Lunes, Marzo 30, 2026

Vivir en tiempos oscuros, Por Pablo Varas

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Y Quelentaro tenía razón: “de dónde sacan la risa aquellos que son contentos”.

Seguirá siendo una buena foto el mes de octubre.

Ese respiro de justicia que se tomó la rabia para colocar la vida como una urgencia. La calle era la justa alternativa para intentar apurar las demandas sociales olvidadas intencionalmente. El modelo se derrumbó y corrieron casi todos para salvarlo, una vez más se impuso la paz de los cementerios en un contubernio oprobioso. La plaza pública exigía consideración y el cielo había abierto sus puertas para que los semidioses fueran cayendo uno tras otro.

Y una vez más tenía la razón la plebe.

No era necesario inventar nada, sencillamente las pancartas escritas a mano alzada se convertían en un acta urgente del país. El Estado respondiendo a balazos, maltrato y tortura, como siempre.

Chile hoy, un país sumido en una de las más serias crisis institucionales es un barco que no logra llegar a puerto. No es sólo el teléfono de Hermosilla que actúa como director del carrusel, sencillamente es un pozo donde habitan jueces y duendes elegidos en votación popular. Promesantes fracasados e inconclusos. Voceros que llegan tarde para contar noticias viejas.

Un Poder Judicial oscuro sin igualdad que te ampare, sencillamente porque es la clase dominante la que lo controla. Miles abajo en la indefensión más absoluta. Una justicia redactada para los ricos. Y los senadores sentados a un elevado costo fiscal. Un asco.

Allí está la elite, lanzas en ristre defendiendo sus casas y empresas para que las AFP entreguen pensiones miserables, finalmente los jubilados ya vivieron sus mejores años, así lo piensan y responden. Vayan a buscar un banco en alguna plaza antes de que llegue otro y se lo quite. Los militares nos entregaron el poder dicen, y para salvar vidas se inventaron las ISAPRES. Sigan vivos en cómodas cuotas.

No es posible hacer comparaciones con esos antiguos parlamentarios donde posiblemente también existieron corruptos, pero lo que se observa cada día ya se hizo insoportable. Lo que está en peligro entonces es la soberanía popular con la que juegan los perversos, algo así como una batalla en las ampolletas de una carnicería, llena de moscas.

El financiamiento ilegal de la política, en esos tiempos cuando banqueros y empresarios financiaban a sus futuros empleados en el congreso, siempre en liquidación, quedó todo en el aire. No se conoce el final de la historia, salvo aquel escrito marcado en piedra como el raspado de la olla. Todos se salvaron, nadie llegó al cadalso.

Eran los tiempos del fiscal Guerra convertido en la actualidad como el ejemplo de lo que no se debe hacer, lo delicado es que él transitaba por los pasillos de la justicia, no era un vendedor de pescados, era un personaje con poder, un pulgar hacia arriba o abajo.

Y encontramos en el camino a Andrés Chadwick familiar directo de un ex presidente, un ex director de la PDI, Angela Vivanco, el alcalde Carter, a Mario Desbordes y Evelyn Matthei para finalmente llegar al pozo del dinero como es la Universidad San Sebastián. Una caja pagadora con dineros fiscales para mantener a sus ángeles caídos como Marcela Cubillos con salarios elevados a extremo, ex ministros y subsecretarios. Bajo la consigna que en la educación se regula sola y la meritocracia son un baño en Lourdes, y se esconde ese juego por el poder que no tiene miramiento alguno.

Mientras tanto la calle es maltratada y engañada.

Ya es tarde. Este gobierno tuvo la oportunidad histórica de marcar una diferencia, algo nuevo y más sustancioso. No dejará herencia ni legado, tampoco una plaza con estatuas.

Las batallas para alcanzar derechos necesitan valentía, incluso dar la vida si es necesario, es por aquello que seguiremos cantando las últimas palabras. A eso nos referimos. No dio el ancho el buen joven que de tarde en tarde se da un baño de masas para una foto que ya está deslavada y sin música. Una vez más el fracaso, las mentiras, las explicaciones para que la SOFOFA siga con buena salud.

Los pobres podrán esperar como siempre.

Y volveremos al voto en algún tiempo más para insistir como siempre, o posiblemente de manera racional encontremos entre tantos, alguna otra alternativa que nos alegre la vida que nos queda.

Por Pablo Varas. Profesor de Historia, Escritor melipillano.

Nota: El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de sus autores, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

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