

Para El Maipo, Carlos Cerpa Miranda, *Ex concejal y ex director laboral Banco del Estado. Colaborador de El Maipo.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

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