Miércoles, Febrero 25, 2026

El cable submarino Chile-China es irrenunciable. Por Roberto Pizarro Hofer

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Hacer realidad el cable submarino de fibra óptica desde Valparaíso a Hong Kong y con destino a toda el Asia es una necesidad económica, tecnológica y de soberanía nacional.

China es el primer socio comercial de Chile, con 40% de sus exportaciones (cobre, litio, salmón, cerezas y arándanos, etc.) y 25% de las importaciones, principalmente de manufacturas. Adicionalmente, las inversiones de empresas chinas en Chile alcanzan la cifra de US$ 4.250, destacándose los sectores de energía, minería y agroindustria, cifra que ha crecido en los últimos años, pero inferior a las inversiones de Estados Unidos y la Unión Europea.

Este panorama comercial e inversionista con China pone de manifiesto la política de diversificación de relaciones económicas internacionales, que ha caracterizado a nuestro país. De hecho, los Tratados de Libre Comercio (TLC), con los más variados mercados del mundo, es la expresión institucional de ello.

En consecuencia, la materialización un cable submarino directo entre Valparaíso y Hong Kong es un complemento indispensable de esa política. Permitiría una conexión directa con Asia y facilitaría el fortalecimiento digital de nuestro país, ante la hegemonía de las empresas estadounidenses. Así como nuestro comercio se encuentra diversificado, las redes de comunicación también se diversificarían.

Por tanto, dado el volumen de negocios con China, un cable submarino directo a ese país, con proyección a todo el Asia, es fundamental para el intercambio de datos y transacciones comerciales entre empresas. Ello facilitaría además el accionar de bancos, videollamadas y sistemas logísticos.

Ahora bien, sobre el tema, de seguridad, al que se ha referido el embajador estadunidense en Chile, Brandon Judd, hay que decir lo siguiente. En los últimos 10 años se han instalados 18 cables submarinos, que conectan América Latina con el resto del mundo. Esos cables pasan por los EE. UU. y son gestionados exclusivamente por empresas estadounidenses: Google, Meta, Microsoft y Amazon.

A ello hay que agregar que la Nacional Security Agency (NSA) de los EE. UU. tiene acceso a las comunicaciones de todas esas empresas, mediante un programa de vigilancia denominado Prism, que le permite acceder a ellas (BBC, 02.06.2013). Es decir, el gobierno estadounidense puede tener todas las informaciones que pasan por los cables submarinos.

Es claro que la empresa China Mobile Internacional (CMI) no representa peligro alguno para la seguridad y soberanía de Chile y la región. Y, las dudas que pueda tener el gobierno estadounidense las podrá resolver después que se instale el cable, utilizando sus ya probados sistemas de inteligencia de la NSA.

En consecuencia, resulta inexplicable que el embajador advierta sobre asuntos de seguridad sobre una empresa china que, además, aún no se ha instalado en el país.

Por tanto, las declaraciones del embajador y sobre todo la suspensión de las visas para el ministro de Transportes y Comunicaciones y dos de sus funcionarios, resultan del todo inaceptable.

En realidad, el problema de fondo es otro. La presencia tecnológica china está ganando aceleradamente posiciones en el mundo y EE. UU. no está dispuesto a una competencia leal. Apuesta, en cambio, por monopolizar mercados y para ello se ha impuesto el corolario Trump de la doctrina Monroe: América es sólo para los EE. UU.

Aunque no existe decisión definitiva sobre la instalación del cable submarino, algunos personeros de derecha chilena, sumisos a la agresión estadounidense, han preferido cuestionar la defensa de la soberanía del presidente Boric y su Canciller. Han señalado: “nos metimos en un campo complicado”, “impropios desplantes del presidente”, “agravios infantiles al gobierno de EE. UU”, “nos exponemos innecesariamente” (La Segunda, 23.02.2026).

Esas frases deben ser del agrado del embajador estadounidense y también le habrá agradado el silencio que mantuvo el nuevo canciller de Kast, Pérez Mackenna quien, ante el retiro de las visas a las autoridades gubernamentales, decidió no pronunciarse. Esos comportamientos revelan un alineamiento con la política colonialista que intenta imponer Trump a América Latina y que nuestro país debe rechazar.

El cable submarino Chile-China es irrenunciable, porque nuestro país necesita proteger su economía, asegurar su tecnología digital y sobre todo jamás renunciar a su soberanía e independencia nacional. Para ello no hay que doblegarse ante la presión estadounidense, insistir en una postura de equilibrio ante las grandes potencias y perseverar en la integración regional.

Roberto Pizarro Hofer, Economista, ex decano de la Facultad de Economía Política de la U. de Chile, ex Ministro de Desarrollo Social y Familia, colaborador permanente de elmaipo.cl

El Maipo/Le Monde Diplomatique

Nota: El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de sus autores, y no refleja necesariamente la línea editorial El Maipo.

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