Si los demócratas llegan a ganar estas elecciones, el principal impacto interno sería limitar el poder de Trump y su deriva antidemocrática.
Muchos en Estados Unidos y el mundo esperan las elecciones de medio mandato en vista a un giro/limitaciones a las políticas implementadas hasta ahora por el controvertido presidente Donald Trump. Las últimas encuestas muestran una ventaja demócrata en la intención de voto para la Cámara en las elecciones de medio mandato del próximo 03/11, mientras que para el Senado se presentan contiendas más competitivas en varios estados.
Así, por ejemplo, para la Cámara de Representantes que se elige en su totalidad (435), la encuesta Reuters/Ipsos, realizada entre el 22 y el 26 de octubre, registra en favor de los demócratas un 53% frete a un 44% de los republicanos, Morning Consult da 50% a 43%, CBS New 53% a 45%, NY Times Siena 52% a 41%, NPR/PBS Marist 52% a 42%, Fox News 54% a 45%, etc. Entonces, lo más probables es que los demócratas ganen esta Cámara.
En el Senado se elige un tercio de sus integrantes (son 35 porque hay que cubrir las vacantes dejadas por Marco Rubio/Florida y J. D. Vance/Ohio quienes asumieron cargos de gobierno) y el panorama es más complejo. Los demócratas con ventaja necesitan ganar 4 asientos, pero muchos resultados están en el margen de error. Por ejemplo, en Ohio, Sherrod Brown (D) está por delante de Jon Husted (D) 47% a 44%; en Minnesota, Peggy Flanagan (D) aventaja a Michele Tafoya (R) 54% a 40%; en Texas, James Talarico (D) supera a Ken Paxton (R) 50% a 45%; pero en Florida Angie Nixon (D) está detrás de Ashley Moody 50% a 44%; en Michigan, hay un empate técnico entre James Talarico (D) 50% y Mike Rogers (R) 48%; en Carolina de Sur, Annie Andrews (D) 48% y Darline Graham (R) 48; etc.
La disputa por las gobernaciones aparece más equilibrada que la carrera por el Congreso. Una victoria demócrata podría traducirse en avances territoriales, pero el escenario más probable sigue siendo un mapa dividido, con estados republicanos y demócratas defendiendo sus bastiones y unas pocas carreras decidiendo el balance final (Ohio, Wisconsin, Georgia, Iowa y Michigan, entre otro), escenario que podría equilibrases en 25 gobernadores por lado.
La economía es la preocupación principal de los votantes y, por lo mismo, los demócratas buscan convertir el costo de vida (gasolina especialmente) y la preocupación institucional (deterioro de la democracia) en un voto contra Trump: de acuerdo Ipso-Reuter solo un 32% aprueba la gestión presidencial y un 73% considera que el costo de vida va en dirección equivocada. Los republicanos, por su parte, intentan sostener su ventaja en inmigración, seguridad, orden y, sobre todo, a través del miedo (han acusado a demócratas progresista/socialistas de yihadistas, comunistas, permisivos, promover políticas extremas) La política exterior puede influir, pero tiene menos peso que la economía y la salud a excepción de la guerra de Irán y el genocidio palestino.
Al final, las encuestas reflejan una elección marcada por la evaluación económica de la administración Trump, el costo de vida, el deterioro institucional y la movilización electoral. La intención de voto nacional favorece a los demócratas, pero no permite deducir automáticamente quién controlará el Senado, porque sus resultados dependen de las contiendas estatales y de la distribución de escaños.
Si los demócratas llegan a ganar estas elecciones, el principal impacto interno sería limitar el poder de Trump y su deriva antidemocrática (“No ha mostrado interés en utilizar el enorme poder de su cargo para ayudar a alguien más que a sí mismo y a sus amigos”, Barak Obama). Al controlar la Cámara de Representantes, por ejemplo, podrán impulsar investigaciones sobre su administración (ej. enriquecimiento ilícito de él y otros magnates, ordenes ejecutivas, arbitrariedades represivas de ICE), exigir transparencia mediante citaciones y bloquear iniciativas republicanas. Si además conquistan el Senado, tendrán mayor capacidad para frenar nombramientos judiciales y negociar el presupuesto. A pesar de este posible reequilibrio de poder, Trump conserva capacidad de veto y amplias facultades ejecutivas, por lo que difícilmente los demócratas podrán imponer una agenda legislativa propia (la cual también está en discusión a partir de la correlación de fuerza interna entre los progresistas y conservadores). El resultado probable sería, entonces, una mayor polarización, disputas presupuestarias y posibles amenazas de paralización del gobierno, en medio de la preparación del escenario presidencial de 2028
En términos de las expectativas mundiales, estas elecciones de medio mandato tendrán un impacto importante en la política exterior de Trump, especialmente si los demócratas recuperan una o ambas cámaras del Congreso. No significarían necesariamente un giro inmediato de 180°, pero sí podrían modificar los márgenes de acción de Washington (limitación o una agudización, incluso si gana o pierdan los republicanos/Trump).
Si los demócratas controlan el Congreso, es claro que pondrán mayor control/fiscalización de la política exterior y del uso de la fuerza, al impulsar audiencias y explicaciones sobre la guerra con Irán y presionar para que la administración obtenga autorización legislativa (aunque les será más difícil limitar las operaciones militares al conservar Trump atribuciones ejecutivas). Un Congreso demócrata podría promover nuevas ayudas a Ucrania y cuestionar el levantamiento de sanciones a Rusia; aumentar la presión para revisar la ayuda militar a Israel por el genocidio en Gaza y al hostigamiento de la población palestinas en Cisjordania y por la guerra con Irán; con China podrían cuestionar los costos de la política arancelaria y buscar limitar algunas medidas; podrían resistir el aumento del gasto militar y buscar recuperar fondos para cooperación y asistencia exterior (volver al multilateralismo), etc.
En el caso de América Latina, si gana los demócratas se abre una etapa de mayor incertidumbre al haber disputa sobre la continuidad de la “política de la cañonera” y transaccional, especialmente si se intensifican las disputas internas sobre Venezuela, Cuba, migración y seguridad regional. Habría más debate sobre la militarización y cooperación de seguridad, y posibles cambios en la cooperación económica y diplomática, aunque no necesariamente una modificación inmediata de las relaciones bilaterales.
Sin embargo, y como lo constata un análisis de Chatham House (27/10), tras una derrota electoral Trump podría endurecer su política exterior en lugar de moderarla, tomando como antecedente la escalada de George W. Bush en Irak después de perder las elecciones legislativas de 2006. Es decir, una derrota electoral no siempre conduce a moderación y podrían implicar una escalada de los conflictos existentes, intensificando operaciones militares, aumentar la presión sobre Irán o adoptar medidas más agresivas en escenarios donde considere que puede actuar sin enfrentar una respuesta inmediata de otros poderes.
También podría abrir nuevos conflictos en la región, teniendo presente que una confrontación internacional puede permitirle recuperar centralidad política, construir una imagen de liderazgo y desplazar el debate desde la economía, las investigaciones parlamentarias o los cuestionamientos a su gobierno. Por ejemplo, podrían proyectar mayor poder militar en la región (incluyendo Cuba), bajo argumentos de combate al narcotráfico y control migratorio, buscando escenarios donde estime que el costo político y militar sea menor que frente a China o Rusia. Podría intensificar medidas comerciales contra países que no acepten sus exigencias, presentándolas como defensa de los trabajadores estadounidenses.
Es posible afirmar, entonces, que paradojalmente Trump puede responder a una derrota legislativa con mayor unilateralismo y presión internacional, e incluso con una escalada en conflictos existentes como el de Irán, especialmente si interpreta la derrota como un intento de debilitarlo políticamente (reafirma su autoridad mediante una política exterior más agresiva). En el caso que los republicanos mantengan ambas cámaras, Trump tendría mayor respaldo legislativo para continuar y profundizar su agenda exterior y de defensa (mayor unilateralismo, diplomacia coercitiva, etc.) más allá de los costos políticos y económicos (puede acelerar su debilitamiento).
En todo caso, la esperanza del mundo y de los países no alineados con Washington de la región, es que los demócratas logren ponerle límites a un liderazgo unilateral, confrontacional, populista y transaccional tras las elecciones de medio mandato.
*Mladen Yopo, Doctor en Ciencia Política e investigador del Programa de Política Global – Universidad SEK-Chile. Colaborador de elmaipo.cl
El Maipo



