Por Ambientum Portal Ambiental
El horizonte climático global enfrenta una amenaza sin precedentes debido a las políticas energéticas que planea impulsar la administración de Donald Trump. Según una advertencia lanzada por Greenpeace la semana pasada, la reactivación de proyectos extractivos en zonas estratégicas como Groenlandia y Venezuela podría disparar las emisiones de carbono a niveles catastróficos, dinamitando los esfuerzos internacionales de descarbonización.
En vísperas del Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2, la organización ecologista ha presentado proyecciones alarmantes. Si se quemaran las reservas de gas y petróleo en Groenlandia bajo el impulso de la nueva política estadounidense, la isla emitiría tanto CO2 como toda España durante 40 años. Por otro lado, si Venezuela triplicara su explotación petrolera, expulsaría en un solo año tanto carbono como toda la industria marítima mundial.
Emisiones por combustibles
Este panorama surge en un momento crítico. Datos recientes de Global Carbon Budget revelan que las emisiones por combustibles fósiles marcaron un nuevo récord el año pasado, con un incremento del 1,1% hasta alcanzar las 38.100 millones de toneladas de CO2. En Europa, la tendencia también fue al alza, con un repunte del 0,4%. Ante estas cifras, Greenpeace insiste en la urgencia de abandonar el petróleo, el gas y el carbón, señalados como los principales responsables de las olas de calor, sequías e inundaciones que asolan el planeta.
El compromiso internacional, sin embargo, busca resistir. Más de 80 países, incluida España, respaldaron en la reciente cumbre COP30 de Belém (Brasil) la elaboración de un plan para el abandono gradual de estos combustibles. Este esfuerzo tendrá una cita clave los próximos 28 y 29 de abril en Santa Marta (Colombia), donde se celebrará la I Conferencia Internacional para el Abandono Justo de los Combustibles Fósiles.
Calentamiento global
La urgencia no es solo política, sino física. El Acuerdo de París, que busca limitar el calentamiento global a 1,5 grados, pende de un hilo: apenas quedan unas 170.000 toneladas de margen de CO2 antes de rebasar ese límite, algo que los expertos sitúan antes de 2030. Superar este umbral abriría la puerta a cambios irreversibles y en cascada.
«Cada décima de grado se traduce en más paseos marítimos arrasados, más bosques incendiados, más muertes y más desastres ecológicos», advirtió Pedro Zorrilla, coordinador de Greenpeace España, subrayando que la inacción actual no es solo un riesgo ambiental, sino una amenaza directa para la vida humana.
El Maipo/Ambientum



