Las elecciones presidenciales en Perú dejaron un inédito escenario político, donde los votos blancos y nulos superaron a todos los candidatos en competencia, reflejando un fuerte descontento ciudadano
Según datos oficiales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con más del 93% de los votos escrutados, los sufragios blancos y nulos suman 3.142.121, equivalentes al 16,63% del total. Esta cifra supera ampliamente a la candidata más votada, Keiko Fujimori, quien alcanza 2.685.995 votos.
Del total, los votos blancos representan 11,63% (más de 2,1 millones), mientras que los nulos llegan al 5%, evidenciando el alto nivel de desapego hacia la oferta electoral.
El fenómeno se explica, en parte, por la gran cantidad de postulantes: 35 candidatos presidenciales, lo que fragmentó el electorado. De hecho, los votos blancos por sí solos superan a 34 de los aspirantes, mientras que los nulos sobrepasan a 29.
Pese a estas cifras, la legislación peruana establece que una elección solo puede anularse si los votos nulos alcanzan dos tercios del total, umbral que no se cumple en este caso.
Más de 27 millones de peruanos estaban habilitados para votar en estos comicios, en medio de un contexto político marcado por la inestabilidad, con ocho presidentes en la última década.
La jornada también estuvo marcada por dificultades logísticas, especialmente en Lima, donde el retraso en la entrega de material electoral obligó a postergar la apertura de algunos locales de votación hasta el día siguiente.
Estos problemas dieron pie a denuncias de fraude por parte del candidato Rafael López Aliaga, aunque sin presentar pruebas. En contraste, las misiones de observación electoral calificaron el proceso como transparente y creíble.
De cara a la segunda vuelta, programada para el 7 de junio, Fujimori ya aseguró su lugar, mientras que el segundo cupo se disputa estrechamente entre Roberto Sánchez y López Aliaga, en un escenario abierto que refleja la fragmentación del electorado peruano.
El Maipo




