La erosión de las playas y el aumento de las marejadas podrían transformarse en una amenaza creciente para el turismo de la zona central de Chile. Así lo plantea una investigación desarrollada por especialistas del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera junto a académicos de la Universidad del Desarrollo, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Temuco.
El estudio, publicado en la revista científica Annals of Tourism Research, advierte que la pérdida de playas no solo implica consecuencias ambientales, sino también importantes costos económicos y sociales para el país.
Actualmente, el turismo representa cerca del 3,5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y genera más de 600 mil empleos, por lo que los cambios que afectan al borde costero podrían tener repercusiones significativas en distintas actividades económicas.
Playas más amplias tienen mayor valor para los visitantes
La investigación analizó las preferencias de turistas provenientes de la Región Metropolitana que visitan balnearios de las regiones de Coquimbo, Valparaíso y O’Higgins.
Los resultados muestran que los visitantes valoran significativamente el espacio disponible en las playas. Según el estudio, las personas estarían dispuestas a pagar aproximadamente $868 adicionales por cada metro extra de ancho de playa.
Además, la conservación de ecosistemas costeros como las dunas también aparece como un factor relevante para los turistas.
“Las dunas no son un adorno; actúan como barreras naturales frente a marejadas y sostienen la biodiversidad”, señalan los investigadores.
Millonarias pérdidas por cierre de playas
El informe también evaluó el impacto económico asociado a los cierres temporales de playas producto de marejadas u otros eventos climáticos extremos.
Actualmente, la zona central registra alrededor de 70 cierres al año. Según las estimaciones, cada jornada de clausura implica pérdidas de bienestar valoradas en cientos de millones de pesos para los usuarios y visitantes.
Los investigadores proyectan que, si la frecuencia de estos eventos se duplica hacia fines de siglo debido al cambio climático, las pérdidas para el turismo interno podrían alcanzar los US$60,32 millones anuales.
La cifra, además, no considera otros efectos indirectos como la depreciación de propiedades costeras o los daños a infraestructura pública y privada.
“La inacción no es gratis. Si no se invierte hoy en restauración y planificación costera, el país terminará pagando mucho más en el futuro”, afirmó el investigador de SECOS, Roberto Ponce.
Soluciones basadas en la naturaleza
Otro de los hallazgos del estudio apunta a que los turistas suelen percibir negativamente obras de protección costera de gran impacto visual, como muros de hormigón o extensos enrocados.
Por esta razón, los especialistas plantean que las estrategias de adaptación deberían priorizar soluciones basadas en la naturaleza, incluyendo la restauración de dunas, la protección de ecosistemas costeros y una planificación urbana que considere criterios paisajísticos.
“Las ciudades necesitan adaptarse, pero las intervenciones deben ser de bajo impacto visual y contar con la participación de las comunidades”, sostuvo Ponce.
Los investigadores concluyen que invertir en la conservación de playas y ecosistemas costeros no solo contribuye a enfrentar los efectos del cambio climático, sino que también representa una medida clave para proteger una de las actividades económicas más importantes del país.
El Maipo




