Jueves, Enero 15, 2026

Un santuario en la Antártida busca salvar la memoria de los glaciares en peligro

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Por Jordi Company

Mientras los glaciares en peligro del planeta se funden a una velocidad sin precedentes, un proyecto internacional ha comenzado a guardar en la Antártida las últimas pruebas físicas de ese hielo milenario.

El llamado Santuario de la Memoria del Hielo aspira a preservar cilindros de glaciares de todo el mundo para que las futuras generaciones puedan estudiar lo que hoy está a punto de perderse.

Un santuario en la Antártida para preservar los glaciares en peligro.

Un túnel excavado en el hielo antártico conservará muestras de glaciares que podrían desaparecer por el calentamiento global.

Por qué los glaciares en peligro son una herencia irremplazable de la humanidad

Dos muestras llegadas de los Alpes sirvieron este miércoles para la inauguración de un espacio de conservación de hielo de glaciares de todo el mundo junto a la estación científica francoitaliana Concordia en la Antártida, que pretende preservar pruebas que puedan servir para la investigación en el futuro.

«Los glaciares deben ser reconocidos como una herencia de la humanidad» que «están desapareciendo a un ritmo sin precedentes» y que «hay que preservar» por su carácter «irremplazable» como testigos de cientos o incluso miles de años, subrayó el príncipe Alberto de Mónaco, en una presentación en línea del proyecto.

Cómo funciona el santuario que conserva hielo milenario a 55 grados bajo cero

El llamado «santuario de la Memoria del Hielo» es, por el momento, un túnel de 35 metros de largo y cinco metros de diámetro construido directamente en el casquete glaciar a unos 800 metros de la estación Concordia, donde se colocaron las cajas con cilindros de hielo tomados como muestras en el macizo del Mont Blanc en Francia y en del Grand Combin en Suiza, ambos en los Alpes.

Próximamente se deberían añadir las muestras que la Fundación de la Memoria del Hielo ha ido recopilando desde 2016 en otros ocho glaciares de todo el mundo: Illimani, en los Andes bolivianos; Col du Dôme, en los Alpes franceses; Colle de Lys, en los Alpes italianos, Colle Gniffeti, en los Alpes suizos, Elbrus, en el Cáucaso ruso, Belukha, en el Altai ruso; Kon Chukurbashi, en el Pamir de Tayikistán; Kilimanjaro, en Tanzania; y Holtedahfonna, en el archipiélago noruego de Svalvard.

El vicepresidente de la fundación, Carlo Barbante, destacó que el interés es poder conservar todos esos cilindros en las condiciones especiales que ofrece esa bodega de hielo en la Antártida, con una temperatura constante de unos 55 grados centígrados bajo cero, porque en unas decenas de años podrán haberse desarrollado tecnologías que permitirán explotarlos científicamente mucho mejor.

Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos de los actuales glaciares habrán desaparecido o estarán en peligro, de forma que los metros de hielo recopilado permitirán aumentar el conocimiento sobre las condiciones que hubo en esos glaciares cientos e incluso miles de años atrás.

Una carrera contrarreloj para salvar pruebas antes de que los glaciares desaparezcan

La secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, la argentina Celeste Saulo, hizo hincapié en que «la información que se pierde no se puede recuperar nunca más«, de ahí la importancia de esta iniciativa, sobre todo conociendo la velocidad a la que se funden los glaciares por el calentamiento global: cada año se pierden 273.000 millones de toneladas de hielo.

Más allá de los retos logísticos para el mantenimiento de ese particular túnel de hielo (se calcula que con su concepción actual puede durar al menos 70-80 años) y para el transporte de las muestras manteniendo la cadena del frío, los más importantes son de orden político y de organización.

La Fundación de la Memoria del Hielo es una entidad por ahora básicamente francoitaliana con financiación esencialmente de esos dos Estados y de algunos donantes privados, que se ha marcado el objetivo de recoger muestras de una veintena de otros glaciares en 20 años.

Pero su presidente, Thomas Stocker, puso el acento en que hace falta «una gobernanza de largo plazo» para garantizar su utilidad científica en el futuro, y para eso querrían un acuerdo internacional, algo para lo que ya cuentan con el apoyo de la Unesco.

El Maipo/Ecoticias

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