Jueves, Marzo 12, 2026

Mapeando la ultraderecha estadounidense: el caso de Patrick Deneen y el posliberalismo. Por Eugenio Rivera Urrutia

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¿Quién es Patrick Deneen? Es católico, profesor ciencia política de la Universidad de Notre Dame, autor de los libros “¿Por qué fracasó el liberalismo?” (2018); “Regime Change. Toward a Postliberal Future” (2023) y coautor del Substack “The Post Liberal Order”. Pertenece al grupo autodenominado “Posliberales” Según Laura Field, autora de uno de los libros, hasta ahora más importante, sobre la nueva derecha “Furious Minds. The Making of the MAGA New Right” pertenecen a este grupo: el vicepresidente de los EEUU; el constitucionalista Adrian Vermeule, el ex encargado de las páginas editoriales de New York Post, Sohrab Ahmari y Gladden Pappin, ciudadano estadounidense y húngaro y presidente del Instituto Húngaro de Relaciones Internacionales.

¿Por qué hablar de Deneen en Chile?

J.A. Kast encabeza un partido cuyo pensamiento político ha sido poco explicitado.  Su trayectoria política ha dejado en evidencia un compromiso con la guerra cultural (basta recordar el trato dado a Daniela Vega protagonista de la película “Una mujer fantástica” ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa), su crítica a lo que llamó la “derecha cobarde”; el desempeño ultra ideologizado del partido Republicano en el segundo proceso constituyente y el discurso dado, por el presidente electo en el parlamento europeo. Complementa lo anterior que sus referentes políticos internacionales son Donald Trump, Orban, Bukele, Milei, Bolsonaro y Meloni.

No obstante, estos distintos líderes presentan diferencias sustantivas entre sí tanto en lo referido a sus definiciones ideológicas como en sus estilos políticos. Mientras Milei se presenta como un anarco libertario y con un discurso económico neoliberal, Trump aparece como un fuerte crítico del orden neoliberal interno y externo, ha tomado medidas que incluyen algunas propias de la política industrial e impulsa una política iliberal. Aunque varios de estos líderes usan un lenguaje confrontacional, tratan a sus adversarios como enemigos y traidores a la patria, Kast ha mantenido en general una cierta moderación en su lenguaje.  Ello se desdibujó tanto en la campaña presidencial en la cual sostuvo la idea que el país vivía un desastre, totalmente incoherente con las cifras en los distintos ámbitos de la política pública como en su discurso (https://www.latercera.com/politica/noticia/con-mencion-a-jaime-guzman-kast-cierra-gira-en-belgica-con-su-discurso-mas-ideologico/) en la VII Cumbre Transatlántica en Bruselas, un foro -que convoca a líderes conservadores y de ultraderecha- organizado por el Political Network for Values (PNfV). Cristián Valenzuela, su principal asesor, se ha hecho conocido por su lenguaje procaz. JJ Brunner considera que Kast busca “sustituir a la “derechita cobarde”, tibia y consensualista; aquella que, a ojos de republicanos y nacional-libertarios, traicionó los principios al ceder frente a la hegemonía cultural de la izquierda. La vanguardia renovada se fundaría sobre la base de un núcleo conservador cristiano y un neoliberalismo recargado, heredero de una concepción de “democracia protegida” y un énfasis absoluto en la “seguridad nacional” entendida como seguridad interior del Estado, en línea con la doctrina inaugurada durante la dictadura de Pinochet. Dicha vanguardia es continuadora, por ende, de una tradición de derecha dura, situada en las antípodas de los liberales de antaño y de las modernas ideologías liberal-democráticas (https://brunner.cl/2025/12/la-derecha-hegemonica-los-dilemas-del-nuevo-ciclo-politico-chileno/).

Desde nuestra perspectiva, el análisis de las derechas en Chile debe insertarse en lo que constituye la transición global desde la centralidad del pensamiento neoliberal de Hayek y Friedman que operó como guía fundamental de los gobiernos de Reagan, Thatcher y Pinochet en Chile a la disputa entre diferentes corrientes que disputan la hegemonía al interior del sector. Mientras el neoliberalismo sigue siendo importante, aunque en declive, aparecen corrientes católicas fundamentalistas que luchan por el predominio. La gran pregunta es en consecuencia cuál de estas corrientes prevalecerá en lo que será la coalición que sustentará al gobierno de Kast. Una opción es el postliberalismo uno de cuyos principales exponentes es Patrick Deneen.

El sintético debate de la derecha chilena sobre posliberalismo.

Aunque el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) publicó el libro de Deneen. ¿Por qué fracasó el liberalismo? e incluso lo invitó a Chile en el 2019, la crítica al liberalismo desde la derecha es poco conocido y menos debatido. No fue sino hasta el 18 de noviembre del año pasado, inmediatamente después de la primera vuelta presidencial que Juan Ignacio Brito anunció la instalación de un Chile posliberal dando por muerto al liberalismo al señalar de entrada que en “la lista de perdedores del domingo hay uno que se menciona poco: el proyecto liberal. Malherido desde 2019, ahora (se refiere a la primera vuelta presidencial) tuvo un sepelio de primera”. En el Chile posliberal, Brito identifica 3 fuerzas, la izquierda, el populismo y el posliberalismo “encarnado tanto por los republicanos de Kast como por los nacional libertarios de Johannes Kaiser”, para agregar que se asiste a un “revival portaliano”, descartado según Brito, “por la soberbia liberal”. Sebastián Soto, del Centro de Estudios Públicos, en una carta a El Mercurio leyó la columna de Brito, como un llamado a poner fin a la vieja alianza liberal conservadora y a buscar puntos de encuentro entre el posliberalismo y el populismo. Soto llama, por el contrario, a revitalizar la alianza liberal conservadora y descartar la vía propuesta por Brito pues “el populismo envenena todo lo que toca”. La dúplica de Brito es directa y como veremos, más abajo, coincide con el antiliberalismo de Deneen:

Lo que los liberales en todas partes del mundo no parecen comprender es que ellos son parte del problema. Que las reacciones conservadora y populista van, en medida importante, dirigidas contra el proyecto que ellos sustentan. Que son sus excesos valóricos, su elitismo impenitente, su escasa empatía con el dolor y el sufrimiento de grupos muy relevantes, su tecnicismo excesivo, su alianza con el gran capital, incluso su utopismo ilustrado, los que están en la base del retroceso electoral y la distancia con la población que exhiben. Precisamente a eso se refieren la derecha conservadora y los populistas cuando hablan de un retorno al sentido común.

Claudio Alvarado, director del IES reconoce que los temas tratados en el breve debate requieren mayor desarrollo y no descarta la pertinencia de posliberalismo en el Chile de hoy.

La crítica al liberalismo de Patrick Deneen

Los postliberales en su discurso político ponen un gran énfasis en la guerra cultural. La aceptación y defensa de la existencia de muchos tipos de familia es considerada por Deneen como un ataque a la familia tradicional. En este marco critican el supuesto intento de redefinir el papel y la relación de los padres con los hijos en la que los padres son simples fideicomisarios y por tanto su deber es guiarlos en nombre de los valores del estado o del orden político, y que la relación de padre e hijo se entiende a la luz de una especie de delegación a los padres de ese papel. Desde mi punto de vista, parece más bien que los postliberales no asignan rol alguno al Estado ni en la protección de los niños (relevante, por ejemplo, en caso de abusos intrafamiliares) ni en su educación, cuestión que no solo en muchos casos dejaría a muchos niños en una situación desventajosa, sino que, además, debilita la formación democrática de la población. En este contexto, Deneen critica, por ejemplo, la obligación constitucional alemana de enviar a los niños a la escuela a partir de los 6 años, que interpreta como la prohibición de la educación en el hogar. Estas tendencias, según Deneen, representan el intento del liberalismo por desplazar la norma de la familia en favor de la soberanía del individuo y la soberanía de la elección individual que no es sino la expresión “pagana”, originada en los teóricos del pensamiento liberal, de que los seres humanos son autosuficientes creadores de su propio destino. 

Subyace bajo esta visión, la idea de que son los principios inalterables de un presunto derecho natural los que deberían regir la vida de las personas, que Deneen tiende a asimilar a las enseñanzas tradicionales del catolicismo fundamentalista. El divorcio, por ejemplo, no es una respuesta, a la complejidad de la vida en el matrimonio sino expresión de la permisividad liberal. Tomando como referencia los trabajos de Albert Hirschman en torno a las opciones que enfrentan los seres humanos frente a un régimen injusto, esto es salida, lealtad o voz, Deneen cuestiona que el liberalismo facilite el divorcio; la “salida fácil” según Deneen de la relación matrimonial clave y crucial para la formación de la generación siguiente, en lugar de apostar a la lealtad y la voz. Es recurrente entre los postliberales la idea de que son los únicos que se preocupan de la familia y que el resto de las corrientes políticas tiene como objetivo, su destrucción. Lo paradojal en el caso de EEUU, sostiene el columnista del New York Times, Ezra Klein en una entrevista con Deneen, que mientras el expresidente Barack Obama es un hombre de familia, pese a su liberalismo progresista, Donald Trump, quien para muchos representa esta forma de conservadurismo populista, no lo es “mucho”. Más importante aún, sostiene el mismo Klein, es que el apoyo a las familias concentra la atención el debate político entre los partidos.

La defensa de la familia tradicional como la única consistente con la enseñanza divina, se articula con un discurso político que concibe la lucha feminista como una maniobra del capital:

Hoy consideramos que el signo primordial de la liberación de las mujeres es su creciente emancipación de su biología, que las libera para servir a un cuerpo diferente, incorpóreo – la América «corporativa» – y participar en un orden económico que efectivamente obvia cualquier libertad política real. El liberalismo postula que liberar a las mujeres del hogar equivale a la liberación, pero efectivamente pone a las mujeres y a los hombres por igual en una esclavitud mucho más abarcadora (Deneen, Why Liberalism failed, 187; citado por Field, 91 – 92)

De manera similar, Deneen desacredita la lucha antirracista caracterizándola como parte de un esfuerzo de las élites blancas por dividir y conquistar a la clase trabajadora y preservar su propio estatus. De esta forma, el movimiento “Me Too” que muestra la conexión entre los derechos civiles y la libertad frente al acoso sexual que tiene hoy con el caso Epstein una centralidad política crucial en los Estados Unidos o el movimiento “Black Lives Matter” que busca visibilizar el racismo, la discriminación racial y promover el antirracismo, son descalificados por Deneen como manipulaciones de la élite blanca. Como contrapartida, según Deneen, Trump quien se asocia con la “tecno oligarquía” y al 0,001% más rico del mundo cuyo patrimonio según el informe anual del World Inequality Center triplica a los 2800 millones de adultos más desfavorecidos (https://www.infobae.com/america/mundo/2025/12/10/la-concentracion-de-riqueza-en-la-era-digital-el-0001-mas-rico-ya-triplica-el-patrimonio-de-la-mitad-del-planeta/) representa la lucha de los trabajadores: “lo que presenciamos en Estados Unidos es un régimen agotado. El liberalismo no solo ha fracasado, como argumenté en mi último libro, sino que su doble apuesta por el «progreso» económico y social ha generado una forma particularmente virulenta de esa antigua división que enfrenta a «los pocos» contra «la mayoría” (Deneen 2023, Regimen change).

La aproximación a la política del postliberalismo.

La tesis de Deneen de que tanto los conservadores (Republicanos) como los liberales (demócratas) forman parte de una misma expansión liberal en tanto el individualismo y el estatismo van de la mano “a expensas de relaciones vividas y vitales que suponen un contraste tanto con la crudeza del individuo autónomo como a la abstracción de nuestra pertenencia al Estado”. Derecha e izquierda cooperan para la expansión del estatismo”: “esta continuidad subyacente entre la derecha y la izquierda tiene su origen esencial en dos puntos: uno, filosófico, ya que ambas tradiciones, la clásica y la liberal progresista, sostienen en última instancia que el Estado tiene un papel central en la creación y expansión del individualismo; y dos, un elemento práctico y político, que consiste en que este proyecto filosófico conjunto refuerza tanto la expansión del poder del Estado como el individualismo” (Deneen 2019, 40)

La crítica a Hobbes y Locke de que, por muy distintos que sean, “empiezan por concebir a los seres humanos no como partes de un todo sino como todos aparte. Somos por naturaleza «libres e independientes», naturalmente no sujetos a gobierno alguno e incluso no relacionales” (Deneen 2018, 40 – 41) Según Deneen, Hobbes y Locke creen que “la libertad es una condición caracterizada por la total ausencia de gobierno y leyes, en la cual «todo está bien», es decir, todo lo que puede ser deseado por un individuo puede ser realizado. Incluso si tal condición parece insostenible, la definición de la libertad natural propuesta en la «condición natural» se convierte en una idea regulativa, que dice así: la libertad es, en términos ideales, la capacidad del agente.

Su crítica tiene dos componentes principales. Para Deneen, el mundo de hoy se parece cada vez más al estado de naturaleza, concepto que utilizó Thomas Hobbes en su obra Leviatán: “estamos cada vez más solos, se ha perdido nuestra naturaleza relacional de hecho cada vez las personas tienen menos relaciones, es menos probable casarse y que tengamos hijos, tenemos menos amigos hoy que hace una generación. Y tenemos menos amigos cercanos que hace una generación. Se vive una crisis de soledad que necesita ser tratada. Y entonces, lo sorprendente de esto es que la teoría del estado de naturaleza de Hobbes se ha materializado no porque sea nuestra naturaleza, sino por este tipo de aparato, por esta enorme estructura del mundo moderno.  Y estamos viendo la acumulación continua de este tipo de datos. Concluye que liberalismo fracasó porque el liberalismo triunfó”.

Intentando explicar la aproximación a la política en su libro ¿Por qué fracasó el liberalismo” Deneen emplea la frase “utilizando medios maquiavélicos para fines aristotélicos” cuyo significado explica de la manera siguiente:

No, y no es lo que la gente piensa. No se trata de un derrocamiento violento del gobierno, sino de una forma fundamentalmente diferente de ver la política. Y, en ese sentido, tiene un atractivo mucho más revolucionario que simplemente derrocar un gobierno. Eso equivaldría a reemplazar a un grupo de personas malvadas por otro grupo de personas malvadas … Pero creo que, en este momento, existe una especie de dominación por parte de las élites sobre la mayoría, sobre la clase trabajadora, sobre las clases bajas, sobre una ciudadanía multirracial, no liberal y sin éxito, que se considera, en gran medida, que, por su propia culpa y sus malas decisiones, no ha tenido éxito en este mundo abierto, acogedor y cada vez más sin fronteras. Y creo que la única manera, en cierto modo, de obligar a esta clase dominante a reconocer quiénes son, el impacto que su enfoque y sus políticas tienen en la gente común es mediante … el contraataque político. 

La famosa declaración de marzo del 2019, “Against the Dead Consensus” (Contra el consenso muerto”)firmado por varios de los intelectuales de la ultraderecha trumpista, entre ellos Deneen, y sus colegas arriba mencionados sintetiza adecuadamente las posiciones del posliberalismo y las razones por las cuales apoyan incondicionalmente al Trump: no hay vuelta atrás al consenso conservador anterior a Trump, que se derrumbó en 2016. Cualquier intento de revivir el fallido consenso conservador que precedió a Trump sería erróneo y perjudicial para la derecha. Rechazan el consenso tradicional pues, no logró retardar, y mucho menos revertir, “el eclipse de las verdades permanentes, la estabilidad familiar, la solidaridad comunitaria y mucho más. Se rindió a la pornografía de la vida cotidiana, a la cultura de la muerte, al culto a la competitividad. Con demasiada frecuencia se doblegó ante un multiculturalismo venenoso y censurador”. Los liberales elevaron juicios y políticas prudenciales a dogmas sagrados: “estos dogmas —el libre comercio en todos los frentes, la libre circulación a través de todas las fronteras, el gobierno pequeño como fin en sí mismo, el avance tecnológico como panacea— excluyen el debate sobre la naturaleza y el propósito de nuestra vida en común”. Se oponen tambien a todo intento de confundir los intereses estadounidenses con la ideología liberal. “Cuando un liberalismo ideológico pretende dictar nuestra política exterior y dominar nuestras instituciones religiosas y caritativas, el resultado es la tiranía, tanto en el país como en el extranjero”. Concluyen señalando:

Contra los que disfrutan de las ventajas, un mundo sin fronteras ofrece nuevas y emocionantes libertades. Pueden ir a cualquier parte, trabajar donde quieran. Pueden llamarse «ciudadanos» del mundo. Pero la visión de la jet set choca con la necesidad humana de una vida en común. Y ha generado resentimientos que apenas comienzan a aflorar. Abrazamos el nuevo nacionalismo en la medida en que se opone al ideal utópico de un mundo sin fronteras que, en la práctica, conduce a la tiranía universal.

(Columna publicada por La Nueva Mirada.cl el 12de marzo de 2026)

Por Eugenio Rivera U. Economista, Director Ejecutivo Casa Común y colaborador de elmaipo.cl

Nota: El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

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