Lo que comenzó como una idea casi experimental en 2022, en un cerro de la quinta región, hoy se transformó en una red de más de 40 cámaras que vigilan en tiempo real posibles focos de incendios forestales en la zona central del país. El proyecto, conocido como Ojos de Águila, se ha expandido por las provincias de San Antonio y Melipilla, con alcance hacia sectores de la Región de O’Higgins y la Región Metropolitana de Santiago.
La primera cámara fue instalada en el cerro El Mitil, en un punto estratégico que permitía observar amplias zonas rurales y forestales. La experiencia demostró rápidamente su utilidad: detectar columnas de humo a tiempo puede marcar la diferencia entre un foco controlado y una emergencia de gran magnitud.
La iniciativa surgió fuera de cualquier estructura estatal. Detrás del proyecto está un grupo de voluntarios, bomberos y técnicos en telecomunicaciones que decidieron aportar desde su experiencia. Uno de los impulsores es Erick Morales, voluntario de la Segunda Compañía de Las Cruces y técnico en telecomunicaciones, quien junto a otros colaboradores comenzó a articular esta red sin presupuesto fijo y con un fuerte componente comunitario.
El sistema funciona mediante cámaras instaladas en puntos elevados, conectadas a internet y con transmisión en línea. Las imágenes permiten monitorear amplios territorios y apoyar la labor de bomberos, municipalidades y organismos de emergencia. Además de detectar humo o fuego en etapas tempranas, las cámaras ayudan a evaluar la dirección del viento, la propagación de las llamas y el estado del terreno.
El crecimiento del proyecto ha sido progresivo y colaborativo. Empresas locales, vecinos y voluntarios han contribuido con infraestructura, soporte técnico y energía para mantener operativas las estaciones. En algunos casos, las cámaras también han captado registros de fauna silvestre, mostrando el valor ambiental de estos puntos de observación.
En un contexto de temporadas cada vez más críticas en materia de incendios forestales, Ojos de Águila se consolida como un ejemplo de organización comunitaria apoyada en tecnología. Desde lo alto de los cerros, la vigilancia constante busca adelantarse al fuego y proteger tanto a las comunidades como a los ecosistemas de la zona central.
El Maipo




