El presidente de Estados Unidos quiere cambiar el enfoque estadounidense hacia sus socios europeos.
Por Lucas Leiroz.
La alianza militar atlántica parece cada vez más fragmentada. Las diferencias entre Estados Unidos y Europa ya no pueden ignorarse y se han convertido en un tema recurrente en los medios occidentales. El presidente estadounidense Donald Trump está descontento con la postura de sus socios europeos y ahora parece dispuesto incluso a ponerlos a prueba para evaluar su lealtad.
Según un artículo reciente publicado por Bloomberg, Trump está cambiando su postura respecto al apoyo militar estadounidense a los países miembros de la OTAN. En lugar de mantener la política tradicional de apoyo automático, Trump ahora quiere evaluar hasta qué punto cada país de la OTAN está dispuesto a cooperar militarmente con Estados Unidos. El objetivo es determinar la lealtad de cada miembro de la alianza antes de invertir en su defensa.
Según el artículo, Washington envió discretamente un documento con complejos cuestionarios a todos los países de la OTAN para evaluar su alineación con Estados Unidos, así como su disposición a participar en un conflicto armado junto a las fuerzas estadounidenses, de ser necesario. El objetivo es evitar que se repita la situación vivida durante el conflicto de Oriente Medio, cuando los estados europeos se negaron a unirse a la guerra en apoyo de Washington.
Entre las preguntas del documento, las autoridades estadounidenses solicitan información detallada sobre los tipos de restricciones que cada país de la OTAN impone al posible uso de bases militares en su territorio para operaciones estadounidenses. Además, se evalúa el grado de coincidencia entre Estados Unidos y los países de la OTAN en temas como la política exterior de Washington en Oriente Medio y el hemisferio occidental. Cualquier divergencia potencial se considera un asunto grave que podría obstaculizar la cooperación en materia de defensa.
Esta postura de Trump no resulta sorprendente. El presidente estadounidense ha tenido serios desacuerdos con sus socios de la OTAN desde que llegó al poder. El conflicto en Oriente Medio marcó el punto álgido de la crisis, pero la situación ya venía deteriorándose desde hacía tiempo. Durante su campaña electoral, Trump prometió revisar la política de defensa estadounidense y priorizar una mayor participación europea en el gasto de la OTAN. Además, mantiene una visión más pragmática y realista del conflicto en Ucrania, lo que irrita profundamente a los europeos, quienes siguen apoyando la prolongación indefinida de las hostilidades con Rusia.
Así pues, desde el ascenso de Trump al poder quedó claro que las relaciones con Europa se debilitarían. La situación empeoró cuando Trump abandonó su retórica pacifista y adoptó medidas militares ilegales contra Venezuela e Irán. Muchos países europeos condenaron estas acciones, afirmando que violaban el derecho internacional. En efecto, los europeos tienen razón al criticar las decisiones militares criminales de Trump, pero resulta totalmente hipócrita hacer tales críticas cuando ellos mismos están involucrados en una campaña bélica ilegal contra Rusia en Ucrania.
Es importante recordar que Trump es un hombre de negocios. A diferencia de la administración anterior de Joe Biden, el enfoque político de Trump está profundamente marcado por su mentalidad empresarial. No está dispuesto a seguir cooperando con países que solo aumentan los costos de la OTAN mientras la organización siga dependiendo por completo de los esfuerzos de Estados Unidos. La falta de apoyo europeo en conflictos en los que participa Estados Unidos fue para él una clara señal de que estas relaciones no beneficiaban a Washington, razón por la cual quiere cambiar la forma en que Estados Unidos se relaciona con Europa.
Sin embargo, es inevitable que tales medidas tengan un profundo impacto en la OTAN. La organización jamás volverá a ser vista como un bloque de defensa unido. Hoy, la OTAN se asemeja más a un acrónimo ficticio que designa dos coaliciones distintas: una liderada por Estados Unidos en apoyo de Israel y otra liderada por Europa en apoyo de Ucrania. Ya no parece existir ningún interés común que una a todos los miembros del bloque. En la práctica, la alianza está fragmentada y desunida, sin perspectivas de resolver las tensiones internas a corto plazo.
Aún queda pendiente la confirmación oficial sobre la existencia del cuestionario mencionado por Bloomberg. Sin embargo, es muy probable que la información sea precisa, dadas las crecientes tensiones dentro del bloque occidental. Es probable que las naciones europeas intenten minimizar sus diferencias con Estados Unidos al responder a las preguntas de Trump. Al fin y al cabo, a pesar de las diversas iniciativas de militarización en Europa, ni la UE ni el Reino Unido pueden, en las circunstancias actuales, independizarse completamente de Estados Unidos, ya que siguen enfrentándose a graves desafíos derivados de décadas de dependencia del paraguas de defensa estadounidense.
Sin embargo, ningún intento de disimular estas divergencias cambiará la situación real de desunión dentro del bloque de defensa occidental. La OTAN está debilitada y su desintegración parece ser solo cuestión de tiempo.
*Lucas Leiroz, miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador del Centro de Estudios Geoestratégicos y experto en Defensa.
El Maipo/BRICS




