Por Kayleigh Long
Antes del inicio de la guerra, en febrero de 2026, se recibieron buenas noticias para los guepardos asiáticos de Irán, una especie en peligro de extinción. Guardabosques avistaron y firmaron a una hembra en la provincia de Khorasan del Norte acompañada de cinco cachorros, un hecho sin precedentes. Nunca antes se habían visto más de cuatro y cada ejemplar cuenta.
El guepardo asiático (Acinonyx jubatus venaticus) es el felino más amenazado del mundo y el número de ejemplares en estado salvaje ascendió a 27. Bagher Nezami, director nacional del Proyecto de Conservación del Guepardo Asiático, declaró a los medios estatales iraníes que se trataba de guepardos con identificación, individuos conocidos que estaban siendo monitoreados por investigadores. Otros cinco permanecen en zonas de cría y seis en cautividad, añadió.
Esto representó un avance significativo: en agosto del año pasado, el Tehran Times informó que solo quedaban 20 ejemplares en estado salvaje.
Nueve días después del avistamiento de los cinco cachorros, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán, lo que provocó una rápida represalia que desde entonces se ha convertido en un conflicto regional con repercusiones mundiales y que supone una nueva amenaza para un gran felino que se encuentra al borde de la extinción.

Una especie al borde de la extinción
El guepardo asiático habitaba antiguamente todo Asia Central y Sudoccidental, con una distribución que abarcaba desde la Península Arábiga hasta el Mar Caspio y llegaba hasta la India. Sin embargo, este felino fue erradicado de la mayor parte de su hábitat durante el siglo XX, debido a una combinación letal de caza, pérdida de hábitat y disminución de presas. Actualmente, su población se limita al 16 % de su antiguo territorio, confinado a Irán. No se ha encontrado evidencia física de su presencia en otros lugares desde 1982.
Este guepardo fue declarado especie protegida en Irán en 1959 y fue objeto de esfuerzos de conservación durante las décadas de 1960 y 1970. Sin embargo, los años de la agitación que siguió a la Revolución iraní de 1979 y, posteriormente, a la guerra Irán-Irak se han denominado «años perdidos» para la conservación de la especie.
Para la década de 1990, el guepardo asiático prácticamente había desaparecido, con una población diezmada por atropellos, caza furtiva, conflictos entre humanos y fauna silvestre, disminución de presas y pérdida de hábitat. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la autoridad mundial en conservación de la vida silvestre, declaró a esta subespecie En Peligro Crítico de extinción en 2008.
Los esfuerzos por salvar a los guepardos han estado plagados de dificultades, en parte debido a las tensiones geopolíticas, especialmente durante la última década. El caso de la Fundación para el Patrimonio de la Vida Silvestre Persa, en el que nueve conservacionistas de guepardos fueron acusados de espionaje y encarcelados en 2018, paralizó la colaboración científica internacional.
Las sanciones occidentales contra Irán también han tenido un impacto negativo. “Actividades cruciales como el monitoreo, la aplicación de la ley y el desarrollo de infraestructuras que favorezcan la vida silvestre han disminuido”, escribieron los autores de un estudio de 2025 publicado en la revista People and Nature. “Estas limitaciones han contribuido a una disminución en la disponibilidad de presas y a un aumento en la mortalidad directa de guepardos, particularmente por accidentes de tránsito”.
En junio de 2025, la guerra de doce días con Israel y Estados Unidos llevó al gobierno iraní a imponer restricciones más estrictas a actividades clave para la conservación del guepardo, incluyendo el trabajo de campo y la recopilación de datos. Sin embargo, existía un cauto optimismo respecto a la reanudación de la colaboración con socios internacionales, que aportarían recursos y conocimientos invaluables. En agosto del año pasado, un funcionario declaró a los medios estatales que la conservación del guepardo era una de las principales prioridades del Departamento de Medio Ambiente.
“La posible extinción del felino más escaso del mundo se ha convertido en un símbolo de nuestros desafíos y responsabilidades hacia la naturaleza de Irán”, afirmó la jefa del departamento, Shina Ansari.

Nueva guerra, nuevas amenazas
Los guepardos que quedan en Irán se encuentran dispersos en hábitats fragmentados y accidentados, incluyendo el vasto y árido desierto de Kavir, que abarca las provincias de Yazd, Semnan, Kerman e Isfahan, en el centro de Irán. Este desierto comprende áreas protegidas, refugios de vida silvestre y parques nacionales. Instalaciones militares en algunas de estas provincias han sido blanco de ataques estadounidenses e israelíes.
Esto ha generado temores entre los conservacionistas, quienes temen que sus vehículos puedan ser confundidos o incluso atacados, «especialmente en los remotos paisajes desérticos donde viven los guepardos», declaró a Mongabay un conservacionista local, quien habló bajo condición de anonimato por motivos de seguridad.
Sarah Durant, experta en guepardos e investigadora de la Sociedad Zoológica de Londres, enfatizó el papel fundamental que desempeñan los científicos de campo, los guardaparques y los pueblos indígenas en la protección de la biodiversidad. Su protección durante los conflictos armados se ha convertido en «un asunto de urgente preocupación internacional», afirmó.
Según explicó, su trabajo los expone a un peligro considerable, pero “a diferencia de los trabajadores humanitarios, actualmente no existe un reconocimiento internacional formal de la condición de los conservacionistas”. Añadió que “dicho reconocimiento podría protegerlos de los ataques y permitirles continuar su labor vital —y de importancia mundial— de protección de la biodiversidad”.
Desde el estallido de la guerra, el acceso a las áreas protegidas y a los hábitats clave del guepardo para los conservacionistas no gubernamentales se ha visto gravemente restringido y los esfuerzos se han ralentizado considerablemente, con interrupciones en el monitoreo a largo plazo, el uso de cámaras trampa y los estudios de campo, según la fuente anónima de Mongabay.
“Para el guepardo asiático, esta situación es particularmente crítica”, afirmaron. “Con una población restante tan reducida, cualquier interrupción en la protección y el monitoreo puede tener graves consecuencias. La menor presencia [de conservacionistas] sobre el terreno y la menor prioridad que se le da aumentan los riesgos de caza furtiva, mortalidad en carreteras y alteración del hábitat”.
La mayoría de las ONG ambientales en Irán han suspendido su trabajo. La comunicación es difícil o imposible, ya que el país se encuentra bajo un bloqueo de internet permanente.
“La situación actual ha intensificado los desafíos existentes”, declaró la fuente anónima. “La conservación en Irán ya estaba bajo una presión considerable debido a problemas de seguridad, financiación limitada y escaso apoyo institucional. Ahora, estas limitaciones son aún más severas”.
Los hábitats remotos están experimentando lo que la conservacionista de aves y educadora ambiental Iman Ebrahimi, radicada en Isfahán, denominó “consecuencias únicas de la guerra”.
“En esas zonas”, dijo, “a veces se observa una situación inusual. Ni los guardaparques ni los cazadores furtivos están activos. A corto plazo, esto puede beneficiar a la vida silvestre y aumentar la seguridad, pero plantea serias preocupaciones sobre la sostenibilidad a largo plazo una vez que cambien las condiciones”.
Señaló que los sistemas de monitoreo en línea se han visto interrumpidos, lo que ha generado una mayor dependencia del patrullaje físico, que ahora conlleva nuevos riesgos. La conservación comunitaria también se ve afectada, ya que las comunidades locales enfrentan problemas económicos y de seguridad.
Las crisis “tienden a reducir la participación en la gobernanza”, afirmó el conservacionista anónimo. “La participación no gubernamental disminuye drásticamente y la conservación se centraliza y pasa a estar controlada por el Estado. En Irán, este cambio es particularmente preocupante, ya que la conservación efectiva siempre ha dependido de la colaboración y la confianza entre los diferentes actores”, añadió. “La reducción del espacio para la participación no gubernamental es uno de los riesgos más graves para los resultados de la conservación”.
Hasta el momento, el impacto de la guerra en la conservación en general, dijo Ebrahimi, es “bastante desigual”. “No es simplemente negativo o positivo, sino que depende mucho del contexto”, añadió.
“Lo realmente interesante es que las zonas donde la conservación ha estado más arraigada socialmente, donde la protección cuenta con el apoyo de la población local y las relaciones interpersonales, en lugar de depender únicamente de la aplicación formal de la ley, parecen estar resistiendo mejor en estas condiciones”, añadió.
![El paisaje ondulado del desierto de sal de Irán, Dasht-e Kavir, recuerda a una pintura abstracta en esta imagen de Sentinel-1. Este paisaje accidentado es el hábitat del guepardo asiático. La imagen contiene datos modificados de Copernicus Sentinel [2016], procesados por la Agencia Espacial Europea (CC BY-SA 3.0 IGO).](https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/04/18114350/Dasht-e_Kavir_pillars.jpg)
Tecnología para la conservación
A diferencia de sus congéneres africanos que habitan las llanuras, los guepardos asiáticos prefieren vivir en terrenos montañosos y son notoriamente difíciles de monitorear, debido a sus amplios territorios y baja densidad de población. Por lo tanto, los conservacionistas dependen en gran medida de las cámaras trampa con sensor de movimiento para rastrear e identificar a cada ejemplar. Las restricciones a la importación han limitado o impedido la adquisición de tecnología de conservación de alta calidad y actualmente no se permite el uso de dispositivos satelitales o con tarjeta SIM.
El uso de cámaras trampa generó controversia en 2018, cuando conservacionistas de la Fundación para el Patrimonio de la Vida Silvestre Persa fueron arrestados y acusados de espionaje. Sin embargo, desde entonces se ha reanudado el uso de cámaras trampa para el monitoreo de guepardos.
Mientras tanto, los collares GPS que rastrean los movimientos de los animales se encuentran entre las herramientas más importantes para la conservación de especies de amplio rango o difíciles de avistar. En 2007, los biólogos colocaron collares GPS a guepardos y, en 2014, también los utilizaron para estudiar leopardos persas (Panthera pardus saxicolor).
Una investigación publicada el año pasado señaló que, si bien las cámaras trampa ofrecen datos valiosos sobre la presencia de guepardos, no logran revelar patrones de movimiento precisos. Los autores recomendaron el uso de collares GPS.
“La telemetría satelital es crucial para subsanar esta deficiencia, especialmente considerando que quedan menos de 30 individuos”, indicó el informe. “Los collares GPS pueden proporcionar información esencial sobre el uso del hábitat, los movimientos y la supervivencia, lo que permite desarrollar estrategias de conservación más efectivas”.

Caminos hacia la extinción
A pesar del riesgo inminente de extinción, los conservacionistas del guepardo celebran “momentos de esperanza”. La guepardo hembra filmada en el Refugio de Vida Silvestre de Miandasht en febrero es bien conocida por los conservacionistas, quienes la llaman Helia.
Fue avistada en agosto de 2022 en la Reserva de la Biosfera de Turan con cuatro cachorros, pero al mes siguiente, una cámara trampa la mostró con solo dos.
En 2024, Helia fue vista nuevamente con otros dos cachorros en el Refugio de Vida Silvestre de Miandasht. Fue el primer avistamiento confirmado de un guepardo en la zona en seis años, y había viajado más de 130 kilómetros para llegar allí desde la reserva de Turan.
Sin embargo, uno de los dos cachorros fue atropellado por un vehículo en la llamada “Carretera de la Muerte”, la ruta Meyami-Sabzevar que atraviesa la provincia de Semnan, en el norte del país. Durante siete noches después de la muerte de su cachorro, Helia permaneció cerca de la carretera y voluntarios se mantuvieron alerta para bloquear el tráfico en caso de que ella y su cría restante intentaran cruzar de nuevo.
Antes de este incidente, las autoridades habían celebrado que no se hubiera registrado ninguna muerte de guepardos en carretera durante el año. Más de la mitad de las muertes de guepardos registradas en Irán se deben a accidentes de tránsito.
Con tan pocos guepardos asiáticos restantes, cada muerte supone un duro golpe para las perspectivas de supervivencia de la subespecie. Esto quedó de manifiesto en un caso particularmente devastador en 2023, cuando una guepardo hembra fue atropellada y murió en una carretera a las afueras de la ciudad de Meyami, en la provincia de Semnan, al este de Teherán. La autopsia reveló que estaba preñada de tres cachorros.
Los esfuerzos para reducir la mortalidad de la fauna silvestre han incluido la instalación de vallas, cámaras, el cumplimiento de los límites de velocidad y la construcción de pasos subterráneos; los estudios demuestran que los guepardos utilizan estos pasos.
Futuro en juego
Los pocos guepardos salvajes que quedan en Irán están identificados con una tarjeta de tres dígitos que documenta su sexo y proporciona muestras de sus manchas en el hombro, el flanco y la grupa. Al igual que las huellas dactilares humanas, las manchas de cada guepardo son únicas.
Además de prevenir muertes por atropellos, conflictos entre humanos y fauna silvestre y la caza furtiva, se ha debatido ampliamente sobre la mejor manera de asegurar el futuro de esta subespecie.
Los guepardos asiáticos sufren de baja diversidad genética y endogamia, lo que amenaza la inmunidad y la supervivencia a largo plazo de cualquier especie. Los experimentos de Irán con la cría en cautividad no han tenido éxito. Mientras tanto, menos de la mitad de las crías sobreviven más allá de su primer año, según una década de datos de monitoreo incluidos en un estudio publicado el año pasado. Algunos expertos abogan por la introducción de guepardos africanos para ampliar la diversidad genética.
Los conservacionistas afirman que se requieren soluciones in situ y, preferiblemente, un enfoque holístico en lugar de centrarse en una sola especie.
“Las especies de presa, como las gacelas y los ungulados silvestres, también están sometidas a una mayor presión”, afirmó el conservacionista anónimo. “La caza podría aumentar debido a las dificultades económicas y la menor vigilancia en las áreas protegidas empeora la situación. Esto afecta directamente al guepardo, ya que la disponibilidad de presas es esencial para su supervivencia”.
Existen otras preocupaciones graves. El árido centro de Irán se enfrenta a una grave amenaza por el cambio climático y la región ha sufrido varios años consecutivos de sequía, lo que tiene un impacto devastador en los ecosistemas y las especies que dependen de ellos.
El conservacionista anónimo señaló que es importante comprender que la conservación en Irán “no se ve limitada por la falta de conocimiento o compromiso. Las principales limitaciones son estructurales y contextuales”. A pesar de los numerosos riesgos y desafíos, añadió, “muchos conservacionistas continúan su labor en condiciones extremadamente difíciles”.
Es posible que los esfuerzos de conservación no se reanuden cuando cesen los bombardeos. “Los esfuerzos de recuperación tras un conflicto rara vez tienen en cuenta el medioambiente, y mucho menos la fauna silvestre… especialmente cuando hay una crisis humanitaria en curso”, declaró Peter Zahler, director de conservación de campo del Zoo New England, a Mongabay por correo electrónico. “Es absolutamente crucial que los esfuerzos de conservación intenten continuar a pesar del conflicto, e incluso debido a él”.
El daño causado hasta ahora en esta guerra probablemente implicará una reducción de los recursos dedicados a la conservación, afirmó Jamshid Parchizadeh. Es investigador científico en la Universidad Estatal de Michigan y ha trabajado como biólogo de vida silvestre en Irán en proyectos relacionados con leopardos, guepardos, osos, lobos, hienas y ciervos.
“Cuando esta guerra termine —si es que alguna vez termina— el gobierno de Irán tendrá que invertir todos sus recursos en la reconstrucción del país, incluyendo la infraestructura dañada o destruida durante el conflicto”, declaró Parchizadeh. “Las casas de la gente han sido dañadas o destruidas y es evidente que necesitarán un lugar donde vivir. ¿Quién debería ayudar a estas personas sin hogar? Esto requiere mucho dinero. Estas serán las prioridades del gobierno”.
“Antes de la guerra, la conservación del guepardo recibía una financiación limitada del gobierno”, afirmó Parchizadeh. “Pero después de la guerra, dudo que al gobierno le quede dinero para la conservación del guepardo”.
*Imagen principal: los guepardos asiáticos alguna vez habitaron Asia Central y Sudoccidental, con un área de distribución que abarcaba desde la Península Arábiga hasta el Mar Caspio y tan al este como la India. Foto: Ehsan Kamali/Agencia de Noticias Tasnim vía Wikimedia Commons (CC BY 4.0)
El Maipo/Mongabay




