Mientras el estrecho conteo de votos mantiene la incertidumbre sobre el resultado de las elecciones presidenciales en Perú, el sociólogo peruano radicado en Chile, Francisco Bazo —con una larga trayectoria en organizaciones sociales y en el estudio de los fenómenos migratorios— sostiene que el respaldo a Roberto Sánchez expresa el rechazo al centralismo limeño, el desgaste del fujimorismo marcado por los casos de corrupción y la demanda de cambios impulsada por regiones históricamente postergadas.
La ajustada segunda vuelta presidencial en Perú volvió a exponer las profundas fracturas sociales, territoriales y políticas que atraviesan al país. Con una diferencia de apenas decenas de miles de votos entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, el resultado refleja un escenario que, según Bazo, combina un triunfo democrático con una persistente crisis institucional.
“Va a ser un presidente elegido por un margen pequeño, probablemente de 40 mil o 50 mil votos. Es democrático porque la ciudadanía logra expresarse, pero ocurre en medio de un profundo malestar y de una enorme desconfianza hacia la política”, afirmó.
Para el sociólogo, el eventual triunfo de Sánchez representa mucho más que una simple alternancia en el poder. A su juicio, constituye una reacción frente a lo que define como el intento del fujimorismo de mantener influencia sobre las instituciones del Estado.
“Lo que hay detrás de Keiko Fujimori es una estructura que ha pretendido seguir gobernando el país. Por eso mucha gente ve a Sánchez como una alternativa frente a lo que consideran un sistema de poder instalado durante años”, señaló.
Una fractura que viene de lejos
El analista sostiene que el mapa electoral vuelve a mostrar una división histórica: Lima respaldando mayoritariamente a Keiko Fujimori y las regiones inclinándose por una candidatura que promete transformaciones.
A su juicio, esta distancia no es nueva y tiene raíces económicas, sociales y culturales profundas.
“Lima concentra la riqueza y el poder político. En las regiones existe una sensación permanente de abandono. A eso se suma un componente de discriminación y racismo que ha marcado históricamente la relación entre la capital y el resto del país”, explicó.
Según Bazo, buena parte del voto que recibe Sánchez no responde únicamente a la adhesión hacia su figura, sino a la búsqueda de una alternativa al modelo político que representa el fujimorismo.
“Para muchas personas, Keiko simboliza el centralismo limeño, la herencia política de Alberto Fujimori y una forma de ejercer el poder que ha sido rechazada reiteradamente en las urnas”, indicó.
El voto rural como expresión de rebeldía
Uno de los fenómenos que más destaca Bazo es el peso que han tenido las zonas rurales y las regiones alejadas de la capital en el avance de Roberto Sánchez.
“Es un voto de rebeldía. Una rebeldía contra el abandono, contra el racismo y contra la concentración de recursos en Lima. Hay una demanda por mayor participación y por una distribución más equitativa de las oportunidades”, sostuvo.
Para el sociólogo, el apoyo al candidato representa también la expresión política de sectores que durante años han sentido que sus demandas no encuentran eco en las instituciones nacionales.
“Lo que se está viendo es un enfrentamiento entre las regiones y Lima. Hay comunidades que sienten que producen riqueza, pero que no reciben los beneficios de ese desarrollo. Esa sensación de exclusión explica buena parte del respaldo que hoy recibe Sánchez”, afirmó.
En esa línea, considera que el candidato recoge una porción importante del sentimiento que impulsó la llegada de Pedro Castillo a la Presidencia en 2021.
“Existe una sensación de que la decisión que tomó la ciudadanía cuando eligió a Castillo fue desconocida. Mucha gente siente que no se respetó esa voluntad popular y Sánchez logra conectar con ese sentimiento”, explicó.
A su juicio, el respaldo a Sánchez no responde únicamente a una identificación ideológica, sino también a la expectativa de introducir cambios en un modelo político que amplios sectores consideran agotado.
“Hay una esperanza de que se enfrente la corrupción, que se revisen leyes cuestionadas y que exista una preocupación más seria por la pobreza y la distribución de los recursos. Esa expectativa sigue muy presente en las regiones”, señaló.
Alta abstención y persistencia del voto fujimorista en Chile
El análisis de Bazo también se extiende a la comunidad peruana residente en Chile, donde observa un marcado aumento de la abstención durante esta segunda vuelta presidencial.
Según sus estimaciones, el ausentismo podría haber superado el 60%, una cifra inusualmente alta para un electorado históricamente acostumbrado a participar de manera masiva en los procesos electorales.
El sociólogo atribuye este fenómeno al cansancio ciudadano, la falta de información sobre las candidaturas y al desgaste provocado por años de inestabilidad política en Perú.
Al mismo tiempo, señala que Chile ha sido tradicionalmente uno de los principales bastiones del fujimorismo fuera del territorio peruano. A su juicio, ello se explica por el origen de una parte importante de la migración peruana radicada en el país, especialmente proveniente de zonas donde el respaldo al movimiento fundado por Alberto Fujimori fue históricamente elevado.
Bazo sostiene que esa identificación política se ha mantenido en sectores de la comunidad migrante, pese a que muchos de ellos abandonaron Perú precisamente durante los años en que se implementaron las políticas asociadas al fujimorismo.
“El fujimorismo representa la corrupción”
Las críticas más duras de Bazo apuntan precisamente al movimiento liderado por Keiko Fujimori.
“El fujimorismo representa la corrupción”, afirmó sin matices.
Según explica, durante décadas esa corriente política construyó redes de influencia que alcanzaron distintos niveles del Estado peruano.
“Se generó una estructura que buscó controlar el Congreso, influir sobre la Fiscalía, intervenir el Poder Judicial y ejercer presión sobre organismos electorales. Eso terminó convirtiéndose en una especie de maquinaria política que muchas personas identifican directamente con prácticas corruptas”, sostuvo.
Asimismo, argumentó que gran parte de la inestabilidad institucional que ha vivido Perú durante la última década tiene relación con la disputa permanente entre el Congreso y el Ejecutivo.
“Se llegó a una situación donde los presidentes eran removidos constantemente. El Parlamento adquirió un protagonismo inédito y se transformó en un actor capaz de bloquear o derribar gobiernos de manera reiterada”, explicó.
Para Bazo, detrás de esa dinámica también aparecen liderazgos locales y redes de poder que han logrado sostener la influencia del fujimorismo incluso sin alcanzar la Presidencia.
“Existe una estructura de caudillos regionales y alianzas políticas que ha permitido mantener cuotas de poder durante años. El rechazo a Keiko no es solamente contra una candidata, sino también contra esa forma de hacer política”, afirmó.
El rechazo a Keiko como fenómeno político
Bazo sostiene que existe un elemento que se ha repetido elección tras elección: el llamado “antifujimorismo”.
“Keiko ha intentado llegar a la Presidencia en varias oportunidades y siempre aparece un fuerte rechazo en distintos sectores del país. El ‘No a Keiko’ se transformó en una consigna transversal que moviliza a mucha gente”, afirmó.
A su juicio, este fenómeno explica por qué candidatos provenientes de sectores alejados de las élites limeñas continúan encontrando respaldo electoral.
¿Podrá gobernar Sánchez?
Pese a que considera probable una victoria de Sánchez, Bazo advierte que la gobernabilidad seguirá siendo uno de los principales desafíos.
“Va a tener dificultades porque necesitará acuerdos amplios para gobernar. Pero también creo que Keiko habría enfrentado un problema similar, porque tendría a una parte importante de la ciudadanía movilizada en su contra”, señaló.
El sociólogo plantea que la estabilidad futura dependerá menos de las negociaciones parlamentarias y más de la capacidad del próximo gobierno para responder a las demandas sociales acumuladas.
Una ciudadanía que ya no acepta ser ignorada
Más allá del resultado final, Bazo considera que el principal desafío para el próximo gobierno será reconstruir la relación entre el Estado y una ciudadanía cada vez más crítica y menos dispuesta a aceptar decisiones tomadas desde las élites políticas.
A su juicio, la prolongada crisis peruana no podrá resolverse únicamente mediante acuerdos parlamentarios o reformas institucionales, sino a través de una mayor participación de las organizaciones sociales, los gremios, las comunidades y las regiones históricamente relegadas.
“La gente ya no está dispuesta a aceptar que las decisiones se tomen desde arriba. Hoy exige ser escuchada y formar parte de las soluciones”, sostiene.
En ese contexto, advierte que la gobernabilidad futura dependerá de la capacidad del próximo presidente para responder a demandas que llevan años acumulándose en materia de empleo, seguridad, pobreza y representación política.
Porque, según concluye, el mensaje que emerge desde las urnas y desde las regiones del país es claro: una parte importante de la sociedad peruana ya no está dispuesta a seguir aceptando el mismo modelo de poder que ha dominado la política nacional durante las últimas décadas.
Más que una disputa entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, la elección aparece así como la expresión de una tensión más profunda entre las élites tradicionales y los sectores sociales que buscan una mayor participación en las decisiones del país. El resultado podrá definir quién gobernará Perú, pero difícilmente cerrará un debate que atraviesa a la sociedad peruana desde hace años y que hoy vuelve a manifestarse con fuerza en las urnas.
El Maipo




