Viernes, Enero 30, 2026

“Una, dos, tres, cuatro izquierdas” … Respuesta a Girardi y Ramírez. Por Eugenio Rivera Urrutia

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El 23 de enero del presente año, Guido Girardi y Rodrigo Ramírez publicaron en este medio la columna “Las tres izquierdas y el fin de la política del siglo XX” (https://desenfoque.cl/2026/01/23/opinion-las-tres-izquierdas-y-el-fin-de-la-politica-del-siglo-xx/). Es presentada como complemento al artículo de Mauro Basaure en La segunda “El quiebre oficialista como síntoma”. Digo aparentemente pues la tesis de Basaure es más compleja de lo que Girardi y Ramírez reconocen. En efecto, Basaure pone énfasis en que las izquierdas no han terminan de darse cuenta que “el público se fue de la sala”; que los relatos de las izquierdas no explican la derrota, sino que la transparentan. Del mismo modo, según Basaure,  la crisis profunda ya no está donde la izquierda cree que está, como efecto de un desplazamiento cultural difícil de digerir: más peso al mérito, al esfuerzo individual, y a las redes cercanas como promesa de movilidad: menos fe en que el Estado o los partidos ordenen la vida, más demanda de seguridad y control, menos paciencia para promesas abstractas y más exigencias de resultados cotidianos. Mientras gobernó se representó a si misma en clave moral pese a una práctica socialdemócrata defensiva: el resultado incoherencia. Basaure concluye que hay que rediscutir el proyecto de manera que haga sentido a las mayorías

Girardi y Ramírez reducen la complejidad de la crisis de la izquierda a la existencia de dos izquierdas: La materialista, centrada en redistribución, trabajo, seguridad social y soberanía y, la cultural, “con tildes progresistas, enfocada en derechos, identidades, diversidad, género e ideología. Según los autores el problema de fondo es que esas dos izquierdas que inventan Girardi y Ramírez, comparten un supuesto insostenible: “el eje central del conflicto histórico sigue siendo económico y simbólico” y proponen una tercera alternativa:

Lo que ninguna de esas dos izquierdas ha terminado de asumir es que hoy existe un nuevo lugar donde ambas se reconfiguran y metabolizan dando paso a una estructura superior, un tercer eje de poder, el poder tecnológico. La tecnología ya no es un sector. No es una herramienta. Es la infraestructura civilizatoria del presente. Hablar de la tecnología como nuevo eje del poder no significa negar los conflictos económicos ni las luchas simbólicas. Significa algo más complejo y profundo, ambos se reordenan dentro de la arquitectura tecnológica que estructura la sociedad de hoy.

Desde su punto de vista, la tecnología no reemplaza a lo económico ni a lo simbólico, sino que los concentra, los acelera y los gobierna: “Es el nuevo plano donde se decide simultáneamente quién tiene recursos y quién tiene voz, quién accede a oportunidades y quién queda invisible, quién define el sentido y quién queda reducido a dato” En tal sentido, para Girardi y Ramirez, el conflicto del siglo XXI no es entre economía y cultura, sino por la arquitectura tecnológica que hoy define simultáneamente quien tiene riqueza y quien tiene y le da sentido.”.

Por tanto, la tercera izquierda representa para los autores una síntesis superadora que lucha por asegurar que la humanidad siga siendo sujeto de su propio futuro.

Cabe valorar el esfuerzo de los dos autores por levantar un relato que ayude a elaborar las causas de la grave derrota que está sufriendo la izquierda en Chile y a nivel global

No obstante, falla el análisis al caricaturizar tanto lo que denominan las dos izquierdas, pues las dos presuntas izquierdas que mencionan, a nivel político, se encuentran presente de forma transversal a las distintas estructuras partidarias en Chile y en el mundo. Es también caricaturizar presumir que las “otras izquierdas” consideran que los datos masivos, la automatización, la biotecnología, no son temas del debate político y que las presuntas dos izquierdas las tratan simplemente como anexos, cuando son, dicen los autores, el nuevo sistema nervioso de la sociedad. Se podrá decir que ese es el caso de los partidos políticos con frecuencia más preocupados de pequeñas posiciones de poder, pero no que la izquierda más allá de los partidos no está preocupado por ello.

Por otra parte, las dos izquierdas criticadas no niegan la importancia de la otra perspectiva. Afirman por el contrario que la primera o la segunda tiene mayor capacidad para estructurar una mirada global de la izquierda, sin apreciar suficientemente que la síntesis implica una profunda revisión de ambas miradas. Basta ver por ejemplo los debates entre Axel Honneth y  Nancy Fraser, ya de larga data. En este contexto, el análisis de Girardi y Ramirez innova en el sentido, de que la síntesis la provee “la arquitectura tecnológica que define simultáneamente quién tiene riqueza y quién tiene y le da sentido” cayendo así en la misma equivocación que las dos corrientes que critican.

Esto nos lleva a otra dificultad, quizás más importante. Para Girardi y Ramírez es la infraestructura tecnológica la que define cómo trabajamos, cómo nos informamos, cómo decidimos etc. Se trata en consecuencia la reedición de la vieja tesis marxiana (cuya formulación más clara aparece en el prólogo a la Crítica de la Economía política, miles de veces citada) que radica el conflicto en la contradicción entre las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas.

Lo anterior queda en evidencia, cuando a lo largo del texto se señala como idea central que esta tercera izquierda se define “por asegurar que la humanidad siga siendo sujeto de su futuro”, esto es lograr que la humanidad no pierda el control sobre las tecnologías de la inteligencia, de la vida, como si ellas no estuvieran (al menos en la actualidad) en manos de lo que se ha llamado la “Tecno oligarquía”.  Sin embargo, repentinamente nuestros autores, “recuerdan” que la tecnología no es neutral y afirman que la pregunta política central “ya no es solo quién gobierna el Estado, sino quién gobierna los algoritmos, los datos y los sistemas inteligentes”.

Se trata en suma que debemos, claro preocuparnos no solo de quien gobierna el Estado sino (¿más bien?) de quién gobierna las plataformas. Así como los socialistas, presuntamente consideran como central los “problemas materiales”, los ecologistas, “la triple crisis medioambiental”, las diversidades sexuales, los problemas de las “identidades” la izquierda “tecnológica humanista” se preocupa de la forma en que las diversas olas de cambio tecnológico están transformando el mundo.

El problema de fondo de las izquierdas no es convencer a las otras de la centralidad de cada preocupación sino de como dialogan estas preocupaciones y cómo se constituyen en fuerzas políticas capaces de enfrentar esos desafíos que escapan a la fuerza de cada sector. Esto constituye un problema intelectual, que nos interpela respecto de cómo estamos entendiendo la democracia, que política nos permite articular una sociedad crecientemente fragmentada, cómo están incidiendo las distintas visiones políticas sobre la posibilidad de construir una comunidad política que permita la convivencia de múltiples perspectivas e intereses y al mismo tiempo, genere mecanismos democráticos de gobernabilidad que permitan resolver problemas que la ultraderecha aprovecha para instaurar sistemas iliberales y antidemocráticos. Los cambios en Inteligencia Artificial, en la nanotecnología; sus resultados al converger sobre las capacidades de los seres humanos para transformar el sentido de la vida representan desafíos nuevos de magnitud extraordinaria. No obstante, solo en conjunto con los problemas de la distribución, del reconocimiento, de la democracia, de la crisis ambiental, de la lucha contra el patriarcado, constituyen el problema político nuevo que enfrenta la democracia.

(Columna publicada por Desenfoque el 29 de enero de 2026)

Por Eugenio Rivera U. Economista, Director Ejecutivo Casa Común y colaborador de elmaipo.cl

Nota: El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

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