Lunes, Junio 8, 2026

La cultura garífuna en Belice: herencia, memoria y resistencia

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(Belmopán) Bajo el intenso sol caribeño, el ritmo de los tambores resuena en las calles de Dangriga, la capital espiritual del pueblo garífuna en Belice, y la historia cobra vida en resistencia.

La cultura garífuna, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2001, sigue resistiendo cada día tambor en mano, contra el olvido.

Ocasión especial resulta cada 19 de noviembre, cuando el país celebra el Día del Asentamiento Garífuna, fiesta nacional que conmemora la llegada de esta comunidad afroindígena a las costas beliceñas en 1802.

La travesía comenzó siglos atrás, con la mezcla de hijos de África que lograron escapar de barcos esclavistas y de pueblos caribes y arahuacos en la isla de San Vicente y Las Granadinas, en el arco de Las Antillas Menores.

En el amanecer de cada 19 del penúltimo mes del año, esa historia cobra vida, al recrear el desembarco ancestral con barcas repletas de hojas de palma y plátano, mientras el sonido de las maracas y los cantos en lengua garífuna inundan el aire.

El corazón de la ceremonia late al compás de los tambores, instrumentos sagrados tallados en madera de caoba con parches de piel de venado o pecarí.

La gastronomía también es protagonista con el hudut (una suerte de puré de plátano con sopa de coco y pescado), el pan de yuca y el infaltable gifiti, un delicioso licor de hierbas.

Por esa razón, no es extraño que ésta nación caribeña se aferre a sus símbolos, deidades y artistas, guardianes de la cultura y la resistencia.

El pueblo garífuna ha dado al mundo artistas excepcionales que han llevado su cultura más allá de las costas de Belice, Honduras, Guatemala y Nicaragua, países donde se encuentran los principales núcleos poblacionales.

Así lo demuestran ejemplos como el de Andy Palacio (1960–2008), embajador Global de la Música Garífuna, maestro indiscutible del género punta rock, la parranda y la música tradicional, los cuales perduran en el imaginario local.

Su álbum Watina (2007) es considerado una obra maestra, aclamado por la crítica internacional.

Andy promovió la lengua y cultura garífuna a través de la Garifuna Collective, una agrupación que fusionó ritmos tradicionales con sonidos contemporáneos.

Otro exponente vivo de la cultura garífuna en Belice es Pen Cayetano, considerado padre del género Punta Rock. Pen es también pintor, con obras que exploran la identidad garífuna.

Su Studio Gallery, en Dangriga, es un centro cultural clave en la enseñanza a niños y jóvenes para preservar la cultura, esfuerzos de los que fue testigo este escribidor.

De especial impacto resulta el grupo Umalali, conocidas como Las Cantadoras Garífunas, que cultivan música tradicional desde voces femeninas.

Los mencionados, junto a otros muchos, no solo preservan su herencia, sino que su arte es un puente entre el pasado y el presente, pues como en su momento sentenció Andy Palacio: «Somos tambores que no callan, historias que no se olvidan».

El Maipo/PL

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