El Metrotren no es la varita mágica. Por Fernando San Martín.

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Al igual que miles de vecinos y vecinas de las provincias de Talagante y Melipilla, tengo muchísimas expectativas con la llegada del Metrotren Santiago-Melipilla. Nuevo servicio de transporte público que acortará significativamente los tiempos de desplazamiento de quienes viajan a diario al Gran Santiago por razones laborales, trámites, estudios, comercio u ocio.

Sin embargo, es necesario señalar con claridad que el Metrotren no resolverá todos los problemas de conectividad que arrastra desde hace décadas la zona surponiente. La movilidad de nuestro territorio depende de múltiples factores: el Metrotren es una solución importante, pero no una solución total.

El costo para el usuario

El primer desafío es el económico. El Metrotren no puede traducirse en un encarecimiento de la vida cotidiana para nuestros vecinos. Hasta ahora, no existe ninguna respuesta concreta respecto a la integración tarifaria entre los distintos medios de transporte que los usuarios deben combinar. Un ejemplo ilustrativo es la comuna de Peñaflor: una persona que vive en el centro de la comuna deberá pagar un pasaje para llegar a la estación Malloco, luego el valor del Metrotren y, finalmente, el Metro de Santiago. Este mismo ejercicio, con variaciones en los montos, se repite en todas las comunas de la provincia.

La incertidumbre tarifaria es una deuda pendiente que podría golpear directamente el bolsillo de cada usuario.

La modernización del transporte que aún falta

En segundo lugar, la llegada del Metrotren no implicará el abandono de los microbuses. Destinos laborales y educativos como San Bernardo, Maipú y Cerrillos, junto con el transporte interprovincial, hacen indispensable una profunda modernización de la flota, y ello por dos razones fundamentales.

Por una parte, la conflictiva relación entre los pasajeros, particularmente el estudiantado con los conductores de microbuses se agudiza día a día. Entre otros factores, nuestro precario sistema de transporte sigue exigiendo el pago en efectivo, algo que ya fue superado hace años en las comunas dentro del anillo de Américo Vespucio. En la provincia, lamentablemente, aún seguimos “contando las monedas”.

Por otra parte, persisten líneas donde los conductores reciben incentivos ligados al boleto cortado, una práctica que distorsiona el servicio y afecta tanto la puntualidad como la seguridad.

La modernización de la flota debe incorporar sistemas de pago digital, lo que además permitirá transparentar y regularizar los horarios y salarios de los conductores, mejorando las condiciones laborales y la calidad del servicio para todos.

Independencia energética: una urgencia postergada

Nuestros vecinos y vecinas han experimentado en carne propia lo que significa depender del precio internacional de los combustibles. En un contexto global marcado por conflictos y acuerdos frágiles, las alzas récord de la bencina, el petróleo, el gas y la parafina afectaron duramente los presupuestos familiares.

Si bien el mecanismo de estabilización de la administración anterior permitió contener el alza de los pasajes, no debemos engañarnos: subsidiar indefinidamente el transporte no es viable ni administrativa ni económicamente. Como país, debemos avanzar con urgencia hacia la independencia progresiva de los combustibles fósiles, lo que implica incorporar la electromovilidad en la flota de transporte público.

Un avance que, hasta ahora, no ha logrado cruzar Américo Vespucio, señal elocuente de que seguimos siendo la periferia del Gran Santiago.

El desafío de fondo: dejar de ser comunas dormitorio

Cabe preguntarse entonces: ¿las mejoras en transporte mejorarán la calidad de vida de quienes habitamos este territorio? Sin duda que sí, pero solo en una proporción menor a lo que nuestras comunidades realmente necesitan.

Durante décadas, nuestras comunas han sido condenadas a funcionar como “comunas dormitorio”. Convertirse en polos de desarrollo no ha sido, para quienes han ejercido el gobierno regional —desde la figura del antiguo Intendente hasta el actual Gobernador— una prioridad real. Planes reguladores obsoletos y procesos de planificación territorial con escasa participación ciudadana han profundizado la brecha de desigualdad entre los territorios y quienes los habitamos.

El desarrollo productivo debe ser nuestra obsesión colectiva: transformarnos en un destino atractivo para la inversión pública y privada en industria, agroindustria, servicios y educación técnico-profesional de calidad. De lo contrario, seguiremos levantándonos a las cinco de la mañana y volviendo a casa a las ocho de la noche, jornadas extenuantes que deterioran la salud, debilitan a las familias, afectan la seguridad y erosionan el tejido comunitario.

El Metrotren y las mejoras en transporte representan una gran oportunidad para nuestra provincia. Pero nuestra calidad de vida no dependerá únicamente de eso: es el resultado de múltiples variables que solo podremos abordar con participación informada, voluntad colectiva y la convicción de construir juntos un territorio más justo y más digno para todos.

*Fernando San Martín, TENS Salud y Concejal de la Municipalidad de Peñaflor, para elmaipo.cl  

El Maipo

Nota: El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de sus autores, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

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