Domingo, Junio 21, 2026

Intereses de Teherán prevalecen en el acuerdo Irán-EE.UU. Por Mladen Yopo

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Tras el acuerdo (“Memorando de Entendimiento de Islamabad”) de 14 puntos firmado entre Estados Unidos e Irán para poner fin al conflicto bélico iniciado a principios de 2026, hoy se ha levantado una lucha por la construcción y anclaje de su narrativa (como se cuenta el hecho). Así, el gobierno iraní ha presentado el resultado como una victoria estratégica, argumentando que Washington se vio obligado a aceptar un acuerdo después de no alcanzar sus objetivos máximos y estar sufriendo un desgaste interno e internacional por el conflicto y sus efectos en la vida de civiles, normas internacionales y precios de combustibles y alimentos. EE.UU., por su parte, dice que evitó una guerra más amplia, garantizó la libre navegación por Ormuz, obtuvo compromisos nucleares iraníes y logró un acuerdo sin una invasión terrestre.

Pero detrás de estas dos caras de la moneda, están los meros hechos. Estos, en primer lugar, estos señalan que el régimen iraní sobrevivió a ataques masivos de EE.UU. e Israel. Históricamente, una de las metas implícitas (maximalista en esencia) de Washington y Tel Aviv era debilitar gravemente al régimen en la perspectiva de provocar la caída de la República Islámica. Sin embargo, el gobierno iraní permaneció en el poder, se rearmó tras la muerte de importantes dirigentes, mantuvo el control del Estado y siguió siendo un actor relevante en la región. Es decir, el adversario principal ha seguido gobernando, al parecer, relativamente intacto.

Un segundo argumento es que, mientras el presidente Trump ha repetido (desde junio de 2025) en más de ocho ocasiones que el programa nuclear iraní habías sido destruido, este sigue en pie. Diversos análisis de inteligencia sostienen que, aunque instalaciones y capacidades fueron dañadas, Irán conserva sus capacidades nucleares: conocimientos técnicos, personal especializado y parte de la infraestructura necesaria para reconstruir o reactivar capacidades nucleares en un futuro no muy lejano. Si el objetivo era eliminar permanentemente la posibilidad de una bomba nuclear iraní, los resultados son magros.

Tercero, además de la gran voluntad de resistir (dupla nacionalismo/martirio), Irán demostró gran resiliencia de su industria bélica, demostrando que un Estado mediano con misiles, drones, redes regionales, estrategias asimétricas (ej. saturación) y capacidad de afectar mercados energéticos u otros, puede resistir a una superpotencia y su aliado regional durante un período prolongado. Esta percepción, sin duda, fortalece la imagen de Irán entre actores que desafían la influencia estadounidense (de los poderosos) en la zona y el mundo.

Estrecho de Ormuz. Imagen DEF.

Cuarto, Irán logró mantener capacidad de tutela sobre el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo: transitan 20 millones de barriles diarios, equivalentes al 20% de consumo y un tercio de gas natural licuado comercializado por mar. Durante la crisis, Teherán demostró que aún podía afectar el tráfico marítimo y los mercados energéticos globales, pese a la superioridad militar estadounidense. Para algunos expertos, esto reveló los límites del poder militar convencional frente a estrategias asimétricas.

Quinto, la imagen mundial de EE.UU. e Israel han empeorado. Según una encuesta global del Pew Research Center, las opiniones desfavorables sobre Israel/Netanyahu son mayoritarias en gran parte del mundo (negativismo que ha llegado a EE.UU.). El apoyo estadounidense a Israel en la guerra de Gaza ha tenido un impacto especialmente negativo (fuertes críticas) en el mundo árabe y musulmán, asiático, latinoamericano (Sur Global) y dispar en el mundo desarrollado. Se consideran que Washington no ejerció suficiente presión para limitar las operaciones militares (genocidio) en Gaza y El Líbano o para impulsar una solución política más rápida. Además, el reciente conflicto con Irán reforzó en algunos sectores la percepción de que EE.UU. sigue interviniendo militarmente (poniendo la bota) en la región con grandes costos humanos (ahí está la imagen de la muerte de 168 niñas en la escuela primaria femenina Shajaré Tayebé en Minab). Sin embargo, por el otro, la imagen de Irán ha mejorado entre quienes valoran la resistencia frente a potencias militares superiores a pesar del cuestionamiento al régimen político (el conflicto ha empastelado lo negativo).

Sexto, se percibe que EE.UU. terminó haciendo concesiones más que un compromiso o una rendición iraní. Los críticos argumentan que Washington hizo concesiones importantes (levantamiento de sanciones, desbloqueo de fondos y apoyo económico) sin obtener todavía el desmantelamiento del programa nuclear iraní y de su arsenal misilístico y, menos el cambio de régimen. Por eso algunos comentaristas hablan de una “victoria iraní” o de un acuerdo favorable a Teherán, al quedar varios de los objetivos más ambiciosos planteados al comienzo del conflicto en el limbo.

Séptimo, el actual acuerdo (“Memorando de Entendimiento de Islamabad”) dista mucho del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) firmado por el presidente Obama (14/07/2015) y del cual renegó unilateralmente el presidente Trump (08/05/2018) por considerarlo “horrible y unilateral” (no protegía los intereses de EE.UU. dijo). El actual acuerdo es solo para terminar una guerra y, supuestamente, abrir una negociación posterior. En este Irán recibe beneficios inmediatos como el alivio de sanciones, licencias petroleras, desbloqueo de activos y apoyo económico antes de que exista un acuerdo nuclear definitivo plenamente implementado, mientras los temas de interés de EE.UU., a excepción de la apertura del estrecho de Ormúz, queda para después.

En cambio (PAIC) fue un acuerdo nuclear completo al considerar inspecciones más detalladas, límites nucleares más precisos, respaldo multilateral más amplio y mecanismos de cumplimiento mejor definidos. Este fue firmado EE.UU., Irán, Rusia, China, Francia, Reino Unido, Alemania y la Unión Europea, lo que le otorgaba mayor legitimidad internacional y más mecanismos de presión colectiva. El acuerdo actual es fundamentalmente bilateral entre Washington y Teherán, aunque se espera una futura participación de Naciones Unidas.

Octavo, el conflicto entre EE.UU. e Irán ha producido un reacomodo regional, aunque no una transformación total del equilibrio de poder en Oriente MedioIrán emerge más fuerte a pesar de los daños; se instala como una potencia regional difícil de doblegar. Los países del Golfo (especialmente Saudi Arabia y Emiratos Árabes Unidos) parecen estar recalculando su estrategia de seguridad. Basta decir que un misil iraní sobre una desalinizadora inhabilitaría a los Emiratos Árabes Unidos (un aliado de inteligencia de Israel) en 48 horas. Israel se debilita a pesar de su gran lobby internacional. Por lo mismo, diversos observadores señalan que la confianza absoluta en la protección militar estadounidense se ha debilitado, lo que podría incentivar políticas más autónomas y una mayor búsqueda de equilibrio entre Washington, Teherán, Pekín y otros actores (Arabia Saudita, por ejemplo, está buscando nuevos refugios de seguridad en países como Pakistán, Egipto y Turquía).

EE.UU. entro a una guerra y no solo no logro imponer sus condiciones, sino que sale cuestionado en varios frentes de la misma. Mientras, por el otro lado, la imagen de un país sancionado durante décadas que logra sobrevivir militarmente y negociar desde una posición relativamente fuerte ha generado un impacto simbólico importante.

Muchos expertos consideran que la paz entre EE.UU. e Irán puede ser una condición necesaria para estabilizar Oriente Medio, pero no es suficiente. Los conflictos de Gaza y El Líbano tienen dinámicas propias, ligadas al conflicto palestino-israelí, a Hezbollah, a la seguridad de Israel y a las rivalidades regionales. Por eso, incluso si la tregua entre Washington y Teherán se consolida (cosa a que Israel no colabora), la región seguirá enfrentando importantes riesgos de inestabilidad mientras no se encuentre una solución política más amplia para Palestina/Gaza y para el equilibrio de poder en el Líbano.

*Mladen Yopo, Doctor en Ciencia Política e investigador del Programa de Política Global – Universidad SEK-Chile. Colaborador de elmaipo.cl

El Maipo

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