El hallazgo, realizado en la antigua ciudad maya de Caracol, incluye una máscara de jade, cerámicas y joyas de más de 1.700 años de antigüedad. Los investigadores creen con un 99,9 % de certeza que los restos pertenecen a Te K’ab Chaak, el monarca que fundó la dinastía de la ciudad.
En lo profundo de las densas selvas de Belice, los arqueólogos que excavan la antigua ciudad maya de Caracol han desenterrado lo que creen que es la tumba de un gobernante de hace 1.700 años. Si se confirma, el hallazgo marcaría el entierro real más antiguo conocido del sitio y, posiblemente, el lugar de descanso de su rey fundador, Te K’ab Chaak.
“Este es un descubrimiento extremadamente importante. Es muy raro encontrar el entierro de un rey maya conocido, y mucho más el de un fundador de una dinastía”, sostiene Francisco Estrada-Belli, arqueólogo de la Universidad de Tulane y Explorador de National Geographic, que no participó en la investigación.
El descubrimiento fue anunciado el 10 de julio de 2025 por la Universidad de Houston y fue realizado por Diane y Arlen Chase, dos arqueólogos casados que llevan casi cuatro décadas desvelando los secretos de Caracol. Los investigadores afirman que la tumba, junto con otros hallazgos en el yacimiento, podría ofrecer pruebas de que los vínculos entre los mayas y la lejana metrópolis de Teotihuacan comenzaron antes de lo que se pensaba. Informó Nicholas St. Fleuren en un amplio reportaje en la revista National Geographic.
Una cámara intacta cubierta de cinabrio
Arlen Chase y su equipo encontraron la tumba a principios de 2025 mientras excavaban en la acrópolis noreste del yacimiento, el complejo palaciego de la ciudad. Al reabrir una zanja de excavación de 1993, el equipo se topó con una gran cámara intacta cuyas paredes estaban recubiertas de cinabrio, un mineral de color rojo intenso.
Encontrar tumbas en Caracol no es inusual —el sitio acumula más de 850 entierros y unas 175 tumbas—, pero este hallazgo destaca sobre todos los demás. “Lo que es inusual es el contenido de esta cámara”, afirma Arlen Chase. El gran tamaño de la tumba, de aproximadamente dos metros de altura y cuatro de longitud, “nos indica que se trataba de alguien importante”, añade.
En el interior, los arqueólogos hallaron los restos óseos de un hombre de edad avanzada —su mandíbula mostraba signos de reabsorción dental— junto con un impresionante conjunto de artefactos: una máscara mortuoria de mosaico de jade y concha destrozada en más de cien piezas, tres conjuntos de adornos de jade para las orejas, cuatro cuentas de jade con caras de monos araña, cerámica decorativa con motivos animales y la imagen de un gobernante portando una lanza, y un cráneo boca abajo dentro de un recipiente de cerámica.
¿Quién era el ocupante de la tumba?
“Todo en él apunta a que era un gobernante”, asegura Diane Chase. Los textos jeroglíficos hallados en otras partes de Caracol mencionan a Te K’ab Chaak como el fundador de la dinastía que gobernó la ciudad durante más de 460 años, con un reinado iniciado alrededor del año 331 d. C. La tumba fue datada entre los años 330 y 350 d. C., basándose en el tipo de cerámica del periodo Clásico Temprano encontrada en su interior y en la datación por radiocarbono de un entierro por cremación cercano excavado en 2010.
Ambos investigadores aseguran estar “99,9 % seguros” de que la tumba pertenece a Te K’ab Chaak, aunque reconocen que la ausencia de inscripciones que nombren al ocupante mantiene la identificación en el terreno de la hipótesis. Stephen Houston, arqueólogo de la Universidad de Brown, considera el hallazgo intrigante y coincide en que se trata de un personaje de la realeza, pero pide pruebas más contundentes: “Quizás, en algún momento, aparezca un texto jeroglífico que confirme la identidad del difunto”.
Conexiones con Teotihuacan: ¿más antiguas de lo que se creía?
El descubrimiento también reabre el debate sobre las relaciones entre los mayas y Teotihuacan, la gran metrópolis del centro de México que no es ni maya ni azteca. Se sabe que en el año 378 d. C. tuvo lugar un golpe de Estado o incursión militar teotihuacana en la ciudad maya de Tikal, conocida como la “entrada”, momento en que muchos arqueólogos sitúan el inicio de la influencia de Teotihuacan en la cultura maya.
Diane y Arlen Chase sostienen que sus hallazgos demuestran contacto entre ambas civilizaciones al menos 28 años antes, hacia el año 350 d. C. Como evidencia señalan la cremación encontrada en Caracol datada entre 330 y 350 d. C.: las cremaciones eran comunes entre las élites de Teotihuacan, mientras que los mayas acostumbraban a enterrar a sus muertos. También encontraron hojas de obsidiana verde en el lugar, material que probablemente procedía del norte de Teotihuacan.
Sin embargo, no todos los expertos comparten esta lectura. “No estoy segura de qué elemento concreto de este yacimiento lo vincula con Teotihuacan. Gran parte de esto no es realmente falsificable, son impresiones sobre asociaciones”, señala Anabel Ford, arqueóloga de la Universidad de California en Santa Bárbara.
Próximos pasos: ADN antiguo y análisis de isótopos
Los investigadores aún no han publicado sus hallazgos en una revista científica revisada por pares, aunque tienen previsto presentarlos en agosto en la conferencia del Grupo de Trabajo Maya del Instituto Santa Fe, en Nuevo México. Diane Chase justificó la difusión anticipada por la envergadura del descubrimiento: “El hallazgo fue tan espectacular que sentimos que teníamos que darlo a conocer de alguna manera”.
Los próximos pasos incluyen la extracción de ADN antiguo de los huesos y la realización de análisis de isótopos en los restos. Estas pruebas podrían revelar información sobre la dieta del individuo y si vivió la mayor parte de su vida en Caracol o se desplazó con frecuencia, datos clave para confirmar definitivamente si el hombre enterrado en la tumba es realmente Te K’ab Chaak.
El Maipo
Imagen central: Fotografía de Caracol Archaeological Project, University of Houston. Caana, que significa “palacio del cielo” en maya, es la estructura más grande de Caracol, Belice, y se eleva más de 42 metros sobre la selva. Los investigadores encontraron recientemente una tumba bajo el dosel en una acrópolis situada justo a la derecha de Caana.




