La cifra supera el promedio de la OCDE, pero el interés convive con una brecha en conocimientos y participación ambiental. Chile obtuvo 442 puntos en la nueva escala de ciencias ambientales, frente a los 480 puntos del promedio del organismo.
Los estudiantes chilenos muestran un alto interés por contribuir al cuidado del medio ambiente desde sus futuros trabajos, aunque ese entusiasmo convive con resultados más débiles en conocimientos y participación ambiental.
Así lo muestra PISA 2025, evaluación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que, en esta edición, incorporó por primera vez una escala específica de ciencias ambientales.
Según la ficha de Chile, 69% de los estudiantes de 15 años declaró estar algo o muy interesado en contribuir a proteger el medio ambiente mediante su futuro trabajo. La cifra supera el 62% registrado en promedio entre los países de la OCDE.
El resultado muestra que una parte importante de los adolescentes chilenos vincula sus expectativas laborales con la protección ambiental.
Interés ambiental no significa mayor preparación
La encuesta muestra, sin embargo, una diferencia entre la disposición de los estudiantes y sus conocimientos sobre los problemas ambientales.
En la nueva escala de ciencias ambientales, Chile alcanzó 442 puntos, mientras que el promedio de la OCDE llegó a 480.
La brecha también aparece al observar los niveles de desempeño. En Chile, 63% de los estudiantes alcanzó al menos el nivel base de competencia ambiental, frente al 74% registrado en promedio por los países de la OCDE.
La OCDE plantea que esta dimensión busca evaluar la capacidad de los estudiantes para comprender los impactos de las interacciones humanas con los sistemas de la Tierra y enfrentar problemas ambientales desde una perspectiva científica.
Menor participación en actividades ambientales
Los resultados también muestran una distancia entre el interés declarado y la participación concreta.
En Chile, 65,5% de los estudiantes informó haber participado en al menos una actividad relacionada con el medio ambiente durante los 12 meses anteriores a la prueba. La cifra aparece por debajo del promedio de los países y economías participantes.
Entre las actividades consideradas por PISA se encuentran conversar con familiares y amigos sobre formas de generar un impacto positivo en el medio ambiente y tomar decisiones de compra considerando la sostenibilidad de los productos.
En el caso chileno, 52% señaló haber conversado con amigos o familiares sobre cómo generar un impacto positivo en el medio ambiente, mientras que el promedio de la OCDE alcanzó 56%. En cuanto a decisiones de compra basadas en la sostenibilidad, Chile llegó a 45%, frente al 54% de promedio OCDE.
Una generación que quiere aportar, pero enfrenta brechas
Los datos muestran una situación que combina interés ambiental y dificultades de preparación.
La OCDE señala que 76% de los estudiantes chilenos cree que puede generar un impacto positivo sobre el medio ambiente, mientras que 83% considera que la acción colectiva puede ayudar a enfrentar los problemas ambientales. Sin embargo, solo 65% afirma saber cómo trabajar con otras personas para generar un impacto positivo, frente al 68% promedio de la OCDE.
En otras palabras, existe una disposición importante entre los adolescentes a involucrarse en la protección ambiental, pero esa disposición no necesariamente se acompaña del mismo nivel de conocimientos, habilidades y experiencias prácticas.
PISA también muestra retrocesos en aprendizajes
Los resultados ambientales forman parte de una evaluación más amplia. PISA 2025 tuvo como área principal las ciencias y contó con la participación de más de 760 mil estudiantes de 91 países y economías, que representan aproximadamente a 33 millones de jóvenes de 15 años.
En Chile, la evaluación fue aplicada a 6.574 estudiantes de 222 establecimientos educacionales entre septiembre y octubre de 2025.
En los resultados generales, Chile obtuvo desempeños inferiores al promedio de la OCDE en matemática, lectura y ciencias. Además, respecto de 2022, los resultados de matemática y lectura disminuyeron, mientras que en ciencias no se registró una variación significativa.
En materia ambiental, el desafío aparece entonces en dos dimensiones: mantener el interés de los estudiantes por proteger el entorno y fortalecer las herramientas científicas y prácticas que les permitan transformar esa preocupación en acciones concretas.
El Maipo




