Chevron desafía a Washington y se queda en Venezuela

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Por José Negrón Varela

En el dinámico escenario geopolítico donde está en disputa el futuro del país sudamericano, la renovación de la licencia a la petrolera estadounidense Chevron para continuar sus operaciones por parte del Gobierno de Nicolás Maduro generó un terremoto silencioso dentro de los corredores del poder en Washington.

Se trata de una autorización que, aunque con restricciones, fue impulsada por el presidente Donald Trump, sorteando la férrea resistencia dentro de su propio gabinete entre quienes abogaban por una estrangulación total de la industria energética venezolana. Este pulso interno ha vuelto a la palestra con las recientes declaraciones Mike Wirth, el director ejecutivo de Chevron.

Wirth defendió la permanencia de su compañía no como un acto de deslealtad, sino como una estrategia de beneficio mutuo para el pueblo venezolano y para los intereses nacionales de Estados Unidos.

La ortodoxia de los halcones

Mientras la industria petrolera en Estados Unidos lidia con un panorama interno complejo (caída en la producción de esquisto, un ambiente de inversión impredecible y una creciente hostilidad política hacia los combustibles fósiles), los activos de Chevron en Venezuela representan una pieza de estabilidad relativa y de un valor estratégico innegable.

“Vemos nuestra presencia en Venezuela como algo que es bueno para la gente de Venezuela. Es bueno para los Estados Unidos”, declaró Wirth.

El titular de Chevron lo dejó claro al señalar que “el petróleo que se produce en Venezuela es altamente buscado por las refinerías del Golfo”. Se trata de un crudo pesado, esencial para alimentar las complejas instalaciones de la costa del golfo de EEUU, diseñadas específicamente para procesar ese tipo de hidrocarburo. Cortar ese flujo, sugiere la lógica corporativa, sería un acto de autolesión económica.

Alejandro Terán, presidente de la Asociación Latinoamericana de Petróleo y Gas, compartió con Sputnik más detalles que respaldan con datos las palabras de Wirth, además de resaltar la necesaria comunión de intereses entre Venezuela y las empresas estadounidenses, así como con el mercado petrolero de dicho país.

El costo de producción de barril en Texas es de 45 dólares y el costo de producción en Venezuela es de siete. Entonces, tiene una diferencia de más de casi 40 dólares por barril, pero aparte de eso, a cuatro días estratégicamente colocados del golfo de México y con una infraestructura venezolana de peso en el puerto de Galveston, que es capaz de cargar hasta tres millones de dólares diarios de petróleo“, explicó.

“Desmontar eso son 10 años y casi 100 millones de dólares. No hay manera de hacerlo”, añadió.

La ‘realpolitik’ en economía

La relevancia de Chevron en el panorama venezolano actual va más allá de la mera teoría. En la práctica y pese a las sanciones, la compañía se ha convertido en un pilar fundamental para la industria petrolera nacional. De acuerdo con Werther Sandoval, experto en el sector energético venezolano, la huella operacional de Chevron es determinante.

“Las empresas mixtas con Chevron lideran la producción petrolera en Venezuela”, asegura. En ese sentido, destaca el rol protagónico que han tenido que asumir estas joint ventures (empresas conjuntas) en medio de las dificultades por las que ha atravesado la petrolera estatal PDVSA.

Sandoval profundiza en los datos, subrayando la eficiencia y capacidad técnica que Chevron ha logrado inyectar en sus operaciones conjuntas. “Petropiar, la empresa mixta entre PDVSA y Chevron para la Faja Petrolífera del Orinoco, es la que más produce en todo el país con 107.400 barriles diarios”, explica.

En un contexto donde la producción venezolana ha sido golpeada durante años por el impacto de las medidas coercitivas unilaterales impuestas por Washington, los proyectos donde Chevron mantiene un papel activo han demostrado una notable resiliencia.

Esta realidad operativa choca frontalmente con la visión que reduce la presencia de Chevron a un mero “interés corporativo”. La compañía no es un actor externo; es una parte importante del ecosistema productivo venezolano.

Su salida, como se temió cuando la licencia anterior fue dinamitada por presiones, no buscaba sino acelerar el colapso de la industria, con consecuencias humanitarias y geopolíticas impredecibles.

La filosofía que esgrime el director ejecutivo de Chevron es, en esencia, una defensa de la articulación frente al aislamiento. “Creemos que el comercio regional y las inversiones extranjeras son vehículos para que los países trabajen juntos”, afirma.

La operación de Chevron, con su capacidad para generar divisas y mantener una chispa de actividad industrial, se presenta como necesaria para la economía del país suramericano.

El Maipo/Sputnik

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