De la “ola rosa” a la “ola negra” en América Latina: cambios, causas y consecuencias. Por Álvaro Ramis Olivos

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Durante las dos últimas décadas, América Latina ha experimentado un profundo vaivén político. Del ciclo progresista que marcó los primeros quince años del siglo XXI —la llamada ola rosa— se transita hoy hacia un escenario donde predominan gobiernos de centroderecha, derecha dura e incluso derecha radical. Este cambio de rumbo no responde a un fenómeno homogéneo, pero sí expresa mutaciones estructurales en las economías, sociedades y culturas políticas de la región.

1. La “ola rosa”: un ciclo progresista con sello social

La ola rosa emergió a fines de los años noventa como reacción a la crisis de las políticas neoliberales de los 80 y 90. Los gobiernos progresistas, desde Brasil y Argentina hasta Bolivia, Ecuador y Uruguay, combinaron ampliación del gasto social, recuperación del rol del Estado y una estrategia de inclusión democrática de sectores históricamente marginados.

Las características centrales del ciclo fueron:

   •   Reducción de la pobreza y la desigualdad gracias al boom de los commodities.

   •   Expansión de derechos sociales y reconocimiento de pueblos indígenas.

   •   Nuevos mecanismos de cooperación regional, como Unasur, Celac y, en menor medida, el ALBA.

   •   Narrativa posneoliberal, que buscaba equilibrio entre mercado y Estado.

El eje político del continente se desplazó hacia posiciones socialdemócratas, desarrollistas o nacional-populares. Sin embargo, la continuidad del modelo de exportación de materias primas, el personalismo en algunos liderazgos y la incapacidad de diversificar las economías dejaron grietas que se abrirían tras el fin del superciclo de precios altos.

2. El giro conservador: una nueva etapa de derecha y derecha radical

A partir de mediados de la década de 2010, una combinación de crisis económicas, corrupción, fatiga institucional y malestar ciudadano impulsó el ascenso de proyectos conservadores y libertarios radicales. Este fenómeno —al que algunos analistas llaman “ola negra”— tiene rasgos propios:

   •   Prioridad absoluta en seguridad pública, con enfoques punitivos y expansión del aparato represivo.

   •   Políticas económicas pro-mercado, reformas laborales y reducción del Estado.

   •   Rechazo al multilateralismo regional y debilitamiento de proyectos de integración política.

   •   Liderazgos personalistas, sustentados en redes sociales, confrontación y discursos antiélite.

   •   Repliegue de agendas de derechos, especialmente en temas de género, diversidad y medio ambiente.

Casos emblemáticos son Jair Bolsonaro en Brasil, Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, o gobiernos conservadores como el de Lacalle Pou en Uruguay y Daniel Noboa en Ecuador.

3. ¿Qué cambió entre ambos ciclos?

a) El vínculo con la ciudadanía

   •   Ola rosa: inclusión social, expectativa de movilidad y confianza en el Estado.

   •   Ola negra: desconfianza generalizada, demanda de orden y castigo frente al crimen, rechazo a la política tradicional.

b) El modelo económico

   •   Ola rosa: Estado social, gasto expansivo, énfasis en redistribución.

   •   Ola negra: ajuste fiscal, disciplina presupuestaria, liberalización económica.

c) La cultura política

   •   Ola rosa: discurso integrador y regionalista.

   •   Ola negra: lógica plebiscitaria, polarización y crecimiento de corrientes ultraconservadoras.

d) La relación con las instituciones

   •   Ola rosa: fortalecimiento de mecanismos participativos pero también tensiones constitucionales en algunos casos.

   •   Ola negra: concentración de poder en el Ejecutivo, debilitamiento de contrapesos, reformas punitivas aceleradas.

4. Consecuencias para el continente

La transición entre la ola rosa y la ola negra redefine el futuro político de América Latina:

Una región más fragmentada

Los proyectos de integración pierden dinamismo. No existe una agenda común: conviven gobiernos de izquierda moderada, derecha liberal y derecha radical sin puntos de encuentro.

Retrocesos en derechos sociales y ambientales

En varios países se observa debilitamiento de políticas de bienestar, paralización de agendas de género y reducción de regulaciones ambientales.

Cambio en el equilibrio geopolítico

La desarticulación regional facilita mayor influencia de actores externos (Estados Unidos, China) y reduce la capacidad latinoamericana de actuar colectivamente.

Polarización social y desgaste institucional

El énfasis en la seguridad produce apoyo ciudadano, pero también tensiones con organismos de derechos humanos y riesgos de hiperpresidencialismo.

Incertidumbre económica estructural

Ninguna de las dos olas resolvió la dependencia de materias primas. El continente continúa atrapado entre ciclos de bonanza y crisis.

Conclusión

El paso de la ola rosa a la ola negra revela una región que oscila entre proyectos de inclusión social y demandas de orden, entre promesas redistributivas y ajustes de mercado. Más que un simple cambio ideológico, se trata de una disputa por el modelo de sociedad, el rol del Estado y el tipo de democracia que América Latina quiere construir.

El futuro dependerá de si los países logran equilibrar seguridad con derechos, crecimiento con justicia social, y liderazgo político con respeto a las instituciones.

Para El Maipo, Álvaro Ramis, Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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