Mientras gran parte de la atención urbana se concentra en el río Mapocho por su presencia en el paisaje capitalino, es el río Maipo el que sostiene buena parte de la vida cotidiana de la Región Metropolitana. Su cuenca abastece de agua potable a millones de personas, permite el desarrollo agrícola de la zona central y se ha transformado en una pieza estratégica frente a la crisis hídrica que enfrenta Chile.
Nacido en la cordillera de Los Andes, el río Maipo recorre cerca de 250 kilómetros hasta desembocar en el océano Pacífico, atravesando una cuenca de más de 15 mil kilómetros cuadrados. Desde el punto de vista hidrológico, es el sistema fluvial más importante de la zona central y el principal soporte hídrico de Santiago.
Según el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), más del 80% del agua potable consumida en la Región Metropolitana proviene del Maipo y de sus cuencas cordilleranas. Esto significa que el abastecimiento de más de siete millones de personas depende directamente del comportamiento de este río y de las reservas de nieve acumuladas en la alta montaña.
La importancia del Maipo no se limita al consumo humano. Su cuenca sostiene gran parte de la actividad agrícola de la zona central, con más de 120 mil hectáreas bajo riego destinadas a cultivos, hortalizas y producción frutícola de exportación. Estudios científicos advierten que el sector agrícola representa cerca del 62% de la demanda consuntiva de agua dentro de la cuenca, evidenciando la enorme presión que existe sobre el recurso hídrico.
A esto se suma su relevancia energética. El Maipo abastece distintas centrales hidroeléctricas y embalses estratégicos como El Yeso, infraestructura clave para enfrentar períodos de déficit hídrico y asegurar reservas de agua potable para Santiago.
Sin embargo, el escenario se ha vuelto cada vez más complejo. La zona central de Chile atraviesa una megasequía que se extiende desde varios años, considerada por especialistas como uno de los períodos secos más prolongados registrados en la historia reciente del país. Investigadores del CR2 advierten que la disminución de precipitaciones en algunas zonas supera el 30%, afectando directamente el caudal de los ríos y la acumulación de nieve en la cordillera.
El retroceso de glaciares también genera preocupación. Diversas investigaciones científicas sostienen que durante los años más críticos de la megasequía, el deshielo glaciar ayudó a mantener parcialmente el caudal del Maipo, funcionando como una “reserva natural” frente a la escasez. Sin embargo, los expertos alertan que ese aporte no es infinito y que el deterioro glaciar podría comprometer la disponibilidad futura de agua.
La presión sobre la cuenca también proviene de la expansión urbana, la extracción de áridos, proyectos energéticos y la contaminación asociada a actividades industriales y humanas. En distintos sectores del Maipo han surgido conflictos ambientales por intervenciones en el cauce y el impacto sobre comunidades cercanas.
En contraste, el río Mapocho mantiene principalmente un rol urbano y simbólico. Aunque atraviesa Santiago y forma parte de la identidad histórica de la capital, su capacidad de abastecimiento es mucho menor y depende del propio sistema hídrico del Maipo. De hecho, el Mapocho es un afluente del río Maipo y cumple una función más asociada al paisaje urbano que al soporte estructural del sistema hídrico metropolitano.
La diferencia entre ambos ríos refleja también una paradoja: mientras el Mapocho es visible y cotidiano para quienes viven en Santiago, el Maipo permanece relativamente fuera del debate público pese a sostener el abastecimiento hídrico, agrícola y energético de gran parte de la zona central.
Frente a este escenario, especialistas han insistido en la necesidad de avanzar hacia una gestión integrada de la cuenca, fortalecer la protección de glaciares y reservas de agua, mejorar la eficiencia hídrica y establecer políticas capaces de enfrentar los efectos del cambio climático.
En medio de la crisis hídrica, el futuro del río Maipo aparece estrechamente ligado al futuro de Santiago y de millones de personas que dependen de sus aguas. Más que un accidente geográfico, el Maipo se ha convertido en una infraestructura natural indispensable para la supervivencia y el desarrollo de la zona central de Chile.
El Maipo




