Lunes, Abril 22, 2024

Incertidumbre, migración y futuro. Por Eduardo Cardoza Olmedo.

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Venimos saliendo de una pandemia de COVID-19 que nos demostró cómo somos de frágiles los humanos (64.000 fallecidos en Chile; 6.350.000 en todo el mundo) ante enfermedades de transmisión masiva que no reconocen fronteras. Sabemos que COVID-19 afecta de manera diferente a las personas según su lugar en la sociedad. América Latina con el 8% de la población mundial tiene el 30% de los muertos por COVID-19 y sólo el 30% de la riqueza generada en la región se reparte entre el 90% de la población, lo que demuestra la desigualdad existente.

La lucha por obtener vacunas y los negociados con ellas nos mostró como las disputas por los intereses económicos de grandes empresas multinacionales no están muy alineados con las necesidades esenciales de las personas y su salud en un contexto crítico de vida o muerte.

Algo similar sucede con los temas medioambientales. Hace ya décadas los científicos alertaron sobre los peligros del calentamiento global y la necesidad de tomar medidas. Como eso afectaba empresas y a una economía basada en la utilización de hidrocarburos surgieron toda serie de discursos en contra. Así llegamos a hoy, en que estamos enfrentados a graves problemas resultantes de la inacción, como es el cambio climático que nos afecta y amenaza el futuro.

Todos estos fenómenos son estresantes para quienes viviendo en este planeta, estando en Chile nos enfrentamos a las consecuencias previsibles y muchas imprevisibles de ese estado de cosas. Vivimos tiempos de incertidumbre en el mundo del cual -más que nunca- somos parte.

En este contexto vivimos otro fenómeno que nos trae personas que no conocemos y vemos diferentes, que provocan diversas reacciones (desde el rechazo a la aceptación), generando más inseguridades que las propias de la época: aquí hablamos de las personas migrantes.

En esta época más que nunca se necesita una información precisa y verificada, lo vimos con el COVID.19 y hoy lo vemos ante muchos fenómenos donde las técnicas de desinformación y su desarrollo en redes sociales tiene afectación al conjunto de la sociedad.

Las técnicas de desinformación aplicadas por medios muy poderosos no contribuyen a que se conozca la realidad; con ese manto y el discurso de odio mal intencionado se debilitan los lazos sociales en general y en particular, presenta la migración falsamente como una amenaza, criminalizándola. Jamás se aborda en su totalidad el fenómeno social migrante con sus claros y obscuros.

Es común escuchar que estamos “llenos de inmigrantes” que son esto o que son aquello. Se les atribuye de forma general características a ciertas nacionalidades, a ciertos rasgos, tono de voz, color de piel, y varias cosas más.

Es un discurso que se repite desde hace casi 30 años, con intensidades diferentes y que son dirigidos a grupos de personas diferentes. Se repite cuando eran pocos y cuando son más. Pero el tema central siempre fue “el exceso” de personas que llegan al país y de la forma que llegan. No hay medida que diga cuál es la cantidad de migrantes para cada país conforme a todas las variables que se le quiera señalar. “El exceso” es una idea tan difusa como imprecisa manejada por el sentido común sin fundamento en la evidencia.

La migración crece en Chile como también creció en el mundo y en la región. No es Chile el país con más migración de la región (considerado como porcentaje de la población), Guayana Francesa tiene un 39,9%, Costa Rica tiene un 10,2%, Surinam tiene un 8,1% de su población con personas que nacieron en otros países. Sin que ello represente una situación crítica que sea noticia mundial. Colombia en particular tiene sólo en personas migrantes venezolanas 1 vez y media toda la migración que reside en Chile y adoptó medidas que hicieron que se diera respuesta a un flujo nacido en un país vecino para darle cauce sin que significara un caos.

En el mundo, el número estimado de migrantes internacionales ha aumentado en las últimas cinco décadas. El total estimado de 281 millones de personas que vivían en un país distinto de su país natal en 2020 es superior en 128 millones a la cifra de 1990 y triplica con creces la de 1970.
Europa y Asia tienen el 61% de las personas migrantes en el mundo, América del Norte 21%, África 9%, América Latina el 5%, Oceanía 3%.-

Volviendo a Chile, lo que podemos ver es que desde la última década del siglo pasado hasta hoy, no se han tomado medidas adecuadas que permitieran a las personas nacionales comprender el fenómeno de los flujos migratorios, dar respuestas a las necesidades de inclusión, visualizar los aportes que hacen al conjunto de la sociedad quienes llegan, y sobre todo tener una política general que permita y fomente la diversidad, la innovación, la resilencia como aporte necesario a la construcción del futuro con todas y todos quienes habitamos este hermoso territorio.

La grandeza de los países no nace del aislacionismo entre sus fronteras, sino en la apertura (no sólo comercial) a un mundo cada vez más interconectado y necesariamente interdependiente, desde la región a lo global.

Esto que representa la soberanía inteligente es lo que permite crecer a los países desde su región al mundo fortaleciendo lazos múltiples, regionales y globales que multiplican su incidencia internacional.
El reciente estudio de CEPAL (2022) sobre las contribuciones de las migraciones al desarrollo sostenible en Chile reporta que las personas migrantes “contribuyen en la formación de la población económicamente activa, supliendo el déficit que resulta del envejecimiento de la población chilena que ya impactan en la dinámica y estructura de la población económicamente activa”.

Así mismo este estudio identifica la contribución de la migración como fuerza de trabajo, en la generación y crecimiento económico del país. De acuerdo con este estudio, esta contribución se ha incrementado sistemáticamente en la última década, alcanzando en 2017 a un 4.3 % del PIB nacional (11.7 millones de dólares).

Adicionalmente en los últimos años también se observa un aumento en la participación de extranjeros como creadores de sociedades, pasando de 3,4% en 2013 a 12,5%en 2021. Este dato constituye una muestra de la “vitalidad emprendedora de las personas extranjeras”, la cual puede jugar un papel importante en la recuperación económica posterior a la pandemia”.

También el estudio de CEPAL visibiliza que las personas migrantes en Chile, especialmente mujeres, tienen una alta participación en labores de limpieza y cuidados de NNA, población adulta mayor y personas enfermas, aportando casi el 50% de la fuerza de trabajo en esta actividad.

Como contracara a estos aportes, este estudio reporta que “mientras los chilenos tienen opciones de incorporarse en sectores de mayor productividad y, por tanto, con mejores opciones salariales y laborales, los inmigrantes, sin importar su origen social y cultural, suelen quedar relegados a esferas de baja productividad” lo que implica un menor aprovechamiento de la fuerza de trabajo.

La migración, constituye un componente cada vez más relevante que da sustentabilidad al desarrollo en Chile, en diferentes ámbitos.

Demográfico: Según la Organización Mundial de la Salud, todos los países del mundo están envejeciendo aceleradamente. Entre el 2000 y 2050, la proporción de personas de 60 y más años se duplicará, pasando del 11% al 22% aumentando así cuatro veces la población de 80 años y más. En tanto, a nivel regional se espera que este proceso se acelere a partir del 2030, cuando el 17% de la población tendrá más de 60 años. Chile no está aislado de estos fenómenos y debe considerarlo desde ya.
Laboral: contribuye a mantener la dinámica del mercado de trabajo, aportando contingentes de mano de obra en sectores estratégicos: tanto en actividades productivas (rubros de exportación) como en servicios sociales y personales estratégicos.

Social: su inserción en esas actividades ocupaciones permitieron enfrentar los riesgos y costos de la pandemia, ofreciendo el trabajo necesario para que gran parte de la población pudiera mantenerse en cuarentenas y confinamientos.

Las encuestas muestran que la percepción de diferentes sectores de la población de la migración como una carga económica para el país, como amenaza a los derechos de los nacionales, como competencia en lo laboral y otras externalidades negativas que no tienen base en la evidencia sino en estereotipos y prejuicios muy estructurados.

Las investigaciones de CEPAL, traen la evidencia y colocan a la migración en su lugar central como colaboración al desarrollo sostenible.

Una buena noticia para el país que se enfrenta a la falta de políticas migratorias adecuadas desde hace muchos años y a la situación de los déficits en vivienda, salud, trabajo decente. No faltaron recursos. Se careció como política de estado de una planificación y distribución de los recursos necesarios, conforme a las necesidades más urgentes de la población. Faltó una perspectiva hacia el futuro con marcado sentido social. Esa era una deuda anterior no causada por la migración.

Ciertamente los medios focalizan mucho en el tema del delito internacional que afecta la seguridad de todas las personas, incluso a migrantes, pero ese fenómeno delictual no es la migración y tiene otro origen, otro desarrollo y otra dañina consecuencia para la sociedad.

La migración aporta a la sociedad, no debe mezclarse. Juntar una situación con otra es como confundir un medicamento con un narcótico, aunque pudieran parecerse, tienen fines diferentes y consecuencias diferentes y opuestas.

El futuro nos exige estar muy atentos a la realidad y evitar engaños. Así construiremos las certezas que nos abran el futuro.

“Quien quiere mentir, engaña, y el que quiere engañar, miente”. Mateo Alemán

Para El Maipo, Eduardo Cardoza, Coordinador del Movimiento de Acción Migrante en Chile, Red Nacional de Migrantes y Promigrantes de Chile.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

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