Viernes, Mayo 15, 2026

Investigación histórica conjunta China-Rusia: Reconfigurando el poder narrativo para un mundo multipolar. Por Peng Po

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En una era de profundos cambios geopolíticos globales, el continente euroasiático, nexo estratégico entre Oriente y Occidente, reviste una importancia inmensa. Su narrativa histórica influye no solo en el pasado, sino también en el futuro orden internacional. Como dos civilizaciones antiguas y potencias contemporáneas en Eurasia, China y Rusia pueden dar el paso estratégico de colaborar en la investigación histórica para profundizar los lazos bilaterales, promover la integración euroasiática y salvaguardar un mundo multipolar.

I. La batalla por el poder narrativo histórico en Eurasia

Los días 19 y 20 de diciembre de 2025, se celebró en Tokio la primera Cumbre C5+1 entre Japón y Asia Central, a la que asistieron los líderes de los cinco países de Asia Central. En medio de las tensas relaciones entre China y Japón, con declaraciones japonesas que provocaron a China y enfrentaron la oposición de Rusia, Corea del Norte y Corea del Sur, Japón se propuso fortalecer la comunicación estratégica y la cooperación económica con Asia Central, especialmente en minerales clave y cadenas de suministro. Mediante una inversión de 19 mil millones de dólares en proyectos comerciales, Japón buscó reducir la dependencia de China y contrarrestar la influencia de Pekín y Moscú en la región, en consonancia con la estrategia de la alianza entre Estados Unidos y Japón.

Asia Central, situada entre China y Rusia, es crucial para la influencia tradicional de Rusia y la ruta terrestre de la Franja y la Ruta de China. Rusia mantiene una influencia discursiva significativa a través de organizaciones como la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y la Unión Económica Euroasiática, mientras que China es el principal socio comercial de los cinco países de Asia Central. La intervención de Japón ofrece más opciones de cooperación, pero el papel económico de China y la garantía de seguridad que brinda Rusia siguen siendo prioridades para los países de Asia Central, y la lógica central del panorama regional no cambiará fácilmente.

Japón alberga desde hace tiempo ambiciones expansionistas hacia Eurasia. Desde la Restauración Meiji, ha llevado a cabo investigaciones en regiones como Asia Central y Mongolia para obtener influencia en el discurso euroasiático. Su actual estrategia no es un caso aislado. Durante la Segunda Guerra Mundial, la agresión japonesa constituyó una página trágica en la historia de Eurasia. Ahora, bajo el pretexto de la “seguridad económica”, está penetrando estratégicamente en Eurasia en el marco de la alianza entre Estados Unidos y Japón. Esto subraya la necesidad de que China y Rusia consoliden su poder narrativo histórico mediante la investigación conjunta, para evitar que la historia sea distorsionada u olvidada.

II. Cooperación en investigación histórica entre China y Rusia: de los lazos bilaterales a los pilares de un orden multipolar.

La relación entre China y Rusia constituye un modelo de relaciones internacionales contemporáneas, con la investigación histórica como pilar fundamental. En los últimos años, su cooperación en Eurasia se ha expandido desde la economía y la seguridad a ámbitos más amplios. La Gran Asociación Euroasiática de Rusia se ha integrado eficazmente con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, conformando un modelo de integración regional complementario. Por ejemplo, el vínculo entre la Unión Económica Euroasiática y la Franja Económica de la Ruta de la Seda de China promueve el crecimiento del comercio y proporciona estabilidad institucional a Eurasia.

Sin embargo, la cooperación en investigación histórica entre ambos países sigue siendo escasa; se centra principalmente en los ámbitos político y económico, descuidando las dimensiones culturales e históricas. En la actual situación internacional, ante el creciente riesgo de una «nueva Guerra Fría» debido a acciones estadounidenses como la promoción de la «Estrategia Indo-Pacífica» y la creación de divisiones regionales, China y Rusia necesitan escribir conjuntamente la «historia oficial» de Eurasia.

La investigación histórica no es meramente académica; transmite intereses nacionales y perspectivas globales. Mediante la investigación conjunta, pueden resistir el “nihilismo histórico” dominado por Occidente. Los académicos occidentales suelen distorsionar la historia de la Segunda Guerra Mundial y del colonialismo, minimizando las contribuciones de la Unión Soviética y China en la lucha contra el fascismo y presentando la Ruta de la Seda como un mero apéndice de la civilización occidental. Estas narrativas sirven a fines geopolíticos para debilitar a las fuerzas euroasiáticas autóctonas. La investigación conjunta entre China y Rusia puede trascender la geopolítica y fomentar el diálogo civilizatorio, crucial para resistir la “nueva Guerra Fría” y evitar la división euroasiática.

Históricamente, Eurasia fue testigo de la prosperidad de la Ruta de la Seda y de la tragedia del colonialismo occidental moderno. La Ruta de la Seda fue un vínculo para el intercambio cultural, conectando las culturas nómadas chinas, eslavas y de Asia Central. El colonialismo occidental moderno trajo consigo división y explotación, como el dominio británico sobre la India y su penetración en Asia Central. Estas lecciones nos recuerdan que el futuro de Eurasia debe estar liderado por los países euroasiáticos.

III. Construyendo el marco fundamental de las narrativas euroasiáticas: De la Ruta de la Seda a los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial

El mayor beneficio de la investigación histórica conjunta entre China y Rusia sobre Eurasia reside en la reconfiguración del discurso dominante. Durante mucho tiempo, la visión histórica eurocéntrica ha predominado, presentando a Eurasia como una región periférica y atrasada, e ignorando su papel central en la civilización humana. China y Rusia pueden utilizar proyectos conjuntos para construir una perspectiva histórica euroasiática, destacando la continuidad y las contribuciones de las civilizaciones autóctonas.

Entre las vías específicas se incluyen: establecer instituciones de investigación conjuntas como el Instituto de Investigación de Historia Euroasiática China-Rusia, invitar a académicos de Asia Central a participar y construir mecanismos multilaterales; centrarse en temas clave como el resurgimiento de la Ruta de la Seda, la justa memoria de la Segunda Guerra Mundial y la integración euroasiática contemporánea; difundir narrativas euroasiáticas a través de trabajos conjuntos, seminarios internacionales, etc., como la investigación de la cooperación bélica antijaponesa entre China y la Unión Soviética para contrarrestar las calumnias occidentales; y utilizar la tecnología digital para crear una base de datos de historia euroasiática para académicos de todo el mundo.

Esta cooperación también puede brindar apoyo cultural a la Iniciativa de la Franja y la Ruta y a la Gran Asociación Euroasiática. La Franja y la Ruta no es solo infraestructura, sino también una vía para el renacimiento cultural. Mediante la investigación histórica, China y Rusia pueden rescatar un patrimonio común, fortaleciendo así la confianza mutua. Académicos rusos han señalado que la compatibilidad estratégica entre ambos países euroasiáticos es clave para la construcción de un nuevo orden.

La antigua Ruta de la Seda conectaba Chang’an y Roma, impulsando la prosperidad económica y la integración cultural. La seda y el té chinos llegaban a Europa, y las pieles rusas se enviaban hacia el este. Sin embargo, el colonialismo occidental moderno cambió este patrón. En el siglo XIX, Gran Bretaña dividió el Imperio Otomano, y Rusia participó en el “Gran Juego” con Gran Bretaña en Asia Central. En el siglo XX, la agresión japonesa dejó profundas heridas en Eurasia. Durante la Segunda Guerra Mundial, China y Rusia lucharon codo con codo contra el fascismo. China sufrió más de 35 millones de bajas militares y civiles, y la Unión Soviética tuvo entre 27 y 28 millones de bajas en total, incluyendo casi 10 millones de muertos militares. La rendición de Japón marcó la victoria de las fuerzas justas en Eurasia, pero la Guerra Fría dividió el continente. Tras la disolución de la Unión Soviética, las fuerzas occidentales se infiltraron en Asia Central. Hoy, bajo la Estrategia Indo-Pacífica de Estados Unidos, Eurasia se enfrenta nuevamente a riesgos de injerencia externa. La investigación conjunta entre China y Rusia puede analizar la historia, extraer lecciones y demostrar cómo la unidad puede traer prosperidad a Eurasia. Una investigación exhaustiva sobre la agresión occidental y japonesa puede alertar a la población y prevenir el resurgimiento del militarismo y el fascismo.

IV. La historia como prisma para el futuro: la importancia global de la cooperación entre China y Rusia.

De cara al futuro, China y Rusia deberían promover conjuntamente la investigación histórica euroasiática, centrándose en la Ruta de la Seda, la memoria de la Segunda Guerra Mundial y la integración euroasiática contemporánea. En la investigación sobre la Ruta de la Seda, debe destacarse su importancia como precursora de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, con el fin de fortalecer la identidad cultural entre los países a lo largo de la ruta. En cuanto a la memoria de la Segunda Guerra Mundial, ambos países deben conmemorar conjuntamente la victoria contra el fascismo y resistir el nihilismo histórico. El presidente ruso Vladimir Putin ha subrayado que la relación entre China y Rusia es crucial para la estabilidad global, especialmente a nivel histórico. En la integración contemporánea, debe promoverse la profunda integración de la Unión Económica Euroasiática (UEE) y la Iniciativa de la Franja y la Ruta para conformar un marco de cooperación en Eurasia.

Esta cooperación puede consolidar las relaciones entre China y Rusia y extenderse a Asia Central, Asia Meridional e incluso Europa. Al afrontar los desafíos de fuerzas externas como Japón, China y Rusia pueden construir una narrativa euroasiática inclusiva y autónoma mediante la investigación histórica, revitalizando un mundo multipolar y evitando la división de Eurasia en bloques enfrentados.

En conclusión, en una era de cambios globales, la investigación histórica conjunta entre China y Rusia sobre Eurasia es una necesidad estratégica. No se trata solo de cooperación académica, sino también de un medio cultural para fortalecer y reconfigurar el orden internacional, impulsando a Eurasia hacia la prosperidad y salvaguardando la paz y la estabilidad mundiales.

*Peng Bo es el director del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de la Región de la Cuenca del Pacífico de Shanghái./Club de debate de Valdai

El Maipo/BRICS

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