Jim O’Neill, inventor del concepto BRIC, admite que la creación de un sistema financiero alternativo al dólar ya no es una ilusión.
El proyecto de un sistema monetario capaz de competir con el dólar se ha considerado durante mucho tiempo una ambición irreal de los BRICS. Esta percepción está cambiando. Jim O’Neill, el economista que popularizó el acrónimo BRIC a principios de la década de 2000, reconoce ahora que las principales economías emergentes tienen los medios para construir una alternativa creíble al orden monetario dominado por el dólar. Este cambio de perspectiva se produce en un contexto de intensificación de las tensiones geopolíticas y de rápida transformación de las infraestructuras de pago.
El cambio doctrinal de Jim O’Neill ante los avances en la tecnología de pagos.
El veterano de los mercados financieros Jim O’Neill ha reconocido formalmente que la creación por parte de los países miembros de los BRICS de un instrumento financiero alternativo al dólar ya no pertenece al ámbito de la especulación, tras admitir que el G7 ya no puede ignorar la existencia de la alianza. Esta admisión marca una clara ruptura con su postura histórica, ya que anteriormente había calificado cualquier unión monetaria dentro del bloque como un esfuerzo poco realista dadas las divergencias económicas internas. Varios hallazgos corroboran este cambio de postura: •
Jim O’Neill admite explícitamente que su visión anterior está desactualizada frente a la realidad del mercado;
Afirma: “Hace dieciocho meses, si me hubieran preguntado sobre el tema, habría calificado la idea de que los países BRICS crearan alguna alternativa financiera como pura fantasía”;
El papel de la tecnología: el auge de las infraestructuras de pago digitales en los últimos dieciocho meses es el principal motor de esta concienciación;
El historial institucional: el economista recuerda que el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) sigue siendo hasta la fecha el único logro concreto y operativo importante del bloque.
Este cambio radical se explica principalmente por los espectaculares avances tecnológicos en el sector de los pagos digitales y la digitalización del comercio. El progreso técnico de las infraestructuras financieras permite ahora concebir redes de transferencia interbancaria transfronterizas altamente eficientes, libres de los circuitos tradicionales dominados por las instituciones estadounidenses. Para profundizar en esta transición, O’Neill descarta el escenario de una única moneda de reserva global que suplante abruptamente al dólar en todos sus usos. En cambio, destaca la aparición de un instrumento de liquidación comercial especializado y estructurado en torno a una cesta de monedas ponderada según el peso económico de las naciones participantes. A pesar de esta apertura respecto a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de pago, el analista mantiene una visión crítica sobre la trayectoria del grupo. El bloque aún necesita demostrar su capacidad para transformar estas herramientas tecnológicas en estructuras sostenibles capaces de competir con la hegemonía del sistema bancario occidental.
Catalizadores políticos globales y la tentación de la retirada monetaria.
Más allá de los cambios tecnológicos, la dinámica de desdolarización se ve impulsada por un marcado deterioro de las relaciones diplomáticas y económicas internacionales. La orientación de las políticas comerciales estadounidenses, caracterizada por un mayor uso de sanciones financieras y el recurso recurrente a los aranceles, acelera el deseo de terceros países de protegerse contra los riesgos de exclusión monetaria.
Jim O’Neill destaca que todas las naciones que representan el 75% del producto interno bruto mundial, excluyendo a Estados Unidos, muestran una creciente disposición a comerciar con unidades contables independientes de las decisiones de política monetaria de Washington. Esta búsqueda de autonomía se ve reforzada por las incertidumbres institucionales que rodean la gestión financiera de la principal economía mundial, lo que impulsa a los socios comerciales a diversificar sus reservas de divisas y canales de liquidación.
Este anhelo de emancipación ya no es prerrogativa de unos pocos regímenes aislados, sino que se convierte en una estrategia pragmática compartida por un amplio sector de la economía global. Al buscar reducir su exposición a las fluctuaciones políticas de Washington, las principales naciones emergentes sientan las bases de una red comercial bilateral más inmune a las presiones externas. Esta transición se produce sin una ruptura repentina, sino mediante una disminución gradual de la cuota de mercado del dólar en la facturación de materias primas y productos manufacturados. Los gobiernos en cuestión ahora priorizan la seguridad de sus transacciones sobre la alineación histórica con los estándares monetarios occidentales.
Institucionalización de la investigación y perspectivas para un nuevo equilibrio global.
Para acompañar y teorizar sobre esta transición estructural de la economía global, el economista lanzó su propia plataforma de análisis independiente y sin fines de lucro, denominada BRICS+ Thinking. Este centro de pensamiento tendrá la misión de producir trabajos de investigación, datos numéricos e indicadores prospectivos sobre la evolución del bloque ampliado y sus interacciones financieras con los mercados occidentales. La creación de esta herramienta de observación demuestra que el auge de las economías emergentes ahora requiere instrumentos de medición adaptados, libres de los sesgos analíticos tradicionales. Esta iniciativa evidencia la progresiva institucionalización de un campo de estudio dedicado al nuevo equilibrio de poder económico global.
La aparición de organizaciones de investigación dedicadas a los BRICS refleja la madurez alcanzada por el debate sobre la multipolaridad monetaria en los círculos de expertos. Al documentar con precisión los flujos financieros alternativos, estas plataformas ofrecen a inversores y responsables políticos herramientas sin precedentes para evaluar los riesgos y las oportunidades de este nuevo entorno. El análisis de los datos generados permitirá medir la eficacia real de los nuevos mecanismos de pago a medida que se implementan en el ámbito internacional.
En definitiva, la convergencia entre la evolución de las infraestructuras de pago digitales y la independencia estratégica que buscan las principales economías emergentes podría redefinir profundamente los flujos financieros internacionales.
Si bien el dólar debería mantener un papel predominante a corto plazo debido a la liquidez sin precedentes de sus mercados financieros, la coexistencia con sistemas de pago regionales y activos de liquidación descentralizados parece ahora inevitable. El análisis matizado de Jim O’Neill invita, por tanto, a los agentes bancarios y a los responsables políticos a seguir de cerca el surgimiento de un mundo financiero multipolar, donde la soberanía monetaria se decidirá tanto en el ámbito diplomático como en el de la innovación tecnológica.
El Maipo/BRICS




