Coco de agua, inseparable compañero del turismo en Cuba

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(La Habana) El coco de agua constituye hoy un inseparable compañero de las imágenes turísticas sobre Cuba, además de refrescante elemento a la hora de caminar y andar los rincones de la isla.

Recorrer las carreteras cubanas y adentrarse en el interior del archipiélago es descubrir un paisaje donde el cocotero domina con su silueta estilizada el horizonte.

Pero más allá de su presencia en el campo, el coco de agua significa símbolo de la experiencia turística en Cuba, apareciendo en casi todos los establecimientos de recreo, desde los más humildes hasta los balnearios de la costa.

La historia del coco en Cuba es tan extensa como su presencia. Aunque algunas teorías sugieren que llegó de forma natural arrastrado por las olas, su cultivo comenzó en la isla alrededor de 1565, procedente de México, aunque fue en la región oriental donde encontró su verdadero hogar.

Baracoa, la primera villa fundada por los conquistadores, se convirtió en el emporio de estas plantaciones, y para finales del siglo XIX ya era un importante renglón de exportación, enviando un millón de unidades hacia Estados Unidos.

El coco no es solo un fruto; es parte del alma cultural cubana. El agua que almacena en su interior es uno de los mayores atractivos para el viajero que busca mitigar la sed bajo el sol tropical, especialmente durante el verano.

La práctica de degustar un Saoco -como se conoce popularmente a la mezcla de agua de coco con ron- en el propio envase que proporciona la naturaleza, se convirtió en un ritual turístico que conecta al visitante con la vida cotidiana del país.

Casi cualquier establecimiento de recreo, desde los más sencillos de carretera hasta los complejos hoteleros, ofrece cocos fríos para el disfrute de los turistas.

Esta omnipresencia responde a la abundancia del fruto y a su capacidad para transformarse en múltiples productos: el agua como refrescante natural, la masa blanca para dulces tradicionales como el autóctono cucurucho baracoense, y la pulpa seca para obtener aceite y otros derivados.

El coco es, por tanto, el Rey por sus mil usos y su importancia como fuente de ingreso.

Para el turismo cubano, el coco de agua se transformó en un embajador natural de la identidad.

Viajar al interior es encontrarse con esta presencia constante, que no solo refresca el cuerpo sino que acerca al viajero a las tradiciones más genuinas de la nación, convirtiendo cada sorbo en una experiencia auténticamente cubana.

El Maipo/PL

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