Por Daniel Aguirre.
El académico y sociólogo ecuatoriano advierte que el país enfrenta una escalada de violencia ligada al narcotráfico, concentración del poder político y un alineamiento geopolítico que profundiza la crisis institucional.
Violencia récord, expansión del narcotráfico y concentración del poder político. Ese es el escenario que, según el sociólogo ecuatoriano Napoleón Saltos Galarza, define la actual crisis que atraviesa Ecuador. En entrevista con elmaipo.cl, el académico sostuvo que el país vive un proceso que no es coyuntural, sino estructural, y que está modificando el funcionamiento de la democracia bajo un esquema de control y estado de excepción permanente.
Para Saltos, el deterioro comenzó a profundizarse a partir de 2018, con un aumento sostenido de la violencia que, afirma, alcanzó su punto más alto en los últimos años. “El 2025 fue el año de mayor promedio de muertes violentas en la historia del país. La respuesta del gobierno ha sido declarar una guerra interna que ha cambiado la dinámica democrática y la ha sustituido con un estado de excepción permanente”, señaló.
A su juicio, aunque formalmente se mantienen las instituciones democráticas, en la práctica el país funciona bajo una lógica distinta. “Se mantiene la cobertura formal de la democracia, pero en realidad estamos viviendo un estado altamente represivo, con una estrategia basada en el miedo y con niveles de represión selectiva sobre distintos sectores sociales”, afirmó.
Ecuador como eje del narcotráfico regional
El sociólogo sostiene que uno de los factores centrales de la crisis está vinculado a la ubicación geográfica del país y al debilitamiento institucional, lo que habría facilitado la penetración del crimen organizado en la economía.
Según explicó, Ecuador dejó de ser un territorio de tránsito para convertirse en un punto clave de exportación de droga hacia Europa. “Se habla de que el 70% de la droga pasa por Ecuador, fundamentalmente por el puerto de Guayaquil”, indicó.
Saltos aseguró que esta dinámica también se vincula con el modelo económico agroexportador. “El 57% de los contenedores que salen con banano desde los puertos del Ecuador están contaminados con droga. Ese porcentaje no es un accidente, sino un funcionamiento sistémico”, sostuvo.

Para el académico, esta situación ha modificado el papel del país dentro de la economía global, generando una relación entre capital exportador, redes criminales y poder político que profundiza la crisis institucional.
Un modelo que fusiona poder económico y político
El académico también cuestionó la concentración del poder durante el actual gobierno, señalando que se ha configurado una estructura que combina poder económico, político e institucional.
“El Ejecutivo tiene el control de la Asamblea, del Consejo Electoral, de la Fiscalía y de la Justicia. Esto bloquea el funcionamiento político democrático y es la base para una reconcentración de la riqueza”, afirmó.
Según Saltos, este escenario responde a una tendencia más amplia en la región. “Hay una ofensiva de una derecha libertaria que ya no es solo neoliberalismo clásico, sino que va acompañada de una política que yo llamaría neofascista”, señaló.
En ese contexto, el sociólogo también advirtió sobre un alineamiento geopolítico con Estados Unidos, que —según indicó— influye en la política exterior ecuatoriana y en los conflictos diplomáticos recientes con países como Colombia, México y Venezuela. A su juicio, esta política exterior busca consolidar un vínculo estratégico con Washington como eje del modelo económico y de seguridad.
A juicio del académico, estas disputas responden a una estrategia geopolítica que busca consolidar el vínculo con Washington. “Hay un esfuerzo por mostrar disciplinamiento con el modelo norteamericano, lo que convierte a Ecuador en un eje para confrontar a otras corrientes políticas en la región”, sostuvo.
Comparación regional y similitudes con Chile
Consultado por la situación de otros países sudamericanos, Saltos sostuvo que existe una tendencia continental marcada por la relación entre poder económico y político. En ese sentido, señaló que Ecuador y Chile comparten dinámicas similares, aunque con diferencias en la capacidad de respuesta social.
El sociólogo afirmó que en Ecuador existe una mayor tradición de movilización social, impulsada principalmente por los movimientos indígenas, lo que —según explicó— ha permitido frenar parcialmente algunas reformas impulsadas por los gobiernos de turno. “Todavía hay capacidad de resistencia social y de lucha, lo que establece un límite a estas políticas”, indicó.

Una crisis estructural y no coyuntural
Saltos sostiene que el actual escenario no corresponde a un fenómeno pasajero, sino a un cambio profundo del modelo político y económico del país. “No es únicamente un gobierno coyuntural. Recoge décadas de dominio económico y una tendencia que debilita los marcos constitucionales y democráticos”, afirmó.
El académico señaló que el Ejecutivo ha impulsado reformas y decretos que, a su juicio, modifican decisiones adoptadas mediante consultas populares, lo que profundiza el conflicto institucional y la concentración del poder.
Además, advirtió sobre el adelanto de elecciones locales y la presión sobre sectores opositores, lo que —según indicó— forma parte de una estrategia para consolidar el control político. En ese contexto, aseguró que el país vive un proceso de reorganización del poder bajo un esquema de excepción permanente.
Pese a ello, el sociólogo sostiene que el escenario también podría abrir un nuevo ciclo de movilización social. “La historia no se hace solo desde arriba. En Ecuador existe una capacidad de resistencia social que probablemente se fortalecerá frente a este escenario”, concluyó.
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