Miércoles, Abril 22, 2026

Farándula y política: la pobreza del debate público en Chile. Por Rossana Carrasco Meza

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Mientras el país enfrenta desafíos estructurales —crisis habitacional, desigualdad persistente, violencia territorial, colapso del sistema de salud— los medios de comunicación tradicionales insisten en ofrecernos titulares dignos de una revista de espectáculos. La noticia destacada no es una propuesta legislativa ni un conflicto social relevante; sino que la pareja del presidente se trasladó a vivir con él o que una exministra, ahora precandidata presidencial, mantiene una relación sentimental con un ministro en ejercicio. En lugar de informar sobre las ideas que se disputan en el espacio público, los medios chilenos optan por distraernos con relaciones personales, chismes de pasillo y escándalos irrelevantes.

Este no es un detalle menor y menos aún en un año electoral. Cuando lo que se juega es la orientación futura del país —quiénes gobiernan, para quienes gobiernan y con qué ideas lo hacen—, el vaciamiento del debate público no solo es una irresponsabilidad, es una forma de violencia simbólica. Al reducir la política al espectáculo, se le quita a la ciudadanía la posibilidad de deliberar con información, de participar con conciencia, de elegir con argumentos. Y cuando eso ocurre, el poder queda donde siempre ha estado: en manos de quienes no necesitan del voto popular para ejercer influencia, porque ya están integrados al núcleo duro del modelo económico y mediático. La pregunta es urgente: ¿cómo se convoca a la ciudadanía a involucrarse en la vida política cuando el debate público ha sido vaciado de contenido? ¿Cómo generar participación si lo que se difunde no son ideas, sino relaciones personales?

Desde la izquierda, este escenario impone una responsabilidad ineludible. No se puede seguir jugando en el terreno que el poder mediático ha definido. En este año electoral —cuando todo discurso tiene consecuencias concretas— necesitamos construir otras plataformas, disputar la narrativa, y reinstalar la política como un ejercicio colectivo que afecta la vida real de las personas.

Es momento de volver a hablar de modelos de desarrollo, de justicia fiscal, de derechos sociales, de democracia profunda. De conectar los grandes temas con la experiencia cotidiana de las mayorías.

No basta con denunciar la superficialidad mediática. Hay que romper el cerco. Hay que salir a conversar, a formar, a escuchar, a construir tejido social y político más amplio. Porque mientras los medios nos distraen con farándula política, los poderes fácticos siguen operando sin contrapeso. Y porque, en definitiva, recuperar el sentido de la política —como herramienta de transformación y no de espectáculo— es una tarea urgente. Especialmente ahora, cuando tenemos la oportunidad de decidir qué tipo de país queremos construir.

Columna publicada por Le Monde Diplomatique el 5 de mayo de 2025.

Por Rossana Carrasco Meza. Cientista Política PUC; Magister en Gestión y Desarrollo Regional y Local de la Universidad de Chile.

Nota: EL contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de sus autores, y no refleja necesariamente la línea editorial de El Maipo

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