El presidente brasileño recibió durante 40 minutos al actor y activista ambiental en Brasilia. La reunión puso sobre la mesa la defensa de los pueblos indígenas y los avances contra la deforestación, en paralelo a una nueva estrategia brasileña para controlar y agregar valor a sus minerales críticos.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, recibió este miércoles en Brasilia al actor y activista ambiental Leonardo DiCaprio, en una reunión centrada en la protección de la Amazonía, los derechos de los pueblos indígenas y las políticas ambientales impulsadas por el Gobierno brasileño.
El encuentro se desarrolló en el Palacio del Planalto y se extendió durante aproximadamente 40 minutos. Durante la conversación, Lula expuso algunas de las medidas adoptadas por su administración para reducir la deforestación y avanzar en la creación y protección de territorios destinados a pueblos originarios.
DiCaprio, quien mantiene desde hace años una activa participación en iniciativas de protección ambiental, recordó además su vínculo con la Amazonía. El actor visitó hace 25 años la región del Xingú, donde conoció al líder indígena Raoni Metuktire, una de las figuras históricas de la defensa de los pueblos originarios y de la selva.
El activista también abordó el trabajo desarrollado por su organización en conjunto con iniciativas destinadas a proteger la Amazonía y los territorios indígenas.
La defensa de los bosques y el rol de las comunidades indígenas
La reunión ocurrió en un momento en que Brasil intenta reforzar su posición internacional en materia ambiental y reivindicar la importancia de conservar la Amazonía.
En la cita también participaron la primera dama Janja Lula da Silva, el ministro de Pueblos Indígenas, Eloy Terena, y el ministro de Medio Ambiente, João Paulo Capobianco.
Uno de los mecanismos mencionados durante el encuentro fue el Fondo Bosques Tropicales para Siempre, una iniciativa que busca generar recursos para países que mantengan sus bosques en pie y, al mismo tiempo, ofrecer retornos a quienes inviertan en el mecanismo.
La discusión sobre financiamiento adquiere especial relevancia para Brasil debido al enorme peso de la Amazonía en las políticas internacionales contra el cambio climático.
Pero mientras Lula busca proyectar una agenda de protección ambiental, otro desafío comienza a ganar espacio en la política económica brasileña: la disputa por los minerales críticos.
Brasil busca mayor control sobre sus tierras raras
En paralelo al encuentro entre Lula y DiCaprio, el Congreso brasileño aprobó un proyecto que amplía las atribuciones del Ejecutivo sobre el sector de las tierras raras y establece incentivos para que las empresas procesen estos minerales dentro del país.
Brasil posee las segundas mayores reservas conocidas de tierras raras del mundo, detrás de China, aunque todavía enfrenta importantes limitaciones tecnológicas para extraer y procesar estos materiales a gran escala.
El objetivo declarado por sectores del Congreso es evitar que el país se limite a exportar minerales sin procesarlos y avanzar hacia una industria capaz de generar productos de mayor valor agregado.
El senador Eduardo Braga, relator del proyecto, reconoció precisamente esa dificultad al señalar que Brasil necesita desarrollar tecnología y establecer asociaciones que permitan transferir capacidades al país.
Las tierras raras son utilizadas en diversas industrias estratégicas, entre ellas la fabricación de motores eléctricos, turbinas eólicas, componentes electrónicos y equipamiento militar.
Su importancia económica y geopolítica ha aumentado en medio de la competencia tecnológica entre grandes potencias y de la búsqueda de nuevas cadenas de suministro para reducir la dependencia de determinados mercados.
El desafío de no repetir un modelo basado en materias primas
La apuesta brasileña tiene una dimensión que va más allá de la minería.
El proyecto establece mecanismos para que el Estado tenga mayor capacidad de intervención sobre empresas vinculadas al sector y contempla incentivos tributarios según el nivel de procesamiento realizado dentro del país.
La intención expresada por sus impulsores es que Brasil no se convierta nuevamente en un simple exportador de materias primas, sino que pueda transformar sus recursos naturales en productos con mayor valor agregado.
El diputado Arnaldo Jardim defendió justamente esa estrategia al plantear que los minerales críticos deben ser procesados y transformados dentro de Brasil.
Sin embargo, el desarrollo de esta industria también plantea interrogantes ambientales, especialmente en un país donde la expansión de las actividades extractivas y la protección de ecosistemas y territorios indígenas suelen encontrarse en el centro del debate.
Amazonía y minerales críticos: una tensión que Brasil deberá resolver
El encuentro entre Lula y DiCaprio deja así una fotografía de dos de los grandes desafíos que enfrenta Brasil.
Por una parte, la necesidad de proteger la Amazonía, reducir la deforestación y garantizar los derechos de los pueblos indígenas. Por otra, el interés por aprovechar la enorme riqueza mineral del país y posicionarse en un mercado estratégico para la transición energética y la competencia tecnológica internacional.
A esto se suma la creciente presión de empresas y gobiernos extranjeros interesados en acceder a estos recursos.
En abril, la empresa brasileña Serra Verde, dedicada a la extracción de tierras raras, pasó a manos de la estadounidense USA Rare Earth mediante una operación cercana a los US$2.800 millones, acuerdo que fue cuestionado durante la discusión parlamentaria.
El desafío para el Gobierno brasileño será, por tanto, determinar hasta dónde puede avanzar la explotación de sus recursos naturales sin repetir un modelo extractivo que termine trasladando los costos ambientales a los territorios y comunidades.
Mientras Lula y DiCaprio conversaban sobre la protección de la Amazonía y los pueblos indígenas, el Congreso avanzaba en una legislación que puede convertir a Brasil en un actor todavía más relevante en la disputa mundial por los minerales estratégicos. Ambas agendas, lejos de estar separadas, podrían terminar definiendo buena parte de la política ambiental y económica brasileña durante los próximos años.
El Maipo




