…Aquel fatídico día domingo 28 de marzo del año 1965, a las 12 del día, nada hacía presagiar la destrucción y miseria que se cernía sobre el apacible y aún somnoliento pueblito minero de “El Cobre”. Éste, un pequeño villorrio ubicado a un costado de la Ruta 5 Norte, próximo a El Melón y a La Calera, en la V Región de Valparaíso, era un abigarrado conjunto de casas que habían nacido y crecido al amparo de la Mina “El Soldado”, perteneciente a la Compañía Disputada de Las Condes. El Pueblito de “El Cobre”, así llamado entonces, era un poblado habitado exclusivamente por los mineros que trabajaban para aquella empresa minera, más sus respectivas familias.
Ese lejano domingo del año 65, entibiado tímidamente por tenues rayos de sol, veía ir y venir por sus callejuelas a una multitud de personas que recién comenzaban el día luego de un reparador descanso. Algunas concurrían con prontitud a la pequeña iglesia del pueblo a reafirmar sus votos religiosos, mientras otras, tendían su ropa recién lavada aprovechando la agradable brisa del ambiente. Todo era calma y quietud.
Sin embargo, minutos después, un atronador sonido se dejó escuchar en el poblado, seguido de un cataclísmico movimiento de la tierra que parecía querer abrirse por la mitad y tragar con furia todo aquello que estaba en su superficie. Se trataba de un poderoso terremoto que azolaba una vez más, y sin misericordia, a nuestro país… Era el tristemente célebre “Terremoto del año 65”.
Cientos de personas corrían desesperadamente por las angostas calles del poblado gritando e intentando reunirse con sus seres queridos, mientras otras, huían de las viviendas bajo el peligro de que éstas colapsaran y se derrumbaran de un momento a otro… Y sin embargo, pese a todo ello, el horror para los habitantes del pueblito sólo había comenzado.
Un sonido seco, pétreo y atronador se dejó sentir desde el sector de la Mina “El Soldado”. Se trataba de la ruptura súbita e imprevista del tranque de relaves de la mina ocasionado por el fuerte terremoto que castigaba la región. Las paredes del tranque se agitaron como si se tratara de un animal agónico, en estertores fuertes y espasmódicos, hasta que éstas se rompieron completamente, colapsando por todas sus secciones de manera inmisericorde.
El líquido viscoso del tranque de relaves originó una avalancha de muerte y destrucción que se abrió paso en dirección al pueblito de “El Cobre”, distante escasos metros de éste. Las personas que se percataron de la gravedad de la situación intentaron dar aviso a sus familias y vecinos, pero la rapidez con que descendía el mortal alud no les dio tiempo a prácticamente nada. La gente escapaba con lo puesto tratando de protegerse del alud de material pétreo que venía como un ángel de la muerte desde el otrora apacible y silente tranque, pero ya todo esfuerzo era inútil, y para tomar medidas de prevención, cualesquiera que ellas fueran, era demasiado tarde…

En cosa de minutos, el líquido tóxico sepultó al poblado minero de “El Cobre” casi en su totalidad. La masa gris destruyó a su paso árboles, casas, construcciones, estructuras de trabajo y cuanto ahí había. Y en cosa de minutos, tan rápido como llegó la muerte a aquel rincón de nuestro país, el movimiento de la tierra cesó, y gran parte de “El Cobre” yacía bajo el relave, sepultado literalmente en vida. Ya nada se podía hacer; todo esfuerzo era inútil, y sólo quedaba comenzar la tarea de buscar a la familia y parientes bajo aquel desolador panorama de destrucción apocalíptica.
Durante ese oscuro día domingo para la historia de Chile, en aquel lugar perdieron la vida más de 400 personas; mujeres, niños, hombres, ancianos, familias completas desaparecieron enterradas vivas. El alud avanzó luego con fuerza destructora por un pequeño cauce fluvial que hoy en día aún existe, y los testigos de ese horror señalan que eran decenas los cadáveres que el río arrastraba junto a piedras, maderos y restos de edificaciones.
Unas minutos después comenzaron a llegar al lugar Bomberos, Carabineros, integrantes de la defensa civil, los Scouts; más tarde el ejército tomó control de la situación.
Las labores de búsqueda tomaron más de un mes. Al lugar de la tragedia llegó el Presidente de la República, Ministros y políticos a enterarse de la situación.

Luego de esta tragedia, la empresa Minera Disputadas de Las Condes estuvo cerrada por 20 días… ya no había que arreglar los caminos y reabrir la mina, que estaba tapada. Después de ese tiempo, se dio por terminada oficialmente la búsqueda de cadáveres.
El relave se había solidificado fuertemente para las máquinas, lo que hacía imposible continuar la búsqueda. Dicho sea de paso, cientos de personas aún yacen bajo el endurecido relave, que cual cripta, contiene sus cuerpos a modo de un cementerio natural.
En el año 1966, a un año de la tragedia, se creó un parque con el nombre de “Parque de los Mineros”. Este recinto fue inaugurado por las autoridades del Gobierno de ese entonces en el lugar donde antaño estuvo el pueblo minero de “El Cobre”, a modo de un cementerio para todas aquellas personas que nunca pudieron ser rescatadas y cuyos cuerpos quedaron enterrados bajo el mortal alud.
Simbólicamente, donde se suponía que existió una casa de alguna familia, se instaló una sepultura o una pequeña “animita”. La Iglesia Católica del lugar milagrosamente no sufrió daños. En el “Parque de Los Mineros” también se han construido varios monolitos en honor a las víctimas de esta desconocida tragedia.
Últimamente, he tenido la oportunidad de conversar con algunas personas que viven en El Melón, o en la ciudad de La Calera, respecto a este lamentable acontecimiento, y todas ellas relatan que en medio de la noche, en aquel lugar donde antaño estuvo ubicado el pequeño pueblo minero de “El Cobre”, es posible escuchar voces, algunas veces lamentos, gritos, e incluso ver la silueta de personas que se desplazan por entre los arbustos y árboles que han crecido con el tiempo al amparo de aquel lugar de muerte y destrucción. Son sin lugar a dudas, las almas de aquellos infortunados que tienen ese lugar como morada eterna…
*Del Libro “Cuentos e Historias Asombrosas” de Roberto Contreras Silva.
El Maipo.




