Martes, Abril 28, 2026

Homenaje a Poli Délano. Por Eduardo Contreras Villablanca

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En la memoria de la narrativa chilena, el nombre de Poli Délano sigue resonando no solo por la amplitud de su obra, sino por algo igualmente perdurable: su vocación de formar escritores.

Nacido en 1936 y fallecido en 2017, Délano fue un autor multifacético, dueño de una narrativa atenta a lo cotidiano, y muy conectada con el devenir de su país, y también el de otras latitudes. Sus cuentos y novelas, escritos entre Chile, México y otros territorios que marcaron su biografía, construyeron un universo reconocible, donde la experiencia del exilio, la ciudad, la música, y la intimidad dialogan con agudeza y humanidad.

Pero junto a esa obra visible —los libros, los premios, las traducciones— existe otra, silenciosa y colectiva: el taller. Durante décadas, primero en México y luego en Chile desde su regreso en 1984, Poli Délano abrió un espacio riguroso donde escribir era un oficio compartido. Allí no se “hacían clases”: se escribía, se leía con atención y se escuchaba la crítica como parte esencial del aprendizaje.

Ese taller —su otra gran obra— no terminó con su partida. Al contrario: ha persistido como una comunidad activa, una herencia en movimiento, hasta el día de hoy. Tras su muerte, los “talleristas” continuaron reuniéndose semana a semana, por nueve años, manteniendo vivo el método, la exigencia y, sobre todo, el espíritu de quien entendía la literatura como práctica constante.

Y esa continuidad no es solo simbólica. El pasado 22 de abril de este año, fecha en que Poli habría cumplido 90 años, integrantes de esa comunidad se reunieron para rendirle un homenaje: no solo recordándolo, sino haciendo lo que mejor aprendieron de él —leer, comentar sobre literatura, intercambiar libros—, como una forma de mantenerlo presente. Ya lo habían hecho el pasado año 2025, en agosto, reuniéndose en El Tabo, para conmemorar los ocho años de su muerte.

Hoy, casi una década después de su fallecimiento, ese legado se expresa con claridad: solo considerando un año hacia atrás, entre abril de 2025 y este 2026, cinco ex talleristas suyos han publicado nuevos libros o han sido incluidos en antologías, destacando que en el caso de tres de ellos —Rubén Torres, Manuel Carrasco y Paloma Sotomayor—, se trata de su primera obra publicada, confirmando que la semilla sembrada por Délano sigue dando frutos.

Hay algo profundamente coherente en todo esto. Un escritor que entendía que la literatura se nutre de la vida compartida, que creía profundamente en lo colectivo, no podía sino apostar por un espacio donde otros también aprendieran a mirar, a escribir, a persistir.

Por eso, recordar a Poli Délano no es solo volver a sus libros (algo que desde luego también conviene mucho hacer). Es reconocer una obra que no se cierra en sí misma, que se prolonga en otras voces, en otros textos, en nuevas publicaciones que —aunque diversas— comparten una misma raíz.

El taller sigue funcionando. Y mientras alguien llegue con un texto bajo el brazo (o lo envíe en formato electrónico), y esté dispuesto a escuchar y a escribir mejor, Poli Délano, de alguna forma, seguirá ahí.

*Eduardo Contreras Villablanca es un escritor chileno de narrativa, principalmente de novela policial y de cuento, además de académico universitario. Su obra literaria abarca novelas, libros de cuento y microficción, y ha sido reconocido en concursos literarios tanto en Chile como en el extranjero.

El Maipo/Le Monde Diplomatique

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