Las precipitaciones acumuladas durante el invierno y la primavera han dificultado las labores en los campos de Ñuble y la zona centro-sur. El trigo, las papas, las legumbres y los frutales enfrentan riesgos productivos, mientras especialistas advierten sobre enfermedades asociadas al exceso de humedad.
Las intensas lluvias registradas durante los últimos meses están complicando el calendario agrícola en la zona centro-sur de Chile. Los suelos saturados han retrasado las siembras y dificultado el ingreso de maquinaria a los predios, mientras que la humedad aumenta el riesgo de enfermedades que podrían afectar los rendimientos.
La situación preocupa especialmente a los productores de la Región de Ñuble, donde los retrasos afectan cultivos como el trigo, las legumbres, las papas y distintos frutales. Según antecedentes del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) y autoridades agrícolas las consecuencias podrían extenderse a la producción y los costos de la temporada.
El trigo enfrenta retrasos y riesgo de enfermedades
Uno de los cultivos afectados es el trigo, cuya ventana óptima de siembra en la zona centro-sur se concentra principalmente en julio y agosto.
La investigadora del programa de mejoramiento genético de trigo de INIA Quilamapu, Dalma Castillo, estimó que cerca del 60% de las siembras se habría realizado fuera del período recomendado debido a las condiciones meteorológicas.
El retraso puede repercutir en los rendimientos, ya que reduce el margen para realizar oportunamente las labores agronómicas posteriores. Además, la combinación de humedad y temperaturas favorables puede propiciar enfermedades fungosas, entre ellas la roya amarilla, que afecta el desarrollo de las plantas.
La investigadora advirtió que, cuando no se aplican medidas de control oportunas, las pérdidas pueden ser importantes. La magnitud del daño, sin embargo, depende de la evolución de la enfermedad y de las medidas que adopte cada productor.
Papas, legumbres y frutales también están en riesgo
Las dificultades no se limitan a los cereales. Las lluvias también han complicado la preparación de terrenos y la planificación de las siembras de papas y legumbres, mientras que en los frutales preocupa el efecto de la humedad durante la floración y el desarrollo de los frutos.
En estas condiciones, los productores pueden enfrentar mayores gastos en tratamientos fitosanitarios y dificultades para ingresar a los predios a realizar aplicaciones, fertilizaciones y otras labores.
El exceso de agua también puede perjudicar la estructura del suelo y afectar las raíces cuando se producen anegamientos. En los frutales, las precipitaciones durante la floración pueden dificultar la polinización, debido a que disminuye la actividad de los insectos polinizadores.
Por ahora, no existe una estimación definitiva de las pérdidas productivas para el conjunto de los cultivos afectados. El resultado dependerá de las condiciones meteorológicas de las próximas semanas y de la posibilidad de recuperar parte de las labores atrasadas.
El impacto podría reflejarse en los costos y los precios
Los retrasos en las siembras y las dificultades para completar las labores agrícolas pueden aumentar los costos de producción y reducir los rendimientos de algunos cultivos.
En Ñuble, las autoridades agrícolas mantienen el seguimiento de la temporada para evaluar los efectos de las precipitaciones. El monitoreo busca identificar los rubros más afectados y determinar si los atrasos pueden compensarse cuando mejoren las condiciones del suelo.
Las consecuencias también podrían alcanzar la comercialización de determinados productos si se registran reducciones significativas en la oferta. No obstante, cualquier efecto sobre los precios dependerá de la magnitud de las pérdidas, la disponibilidad de productos y las condiciones del mercado.
El escenario vuelve a poner de relieve la vulnerabilidad de la actividad agrícola frente a períodos prolongados de precipitaciones, especialmente cuando coinciden con etapas decisivas del calendario productivo.
El Maipo



