Hace 14 mil años, cuando los hielos de la última glaciación cubrían buena parte del sur de Chile, algunas cumbres de la Cordillera de la Costa —en particular las de Nahuelbuta— quedaron libres de hielo. Ese refugio permitió que cientos de especies sobrevivieran y, con el tiempo, repoblaran lo que hoy conocemos como el Bosque Templado Lluvioso Valdiviano. Ese origen glacial explica en gran parte por qué Nahuelbuta es hoy un área prioritaria de conservación a nivel mundial, con un altísimo grado de endemismo.
Un reservorio único de vida
El libro Cordillera de Nahuelbuta: Reserva Mundial de Biodiversidad, editado por WWF Chile, documenta la magnitud de esa riqueza. Según explica la bióloga Alexia Wolodarsky-Franke, una de sus autoras, en la zona existen 690 especies de plantas vasculares, de las cuales cerca de un 38% son endémicas. Ese porcentaje representa, además, más de la mitad de todas las especies vegetales endémicas del país.
La vegetación cambia con la latitud y la altura: en el norte de la cordillera predominan peumos, radales y litres propios del Bosque Maulino, junto con robles, queules y mañíos de los bosques caducifolios de Concepción. Más al sur, y por sobre los 600–1000 metros de altitud, aparecen los bosques montanos característicos de Nahuelbuta, dominados por la araucaria, acompañada de coigües, lengas y ñirres.
La riqueza no se limita a la flora. Cerca de un tercio de los sapos y ranas de Chile habitan en Nahuelbuta, y cinco de esas especies —entre ellas el sapo de Nahuelbuta y el sapo de Contulmo— son endémicas del lugar. Se han registrado además 108 especies de aves, incluyendo al choroy y la cachaña, claves para dispersar las semillas de araucaria, y entre los mamíferos destaca el zorro de Darwin, uno de los cánidos con distribución más restringida del planeta y, por lo tanto, más vulnerable a la extinción.
Un ecosistema fragmentado y desprotegido
Pese a su valor, Nahuelbuta arrastra un historial de deterioro severo. De acuerdo con Susan Díaz, coordinadora de Comunicaciones de WWF Chile, la cordillera ha perdido más del 70% de su vegetación original en los últimos 450 años, y el bosque nativo que subsiste está repartido en cerca de 12 mil fragmentos aislados entre sí, lo que dificulta la regeneración natural y el desplazamiento de las especies.
La protección oficial es mínima: solo 7 mil hectáreas de bosque nativo —apenas un 3,5% del total— están resguardadas por el Estado a través del Parque Nacional Nahuelbuta y el Monumento Natural Contulmo. El resto del territorio enfrenta amenazas constantes: incendios, sustitución por plantaciones forestales, manejo intensivo, extracción no regulada de recursos, falta de monitoreo, pobreza rural y ausencia de alternativas productivas sustentables.
Un estudio de la Universidad de Concepción, basado en encuestas a actores locales, identificó los servicios ecosistémicos más valorados por las comunidades de la zona: la regulación del ciclo hidrológico, el control de la erosión y la regulación de la temperatura. Esa jerarquía debería orientar cualquier estrategia de restauración, ya que apunta directamente a lo que la propia gente de Nahuelbuta necesita del bosque para su bienestar.
Frente a este panorama, especialistas como Wolodarsky-Franke plantean que el ecoturismo articulado con las áreas protegidas —públicas y privadas— podría ser una vía para reconectar los fragmentos de bosque e involucrar a las comunidades vecinas. El agroturismo y la puesta en valor de los productos forestales no madereros aparecen como otras oportunidades concretas para conservar el territorio sin excluir a quienes viven en él.

El caso del Cañetazo: cuando el deporte presiona el territorio
Ese equilibrio, sin embargo, se pone a prueba con eventos como el Cañetazo, la competencia de enduro que se realiza cada año en Cañete. La versión 2026 reunió a más de 750 pilotos de distintas regiones del país y convocó a miles de asistentes, con la participación de figuras del Dakar como Ruy Barbosa y Belén Norambuena, y el respaldo protocolar de autoridades comunales, entre ellos el Alcalde de Cañete, Jaime Radonih, los concejales Pamela Salgado y Miguel Sáez. El evento, organizado por el Team Enduro Cañete junto a la Municipalidad, tuvo un impacto económico real en la hotelería, la gastronomía y los servicios de la provincia de Arauco.
El problema, según ambientalistas y vecinos de la comuna que conversaron con elmaipo.cl, no es la actividad en sí misma, sino su localización. Aun cuando existen caminos y senderos forestales disponibles, la competencia ingresaría en zonas y áreas protegidas, con impactos directos sobre el suelo, el agua y las especies nativas que habitan justamente los sectores más frágiles de la cordillera.
Las propias comunidades han planteado que no se oponen al enduro, pero sí a que se realice sin una planificación adecuada. La demanda es concreta: definir trazados racionales que aprovechen los senderos ya existentes en predios forestales aptos para este uso, y evitar el ingreso a la zona de amortiguación (buffer) del Parque Nacional Nahuelbuta, para no comprometer uno de los ecosistemas más prístinos y biodiversos de Chile.

Una tensión que no es nueva
El caso del Cañetazo ilustra un dilema recurrente en Nahuelbuta: el mismo territorio que atrae turismo y dinamiza la economía local es el que concentra una biodiversidad única y ya fuertemente degradada. La diferencia entre que esa actividad sea compatible con la conservación o un factor más de deterioro depende, en gran medida, de decisiones de planificación y ordenamiento territorial que hasta ahora han sido escasas.
Con menos del 4% del bosque nativo bajo protección efectiva y una fragmentación que ya supera los 12 mil parches aislados, Nahuelbuta tiene poco margen para absorber nuevas presiones sin una gestión más rigurosa. La exigencia de comunidades y organizaciones ambientales apunta justamente a eso: no a frenar el desarrollo local, sino a ordenarlo para que no comprometa lo que hace de esta cordillera un patrimonio natural irrepetible.
El Maipo




