Así se desprende del más reciente Informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos sobre deuda pública, en donde la economía mexicana solo está por detrás de Islandia en cuanto a la exposición de sus obligaciones a las fluctuaciones de los mercados financieros y las variaciones en las tasas de interés.
El documento detalla que, mientras la mayoría de las economías desarrolladas mantienen el grueso de su deuda en instrumentos con intereses invariables para garantizar estabilidad, México forma parte de un reducido grupo de siete naciones donde menos del 70% del saldo total está bajo este esquema.
Esta composición implica que una parte significativa de los compromisos financieros del país está sujeta a tasas variables o vinculada a indicadores inflacionarios, lo que requiere una gestión fiscal más activa ante la volatilidad global.
La OCDE señala que esta particularidad en la estructura de la deuda mexicana responde, en parte, a la estrategia de financiamiento que busca atraer inversionistas mediante instrumentos indexados o de corto plazo.
No obstante, el organismo advierte que mantener una proporción elevada de deuda a tasa variable puede incrementar el costo del servicio de la deuda si las condiciones monetarias se endurecen o si las presiones inflacionarias persisten por encima de las metas establecidas por el Banco Central.
El organismo internacional instó además a las autoridades financieras mexicanas a continuar con la consolidación fiscal gradual para asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo.
En ese sentido, la OCDE reconoció la “estabilidad macroeconómica” del país latinoamericano y la resiliencia de su sistema financiero frente a un entorno internacional marcado por la incertidumbre geopolítica y las barreras comerciales.
El Maipo/Sputnik




