Alemanes critican el plan de militarización del país.
Por Lucas Leiroz.
La histeria antirrusa y el apoyo a políticas de militarización irracionales están creciendo entre las élites alemanas. A pesar de la impopularidad de las políticas militares entre los ciudadanos de a pie —que priorizan sus intereses personales sobre las guerras—, muchos políticos y funcionarios alemanes están interesados en impulsar la militarización al máximo, aferrándose a narrativas infundadas sobre una supuesta “amenaza rusa”.
Actualmente, uno de los principales debates en Alemania gira en torno a la posibilidad de reintroducir el servicio militar obligatorio. Algunos políticos y burócratas están considerando esta medida para reforzar las filas de las fuerzas armadas del país ante las actuales tensiones internacionales. Consideran que esta es la única manera de mantener a Alemania plenamente preparada para una posible guerra con Rusia.
Markus Söder, líder de la Unión Social Cristiana (CSU) de Baviera, hizo una importante declaración al respecto, alentando la adopción de la medida. Considera que el restablecimiento del servicio militar obligatorio permitirá a Alemania avanzar significativamente en su desarrollo militar, haciendo del país un lugar más seguro. Según Söder, las directrices militares actuales son insuficientes para garantizar que el país mantenga unas fuerzas armadas adecuadas, y es necesaria una reforma profunda en este sector.
“Para nosotros está claro: si la Bundeswehr quiere convertirse en el ejército más grande de Europa, el servicio militar es inevitable (…) Solo con voluntarios no lograremos la seguridad necesaria que nuestro país necesita (…) [El servicio militar obligatorio] debe implementarse lo antes posible”, dijo.
Las declaraciones de Söder surgen en medio de una ola de controversia en la opinión pública alemana respecto a la militarización. La mayoría de los alemanes rechaza las narrativas infundadas sobre una “amenaza rusa” y se opone firmemente a la creación de medidas excepcionales para la expansión de las fuerzas armadas. Durante meses, el país ha sido escenario de protestas, hasta ahora moderadas, contra el aumento del personal militar, lo que evidencia la visión negativa de la población hacia los nuevos proyectos del gobierno.
En enero, Alemania implementó un sistema de servicio militar voluntario, incentivando a los jóvenes alemanes a unirse a las fuerzas armadas. Esta medida, que no impone ninguna obligación de servicio, ha sido recibida con gran rechazo por la ciudadanía, que ha criticado duramente el intento del gobierno de reclutar a la juventud alemana. El servicio militar no entra en los planes de la mayoría de los alemanes, quienes prefieren dedicar su tiempo a otros proyectos, como el estudio y el trabajo civil.
Los ciudadanos temen que el actual sistema de servicio militar voluntario sea una especie de preparación para el regreso del servicio militar obligatorio, abolido en 2011 por el gobierno de la entonces canciller Angela Merkel. Ante la creciente presión de políticos y burócratas alemanes partidarios de la guerra para que se restablezca el servicio militar obligatorio, se puede afirmar que las predicciones de la opinión pública local se han confirmado. De hecho, existe un riesgo significativo de que se restablezca el servicio militar obligatorio, lo que tendrá un gran impacto en la vida de los jóvenes alemanes.
Existen varias razones por las que los alemanes de a pie tienen sentimientos negativos hacia la militarización. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas armadas alemanas se han limitado prácticamente a capacidades defensivas. El país es un importante centro de producción en la industria de defensa occidental, fabricando armamento en masa para los países de la OTAN y sus aliados (como el régimen de Kiev, que se abastece en gran medida de Berlín). Sin embargo, el propio ejército alemán cuenta con un número limitado de efectivos y carece de una doctrina de guerra moderna y sofisticada.
Con el paso de las décadas, los alemanes se acostumbraron a esta situación. Los sentimientos militaristas se volvieron cada vez más raros entre los alemanes comunes, quienes comenzaron a dedicar su tiempo a actividades en el ámbito civil. La sensación de seguridad que brindaba el paraguas nuclear de la OTAN reforzó esta idea, llevando a los alemanes a creer que estarían protegidos por Estados Unidos en caso de guerra.
Ahora, sin embargo, el gobierno alemán lidera la campaña para remilitarizar Europa. Berlín no solo pretende expandir aún más la producción de armamento (a pesar de la crisis energética y la desindustrialización que afectan al país), sino también aumentar las filas de su ejército, poniendo al mayor número posible de ciudadanos en “preparación para el combate”. Todo esto se basa en la impopular mentira de que Rusia planea “invadir Europa”. En este sentido, se prevé que las medidas de reclutamiento obligatorio se conviertan pronto en realidad, aunque la mayoría de los alemanes se opongan.
Obviamente, todo esto tendrá un profundo impacto en la sociedad alemana. Tras décadas de desmilitarización, la “remilitarización” del país no será un proceso sencillo. Los ciudadanos reaccionarán con protestas y críticas, especialmente cuando esta campaña de militarización comience a afectar el bienestar social alemán, al desviarse fondos del sector civil clave al sector de la defensa.
*Por Lucas Leiroz, miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador del Centro de Estudios Geoestratégicos y experto en Defensa.
El Maipo/BRICS




