Viernes, Mayo 15, 2026

China y el desafío del desarrollo con empleo: Tecnología, bienestar y el debate por la democracia del siglo XXI. Por Aldo Siri Frites

Compartir:

Durante años, gran parte del debate occidental sobre automatización, transformación digital e inteligencia artificial ha estado dominado por un temor recurrente: que la tecnología destruya masivamente el empleo y profundice la desigualdad. Sin embargo, la experiencia de China muestra un camino distinto —complejo, discutible y lleno de contradicciones—, pero imposible de ignorar. En apenas una generación, el país pasó de ser una economía rural y empobrecida a convertirse en la principal potencia industrial del planeta, mientras cientos de millones de personas salían de la pobreza y aumentaban radicalmente su calidad de vida.

Según el Banco Mundial, desde las reformas iniciadas en 1978 China mantuvo durante décadas un crecimiento promedio superior al 9% anual, sacando de la pobreza extrema a cerca de 800 millones de personas (worldbank.org). El propio organismo calificó este proceso como “una de las mayores historias de reducción de pobreza de la humanidad”.

Las cifras son históricas:

  • Más de 770 millones de personas salieron de la pobreza extrema;
  • China explicó cerca de tres cuartas partes de la reducción mundial de pobreza en 40 años;
  • La esperanza de vida pasó de alrededor de 66 años en 1978 a más de 78 años actualmente;
  • La urbanización aumentó desde menos del 20% a más del 65%; y
  • El ingreso per cápita pasó de menos de USD 200 anuales a más de USD 12.000.

Paralelamente, el país construyó la red ferroviaria de alta velocidad más extensa del planeta, lideró el desarrollo de infraestructura moderna, energías renovables, manufactura avanzada y digitalización masiva. Millones de personas accedieron a vivienda urbana, salud, educación superior, transporte moderno, conectividad digital y una creciente clase media.

Pero quizás el dato más relevante es otro: este desarrollo no ocurrió destruyendo el empleo, sino transformándolo.

INDUSTRIALIZACIÓN, MARXISMO Y CAPITALISMO DE ESTADO

Desde una perspectiva marxista clásica, China representa un fenómeno singular. Karl Marx sostenía que el socialismo requería previamente un enorme desarrollo de las fuerzas productivas, normalmente impulsado por la industrialización capitalista. Bajo esa lógica, no podía existir una sociedad avanzada sin una poderosa base industrial y tecnológica previa.

La trayectoria china parece haber seguido parcialmente esa secuencia histórica:

  1. Revolución agraria y planificación estatal;
  2. Industrialización acelerada;
  3. Apertura controlada al mercado y al capital;
  4. Desarrollo tecnológico y financiero;
  5. Urbanización e infraestructura masiva;
  6. Consolidación de un capitalismo de Estado; y
  7. Una declarada aspiración hacia una “prosperidad común”.

Lejos de eliminar completamente el mercado, China lo utilizó como herramienta de desarrollo nacional. El resultado fue una economía híbrida:

  • Empresas públicas estratégicas,
  • Empresas privadas altamente competitivas, y
  • Compañías mixtas entre estado y capital privado.

Sectores clave como energía, banca, telecomunicaciones, transporte e infraestructura continúan bajo fuerte control estatal, mientras gigantes privados tecnológicos como Alibaba Group, Tencent o BYD —cotizan en bolsa— operan dentro de planes nacionales de desarrollo industrial y tecnológico, con alta regulación.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y EMPLEO: ¿UN CAMINO DISTINTO?

Mientras en gran parte de Occidente la inteligencia artificial suele asociarse principalmente a reducción de costos laborales, China parece intentar otra estrategia: usar automatización e IA para aumentar productividad, sofisticación industrial y competitividad global, sin abandonar completamente la centralidad del empleo y la estabilidad social.

El país lidera actualmente inversiones en:

  • Inteligencia artificial,
  • Robótica avanzada,
  • Automatización industrial,
  • Vehículos eléctricos,
  • Energías limpias, y
  • Manufactura inteligente.

Reuters informó recientemente que China está invirtiendo decenas de miles de millones de dólares en robótica humanoide e inteligencia artificial aplicada a manufactura (reuters.com).

Pero el elemento más interesante no es sólo tecnológico, sino político y social. El debate sobre automatización involucra simultáneamente:

  • Al Estado,
  • Gobiernos regionales,
  • Universidades,
  • Empresas públicas,
  • Empresas privadas,
  • Trabajadores, y
  • Sindicatos.

Incluso tribunales chinos han señalado que despedir trabajadores exclusivamente para reemplazarlos por IA podría considerarse ilegal en ciertos contextos (reuters.com).

En paralelo, el país impulsa programas masivos de:

  • Formación técnica,
  • Reconversión laboral,
  • Educación STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas),
  • Capacitación digital, y
  • Expansión universitaria.

La lógica parece clara: la inteligencia artificial no debe destruir la capacidad productiva humana, sino ampliarla.

EL PACTO SOCIAL DEL DESARROLLO

Otro elemento central del modelo chino ha sido la existencia —explícita o implícita— de un pacto nacional de desarrollo.

En China:

  • El Estado planifica,
  • Las empresas producen,
  • Los empresarios invierten,
  • Los trabajadores participan del crecimiento,
  • Y los sindicatos funcionan principalmente como mecanismos de coordinación productiva y estabilidad social.

Este modelo tiene críticas legítimas desde perspectivas liberales occidentales: limitaciones al pluralismo político, restricciones a libertades civiles y fuerte centralización del poder. Pero incluso muchos críticos reconocen que China logró algo extremadamente raro en la historia contemporánea: combinar industrialización masiva, crecimiento sostenido y reducción gigantesca de pobreza.

La clave quizás no fue únicamente económica, sino también cultural y estratégica:

  • Planificación de largo plazo,
  • Prioridad nacional al desarrollo,
  • Inversión masiva en infraestructura,
  • Subordinación relativa de la especulación financiera a la economía productiva, y
  • Una fuerte continuidad de políticas públicas.

Mientras gran parte de Occidente desindustrializaba sus economías, China convirtió la producción, la ingeniería y la tecnología en pilares de prestigio nacional.

DEMOCRACIA OCCIDENTAL VERSUS MODELO CHINO: EL DEBATE INCÓMODO

Todo esto abre inevitablemente una discusión incómoda para el mundo occidental: ¿qué relación existe realmente entre democracia liberal, crecimiento económico y bienestar social?

Las democracias occidentales modernas surgieron defendiendo libertades individuales, pluralismo político y elecciones competitivas. Sin embargo, muchas enfrentan actualmente:

  • Creciente desigualdad,
  • Precarización laboral,
  • Desindustrialización,
  • Concentración de riqueza,
  • Crisis de representación,
  • Endurecimiento neoliberal (recorte de beneficios sociales, reducción de impuestos corporativos, etc.),
  • Deterioro de servicios públicos, y
  • Dificultades persistentes para reducir pobreza estructural.

En contraste, China mantiene un sistema político encabezado por el Partido Comunista de China, con fuertes limitaciones al pluralismo político liberal según estándares occidentales. Pero al mismo tiempo exhibe:

  • Reducción histórica de pobreza,
  • Crecimiento sostenido,
  • Ampliación masiva de infraestructura,
  • Fuerte capacidad estatal, y
  • Aumento generalizado de estándares de vida.

El contraste obliga a reflexionar más allá de simplificaciones ideológicas.

Tal vez las formas políticas no puedan analizarse completamente fuera de su contexto histórico y cultural. China posee una tradición milenaria de centralización estatal, administración burocrática y fuerte valoración de la estabilidad colectiva. Su identidad nacional fue moldeada por siglos de civilización imperial, guerras, invasiones coloniales y revoluciones. Para muchos ciudadanos chinos, el orden, el desarrollo y la cohesión nacional pueden tener un valor político tan importante como la competencia electoral.

Occidente, en cambio, construyó buena parte de su identidad moderna sobre el individualismo liberal, la alternancia de poder y la libertad política como principios centrales. Son trayectorias históricas profundamente distintas.

La pregunta entonces no es necesariamente cuál modelo es “superior” en términos absolutos, sino qué resultados concretos produce para la vida de las personas.

Porque mientras algunas democracias occidentales garantizan amplias libertades políticas pero mantienen altos niveles de desigualdad y exclusión social, China muestra que un sistema no liberal puede, al menos en términos materiales, elevar radicalmente las condiciones de vida de cientos de millones de personas.

Ese contraste probablemente será uno de los grandes debates políticos e intelectuales del siglo XXI: si la legitimidad de un sistema depende únicamente de la democracia electoral formal, o también —y quizás sobre todo— de su capacidad efectiva para mejorar la vida de la mayoría de su población.

Para El Maipo, Aldo Siri Frites, Psicólogo, Lic. En Psicología, Mg. en Innovación, Gerente de Personas/RRHH, profesor MBA Industria Minera UCH, Mg. Personas y Organización UAH, Consultor de Empresas, especializado en Industria Minera, Habilidades Directivas, Desarrollo Humano y Negociación.

Nota: El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de sus autores, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

REFERENCIAS Y FUENTES CONSULTADAS

  1. Banco Mundial (World Bank). “Four Decades of Poverty Reduction in China: Drivers, Insights for the World, and the Way Ahead”. Autores principales: Martin Raiser y equipo del Banco Mundial y el Development Research Center of the State Council of China. Publicado por: World Bank Group Washington D.C., Estados Unidos, 2022. Informe conjunto sobre reducción de pobreza, industrialización y desarrollo económico chino. Disponible en: Informe completo Banco Mundial sobre pobreza en China.
  2. Reuters News Agency. “China’s AI-powered humanoid robots aim to transform manufacturing”. Autor: Ellen Zhang. Publicado por: Reuters Shanghái, China, 13 de mayo de 2025. Reportaje sobre inversiones chinas en robótica humanoide e inteligencia artificial aplicada a manufactura avanzada. Disponible en: Reuters – Robots humanoides e IA en China.
  3. Reuters News Agency. “China pins hopes on society-wide AI push to add jobs and rejuvenate economy”. Autor: Joe Cash. Publicado por: Reuters Pekín, China, 10 de marzo de 2026. Análisis sobre políticas chinas de inteligencia artificial, empleo, reconversión laboral y regulación del impacto tecnológico. Disponible en: Reuters – IA, empleo y economía china.
  4. Banco Mundial (World Bank). China Overview. Publicado por: World Bank Group Washington D.C., Estados Unidos, actualización permanente. Base estadística y análisis económico general sobre crecimiento, urbanización, salud, infraestructura y desarrollo humano en China. Disponible en: World Bank – China Overview.
  5. Karl Marx. Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Berlín, Reino de Prusia (actual Alemania), 1859. Texto fundamental sobre desarrollo histórico de las fuerzas productivas y etapas económicas.
  6. Karl Marx y Friedrich Engels. Manifiesto del Partido Comunista. Londres, Reino Unido, 1848. Obra fundacional del marxismo político y económico.
  7. Deng Xiaoping. Discursos sobre “socialismo con características chinas”, reformas económicas y apertura al mercado. Beijing, China, entre 1978 y 1992. Compilados en: Selected Works of Deng Xiaoping. Publicado por: Foreign Languages Press China Beijing, China.
  8. National Bureau of Statistics of China. China Statistical Yearbook 2025. Beijing, China, 2025. Estadísticas oficiales sobre empleo, crecimiento económico, urbanización, ingresos y desarrollo industrial. Disponible en: National Bureau of Statistics of China.
  9. Organisation for Economic Co-operation and Development. Economic Surveys: China 2024. París, Francia, 2024. Análisis sobre productividad, innovación tecnológica, desigualdad y transformación económica china. Disponible en: OECD China Economic Surveys
  10. Giovanni Arrighi. Adam Smith in Beijing: Lineages of the Twenty-First Century. Editorial Verso Books. Londres, Reino Unido, 2007. Análisis sobre ascenso económico chino y transformación del capitalismo global.
  11. Branko Milanović. Capitalism, Alone: The Future of the System That Rules the World. Harvard University Press. Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos, 2019. Estudio comparativo entre capitalismo liberal occidental y capitalismo político chino.
spot_img
spot_img

Mas noticias

Más Noticias

Tensiones en el estrecho de Ormuz repercuten en la producción de cobre, alertan expertos

Las tensiones en el estrecho de Ormuz no solo han provocado afectaciones en el mercado energético global, sino...

Cuba participa en reunión de ministros de los BRICS

(Nueva Delhi) El canciller cubano, Bruno Rodríguez, participó hoy en la  Sesión abierta: “Reformas de la Gobernanza global...

Rusia mantiene contactos con Cuba ante compleja situación energética

(Moscú) Rusia mantiene contactos con las autoridades de Cuba en medio de la compleja situación energética que vive...

El Gran Perdonazo: por qué la repatriación de capitales es una pésima señal para Chile. Por Álvaro Ramis Olivos

Existen medidas que, más allá de sus cifras, dicen algo sobre el tipo de país que queremos ser....