El río Maipo baja por la cordillera como lo ha hecho durante siglos. Sus aguas recorren más de 250 kilómetros antes de desembocar en el océano Pacífico y, en su trayecto, abastecen de agua potable a millones de habitantes de la Región Metropolitana, riegan extensas zonas agrícolas y sostienen diversos ecosistemas. Sin embargo, este año su caudal enfrenta una amenaza silenciosa: la escasez de lluvias y nieve acumulada durante el invierno.
Cuando comenzó 2026, las proyecciones climáticas apuntaban a condiciones más favorables para las precipitaciones en la zona central del país. Sin embargo, la realidad ha sido distinta. Las lluvias han estado por debajo de los niveles históricos y la acumulación de nieve en la cordillera preocupa a expertos, agricultores y autoridades vinculadas a la gestión del recurso hídrico.
La situación quedó en evidencia durante mayo, cuando Santiago registró apenas 4,3 milímetros de precipitaciones, una cifra muy inferior al promedio histórico para ese mes. Aunque junio aún podría aportar nuevos eventos de lluvia, los especialistas advierten que el déficit acumulado sigue siendo significativo y que sus efectos ya comienzan a observarse en la cuenca del Maipo.
Para entender la importancia del fenómeno basta recordar que esta cuenca constituye la principal fuente de agua para más de seis millones de personas en la Región Metropolitana. Además, sustenta actividades agrícolas en comunas como Buin, Paine, Isla de Maipo, Talagante y Melipilla, donde cientos de productores dependen directamente de la disponibilidad del recurso.
La preocupación no radica únicamente en la lluvia que cae sobre la ciudad. En la cordillera, la nieve cumple una función fundamental como reserva natural de agua. Durante la primavera y el verano, el deshielo alimenta los afluentes que mantienen el caudal del río. Cuando las nevadas son escasas, el impacto puede sentirse varios meses después, precisamente en la época de mayor demanda hídrica.
Por esta razón, organizaciones vinculadas a la gestión del agua han advertido sobre un escenario complejo para la temporada 2026-2027. La Junta de Vigilancia del Río Maipo Primera Sección manifestó recientemente su inquietud por la baja acumulación de nieve y la reducción de los caudales observados en distintos puntos de la cuenca.
Para el hidrólogo y académico de la Universidad de Chile, René Garreaud, la situación responde a una tendencia de largo plazo que afecta a gran parte de la zona central. “La disminución de las precipitaciones en Chile central es consistente con los escenarios de cambio climático proyectados para la región”, ha señalado en diversas investigaciones sobre el comportamiento climático del país.
Los efectos de esta realidad no se limitan al suministro de agua potable. El sector agrícola es uno de los más expuestos. Menores caudales significan restricciones en el riego, mayores costos para los productores y una presión creciente sobre las fuentes de abastecimiento disponibles. En una provincia como Talagante, donde la actividad agrícola sigue siendo una de las principales fuentes económicas, cualquier disminución significativa del recurso hídrico genera preocupación.
La biodiversidad de la cuenca también enfrenta desafíos. Diversos estudios han advertido que la reducción sostenida de los caudales altera los ecosistemas fluviales, afecta la calidad del agua y modifica los hábitats de numerosas especies que dependen del río para sobrevivir.
Mientras tanto, los habitantes del Cajón del Maipo observan con atención la evolución del invierno. El turismo, otra actividad clave para la zona, depende en buena medida de los paisajes cordilleranos y de la presencia de nieve en las montañas. Una temporada seca no solo repercute en el sistema hídrico, sino también en la economía local.
Los expertos coinciden en que aún quedan semanas importantes para el desarrollo de la temporada invernal. Un sistema frontal intenso podría ayudar a reducir parte del déficit actual. Sin embargo, la tendencia observada durante los últimos años obliga a mirar más allá de una temporada específica.
La llamada megasequía, que marcó gran parte de la década pasada, dejó una lección clara: la disponibilidad de agua ya no puede darse por garantizada. En ese contexto, el estado del río Maipo se ha transformado en un indicador de los desafíos que enfrenta la zona central frente al cambio climático.
El invierno de 2026 recién comienza. Pero mientras las lluvias siguen siendo esquivas y la nieve escasea en la cordillera, una pregunta comienza a instalarse con fuerza: ¿estamos frente a un año excepcionalmente seco o ante una nueva normalidad para el principal río de la Región Metropolitana?
El Maipo




