El Niño y la crisis climática en Chile: El duro impacto en la agricultura, las exportaciones y la canasta familiar

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Las condiciones meteorológicas en Chile hace rato dejaron de ser un mero espacio tras los noticieros centrales de televisión. Hoy, el clima es, tal vez, una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos y de las autoridades. La condición de base del Cambio Climático, acentuada por un Fenómeno del Niño extremo —que la NOAA estima podría ser uno de los más intensos desde 1950—, ha desencadenado una seguidilla de emergencias en zonas como Atacama, Coquimbo, Arauco y Las Condes. Si bien su impacto más directo y doloroso se refleja en la vida de las personas damnificadas, el fenómeno proyecta en la agricultura consecuencias productivas y económicas de alcance insospechado para los próximos meses.

Ante este panorama, el Gobierno instruyó la declaración de Emergencia Climática Preventiva entre Coquimbo y Biobío, una medida diseñada para movilizar recursos de inmediato ante sistemas frontales marcados por precipitaciones intensas en cortos periodos, granizadas y tormentas eléctricas, siendo una de las zonas más afectadas el valle del Maipo, territorio eminentemente fruticola, vitivinicola y horticultura.

Golpe de gracia a la temporada agrícola en la zona centro-sur

El impacto productivo ya se deja sentir con fuerza en los campos chilenos. Lluvias fuera de temporada, acompañadas de granizo en plena primavera, han afectado gravemente la floración, la cuaja y la maduración de diversos cultivos.

José Miguel Stegmeier, presidente de la Sociedad Agrícola del Biobío (Socabio), advierte sobre la gravedad del escenario:

“Esta es una cuestión que nos está afectando fuertemente como agricultores. Ya tenemos daños evidentes en la fruta. Vemos que muchos frutales, cerezos, manzanos, los mismos nectarines y duraznos han sufrido daño desde el punto de vista de la floración. Cuando hay mucha lluvia y granizos, las flores se desprenden y ya no van a hacer una fruta.”

Stegmeier remarca además la parálisis en la siembra de cultivos tradicionales y de exportación:

Maíz y achicoria: Las precipitaciones de septiembre y octubre han anegado los suelos más arcillosos, impidiendo el ingreso de maquinaria agrícola. En el caso de la achicoria (de donde se extrae la inulina para exportación en Biobío y Ñuble), las siembras tempranas resultaron prácticamente perdidas.

Riesgo en cereales: Con pronósticos que extienden las anomalías climáticas hasta marzo, existe seria preocupación por la futura cosecha de cereales y los daños estructurales dejados por las crecidas de los ríos.

La industria de la cereza: Hasta US$ 850 millones en riesgo

La cereza —el tercer producto más exportado por Chile después del cobre y el salmón— enfrenta el momento más crítico de la temporada. La industria proyectaba un récord histórico de 667.000 toneladas (132 millones de cajas) para el ejercicio 2026-2027, con un alza esperada del 16%. Sin embargo, las inclemencias del tiempo amenazan drásticamente esa meta:

  • Daño por partidura y microfisuras: Las lluvias en el Norte Chico destruyeron entre el 70% y el 80% de las variedades tempranas (Brooks y Nimba) en la provincia del Limarí. En la provincia de Curicó (Maule), las tormentas y granizadas dejaron pérdidas estimadas de entre 25% y 40%.
  • Efectos a largo plazo y calidad: Experta literatura técnica recuerda fenómenos como la “pasma” de 2022, donde la caída diferida de la fruta se hizo evidente semanas después de la cuaja tras primaveras frías y húmedas. Además, las microfisuras generadas por absorción de agua comprometen los 21 a 23 días de viaje marítimo hacia China —mercado que concentra el 87% de los envíos—, exponiendo la producción a graves castigos de precio.
  • Impacto financiero: Basado en el valor medio de exportación de la temporada previa (US$ 4,55/kg), las estimaciones proyectan escenarios de pérdida escalonados:
  • Daño moderado (-5%): US$ 150 millones no exportados.
  • Escenario similar a 2023-24 (-17%): Cercano a US$ 515 millones en pérdidas.
  • Escenario severo similar a 2015-16 (-28%): Las pérdidas podrían escalar a los US$ 850 millones.

Esta crisis se suma a una industria golpeada estructuralmente: cerca del 60% de la superficie en producción cerró la temporada previa por debajo de sus costos variables, debido a precios a la baja que distan de los máximos de temporadas pasadas, consigna el medio la conexion.cl

Seguridad alimentaria: El bolsillo de los hogares en la mira

El impacto de El Niño y la crisis climática trasciende los mercados de exportación y golpea de manera directa la mesa de las familias chilenas, con un sesgo regresivo sobre los sectores más vulnerables.

Felipe Díaz, creador del Observatorio de Seguridad Alimentaria, destaca durante su conversación con eldesconcierto.cl, que el impacto del alza de precios en productos de consumo básico. A modo de ejemplo, el IPC reportó un aumento del 17,8% en las papas en un solo mes, acumulando un incremento de 49,2% en lo que va del año, reflejo de los descalabros climáticos sobre la oferta nacional.

Vulnerabilidades transversales del sistema alimentario:

  1. Alimentos frescos y nutritivos: Las alertas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) confirman repercusiones en frutas y verduras de estación debido a la pérdida de flores y cuajes por lluvias extemporáneas.
  2. Recursos pesqueros e importaciones: La elevación de la temperatura del océano ha desplazado especies como el jurel a mayor profundidad en búsqueda de aguas más frías, reduciendo su disponibilidad. En el ámbito internacional, El Niño tensiona las cadenas globales de productos importados como el cacao y el café.
  3. El círculo entre clima y alimentación: Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) anticipa que la producción agrícola mundial podría caer hasta un 14% al 2050 sin medidas adaptativas. Paralelamente, el alza de temperaturas reduce la concentración de macronutrientes en los cultivos.

Un desafío que exige respuestas del Estado

Los alimentos representan un 22,2% de la canasta del IPC, pero absorben una proporción significativamente mayor del presupuesto en los hogares de menores ingresos. Con una canasta básica que ronda los $92.000 por persona (unos $270.000 para un hogar de cuatro integrantes), la inflación alimentaria impone una presión insostenible frente al ingreso mediano.

Frente a esta coyuntura, los especialistas enfatizan la necesidad de una estrategia de Estado integrada que combine trabajo científico, apoyo crediticio a los productores golpeados y políticas públicas entre los ministerios de Agricultura, Salud, Economía y Medio Ambiente. La resiliencia y la adaptación productiva se imponen como la única vía para resguardar tanto el motor exportador del país como el acceso de la población a alimentos nutritivos y asequibles.

El Maipo

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