Fidel Castro artífice de la diplomacia cubana como símbolo mundial

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(La Habana) ¿Cómo una pequeña isla del Caribe logró proyectarse en el escenario global y desafiar a la mayor potencia militar del planeta?

Por Melissa King y Ernesto Vera para Prensa Latina

La respuesta está en la diplomacia forjada por el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, basada en principios éticos que ningún chantaje logró quebrar.

A 100 años de su nacimiento, el 13 de agosto, la periodista y ensayista Katiuska Blanco reveló en entrevista con Prensa Latina las claves de una política exterior que convirtió a Cuba en símbolo de solidaridad y resistencia para los pueblos del mundo.

“Fidel ocupó un papel protagónico en la diplomacia revolucionaria que se inauguró con el triunfo de la Revolución, a lo que él llamaba siempre ‘el triunfo de la rebelión’, porque consideraba la Revolución como un proceso inacabado, como algo que había que construir, desarrollar y perfeccionar”, señaló Blanco.

La investigadora precisó que el cambio fue radical: “Trae otros preceptos que son los del apoyo a los movimientos revolucionarios en el mundo, a las causas nobles, a los movimientos antiimperialistas, anticolonialistas, a las luchas de los pueblos por sus derechos, por vivir una vida mejor, por desarrollarse”.

PRINCIPIOS INNEGOCIABLES: LA PALABRA DE CUBA

Blanco identificó los pilares éticos sobre los que Fidel edificó la política exterior cubana: el respeto a la palabra empeñada, la  lealtad a los principios revolucionarios, el cumplimiento de los acuerdos diplomáticos y la voluntad de paz con justicia en función del desarrollo, con respeto al derecho a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.

“Cuba nunca ha sido un país que promueva la guerra ni la confrontación. Fidel siempre fue un abanderado de las luchas populares contra la dominación, pero a su vez estaba a favor de los diálogos”, reafirmó la periodista, quien recordó la participación cubana en las conversaciones de paz en Colombia como ejemplo de esa coherencia.

La investigadora rememoró un episodio que ilustra la astucia diplomática del líder histórico cubano:

“En los años 70, a un movimiento revolucionario en América Latina se le ocuparon armas y se informaba que procedían de Cuba. Fidel intervino y dijo: ‘Si las armas proceden de Cuba, ¿por qué esas armas son de fabricación norteamericana?’. Estaba convirtiendo el tema en algo reactivo: Cuba no era la promotora, Cuba era la víctima”.

Washington intentó en múltiples ocasiones condicionar la normalización de relaciones a que Cuba abandonara su solidaridad internacional.

Las exigencias incluían el retiro de su respaldo a las luchas anticolonialistas de África, la ruptura de vínculos con la Unión Soviética, y el abandono del apoyo a Puerto Rico y a movimientos de liberación en Centroamérica.

Fidel rechazó cada una de esas condiciones. “¡La solidaridad de Cuba con los pueblos de África no se negocia!”, declaró ante la posibilidad de canjear la presencia cubana en el continente africano por el levantamiento del bloqueo estadounidense.

Blanco explicó la lógica detrás de esa intransigencia: “Cuba nunca puso en riesgo ni la vida de un luchador social, ni a un movimiento revolucionario por interés propio o porque se aminorara la agresión contra la isla”.

En tal sentido, recordó el caso del llamado “linkage” propuesto por Washington: Cuba se retiraría de Angola, se levantaría el bloqueo, pero no se cumpliría la Resolución 435 para la independencia de Namibia ni desaparecería el apartheid en Sudáfrica. “Cuba no aceptó”, sentenció.

ÁFRICA: UNA HISTORIA DEL MAYOR ALTRUISMO

La presencia cubana en el continente africano fue durante décadas el punto de mayor fricción con Estados Unidos.

Washington alimentó el mito de una Cuba “satélite soviético” que actuaba por órdenes de Moscú. La realidad, confirmada por documentos desclasificados de la CIA y del Consejo de Seguridad Nacional, era otra.

“Los cubanos no son marioneta de nadie”, escribió Robert Pastor, asistente para América en el Consejo de Seguridad Nacional, a Zbigniew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, el 19 de julio de 1979.

Los propios analistas de la CIA reconocieron que “en cuestiones de fundamental importancia, Castro no hace concesiones respecto a los principios por conveniencia económica o política”.

Henry Kissinger, quien inicialmente atribuyó la presencia cubana en África a una supuesta exigencia soviética, terminó reconociendo en sus memorias que Fidel “era tal vez el líder revolucionario en el poder más genuino de aquellos momentos”.

En julio de 1991, Nelson Mandela viajó a La Habana y rindió homenaje a la solidaridad cubana: “¿Qué otro país tiene una historia de mayor altruismo que la que Cuba puso de manifiesto en sus relaciones con África?”.

AMÉRICA LATINA: DEL BOGOTAZO AL ALBA

La vocación latinoamericanista de Fidel se forjó antes de la Revolución.

Blanco recordó que en 1948, con apenas 21 años, el joven estudiante viajó a Bogotá con cinco causas a defender: la independencia de Puerto Rico, la lucha contra las dictaduras de Trujillo en República Dominicana y de Somoza en Nicaragua, la soberanía panameña sobre el canal interoceánico y el derecho argentino sobre las Islas Malvinas.

Durante el Bogotazo, tras el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, Fidel tomó una decisión que Blanco considera fundacional: “Razoné que los pueblos eran iguales en todas partes, que su causa era justa y que mi deber era quedarme, y me quedé toda la noche, esperando el ataque hasta el amanecer”, recordaría el propio Fidel años después.

Tras el triunfo de 1959, esa vocación se multiplicó. La Revolución cubana inspiró los procesos de Salvador Allende en Chile, la Revolución Sandinista en Nicaragua (1979) y, décadas después, la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela (1999).

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el Foro de São Paulo y la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) llevan la impronta del pensamiento integracionista de Fidel.

VIETNAM: HASTA NUESTRA SANGRE

En septiembre de 1973, Fidel Castro se convirtió en el primer y único jefe de Estado en visitar Quang Tri, zona liberada del sur de Vietnam, en plena guerra.

Sobre ese hecho, la también biógrafa de Fidel relató que el líder cubano recorrió territorios devastados que le parecieron “paisaje lunar” por los cráteres de las bombas, y que le impactó ver a mujeres, niños y ancianos sembrando entre la destrucción.

“Fidel llegó hasta la colina 241, donde flameó la bandera del Frente de Liberación Nacional de Vietnam del Sur, y su delegación asistió a heridos que fueron atendidos por médicos cubanos, quienes les salvaron la vida”, narró la periodista.

LA CAPACIDAD DE PREVER: ESTUDIO, NO ADIVINACIÓN

Blanco rechazó la idea de un Fidel “adivino” y explicó que su capacidad de anticipación se basaba en una disciplina de estudio rigurosa.

“Él se leía todos los titulares del boletín de cables y después seleccionaba los temas que le interesaban. De esos temas no leía un solo cable: entrecruzaba los enfoques de varias agencias cablegráficas sobre un mismo asunto”, detalló.

“Esa capacidad de análisis le permitió desarrollar lo que él llamaba una especie de sexto sentido para dilucidar dónde estaba la verdad histórica y hacia dónde se dirigía un proceso”, agregó.

Por eso el dirigente argelino Abdelaziz Buteflika (1937-2021) afirmó en una ocasión que Fidel tenía la capacidad de “ir al futuro y regresar para contárnoslo”.

La investigadora reveló que Fidel había leído “Primavera Silenciosa”, de Rachel Carson, desde los años 60, estudió genética con el científico francés André Voisin y suelos con el italiano Telesforo Bonadonna.

“Muchas personas creen que el tema de la agricultura fue privilegiado por Fidel al final de su vida. No fue así. Desde el bachillerato mostró su pasión por ese tema, y desde los años de 1960 tomó en sus manos la prioridad de la reforma agraria”, precisó.

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