Su capacidad para almacenar agua, amortiguar inundaciones, filtrar contaminantes y servir de refugio para numerosas especies los convierte en ecosistemas fundamentales. Sin embargo, la expansión urbana, la contaminación y los cambios en el uso del suelo mantienen bajo presión estos espacios naturales.
Los humedales cumplen funciones esenciales para el equilibrio ambiental y la vida humana. Aunque suelen asociarse únicamente con zonas inundadas, estos ecosistemas también contribuyen a regular el ciclo del agua, mantener la biodiversidad, almacenar carbono y reducir los efectos de determinados fenómenos naturales.
Su importancia radica en la interacción entre el agua, el suelo, la vegetación y la fauna. Esta relación permite que los humedales desarrollen procesos ecológicos que benefician tanto a los territorios donde se encuentran como a las comunidades que dependen de ellos.
Reguladores naturales del agua
Una de las funciones más relevantes de los humedales es su capacidad para retener temporalmente el agua de las precipitaciones y las crecidas. En determinadas condiciones, estos espacios ayudan a disminuir la velocidad con que el agua circula hacia otros sectores, lo que puede reducir la intensidad de las inundaciones aguas abajo.
También favorecen la infiltración y, cuando las características del terreno lo permiten, contribuyen a la recarga de las aguas subterráneas. Esta función adquiere especial importancia frente a períodos de sequía y a una mayor variabilidad de las precipitaciones asociada al cambio climático.
Los humedales, además, pueden retener sedimentos y nutrientes, y contribuir a mejorar la calidad del agua. No obstante, su capacidad de filtración tiene límites y no significa que puedan neutralizar cualquier tipo o nivel de contaminación.
Refugios de biodiversidad y aliados frente al cambio climático
Estos ecosistemas proporcionan alimento, refugio y espacios de reproducción para numerosas especies de aves, peces, anfibios, insectos y plantas. Su conservación resulta clave para mantener las redes ecológicas y proteger especies que dependen de ambientes acuáticos o de suelos saturados de agua.
Otra función importante es el almacenamiento de carbono. Algunos humedales, especialmente aquellos con suelos ricos en materia orgánica, pueden acumular cantidades significativas de este elemento durante largos períodos. Cuando son degradados o destruidos, parte del carbono almacenado puede liberarse a la atmósfera.
Por ello, proteger y restaurar los humedales forma parte de las medidas para enfrentar la crisis climática, junto con otras acciones de conservación y reducción de emisiones. Su aporte, sin embargo, depende del tipo de ecosistema, su estado de conservación y las condiciones ambientales locales.
Las amenazas que enfrentan los humedales en Chile
En Chile, estos espacios naturales están expuestos a distintas presiones, entre ellas el relleno de terrenos, la expansión urbana, la contaminación, la modificación de cursos de agua y los cambios en el uso del suelo. Estas intervenciones pueden alterar su funcionamiento hidrológico, reducir sus hábitats y debilitar los servicios ambientales que proporcionan.
El Ministerio del Medio Ambiente estima que los humedales abarcan aproximadamente 5,5 millones de hectáreas en el país, equivalentes a cerca del 7,3 % del territorio nacional. La cifra refleja la relevancia de estos ecosistemas y la necesidad de considerar su protección en la planificación territorial.
La conservación de los humedales urbanos también cuenta con un marco legal específico: la Ley 21.202, que establece mecanismos para proteger aquellos humedales ubicados total o parcialmente dentro del límite urbano y reconocidos oficialmente bajo esta normativa.
Sin embargo, la existencia de una ley no elimina por sí sola las amenazas. La protección efectiva requiere fiscalización, planificación urbana, participación de las comunidades y medidas que resguarden las condiciones ecológicas e hidrológicas de cada espacio.
Proteger los humedales es proteger el agua y los territorios
La conservación de estos ecosistemas no se limita a preservar paisajes o especies. También implica resguardar funciones naturales que contribuyen a la seguridad hídrica, la adaptación frente a eventos extremos y la calidad de vida de las comunidades.
Por esta razón, las decisiones sobre urbanización, infraestructura y uso del suelo deben considerar el papel de los humedales dentro de cada cuenca. Su degradación puede comprometer beneficios ambientales difíciles de recuperar una vez que se alteran sus condiciones naturales.
Frente a la crisis climática y la creciente presión sobre los recursos hídricos, los humedales deben entenderse como infraestructura natural esencial, cuya conservación requiere acciones sostenidas y no solamente medidas de protección sobre el papel.
El Maipo



