Por Elizabeth Claire Alberts
La comunidad científica atribuye este calentamiento histórico a la crisis climática y advierte que el actual fenómeno de El Niño actúa como un factor amplificador. Estas temperaturas sin precedentes generan preocupación entre los expertos por sus efectos en la biodiversidad marina, la alteración del clima global y la estabilidad de las economías costeras.
Entre el 2 de junio y el 10 de septiembre, las aguas oceánicas de todo el mundo —con excepción de las regiones polares— sumaron 100 días consecutivos de temperaturas medias récord en su superficie. Así lo revelan las mediciones de Climate Reanalyzer, plataforma científica coordinada por el Instituto de Cambio Climático de la Universidad de Maine, en Estados Unidos.
Durante ese lapso, las temperaturas superficiales del mar superaron cualquier registro previo para esa misma fecha desde 1982. Uno de los momentos más críticos se constató el 22 de agosto, cuando la media superficial del océano global trepó hasta los 21.10 °C, de acuerdo con los registros del Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la Unión Europea. Por su parte, Climate Reanalyzer detectó mediciones aún más extremas entre el 22 y el 27 de agosto, con valores promedio que alcanzaron los 21.18 °C (70.12 °F). Esta plataforma procesa los datos globales de temperatura superficial recopilados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. (NOAA).
Todo indica que estas marcas históricas se mantendrán en niveles elevados durante los próximos meses “dado el estado de intensificación de El Niño”, advirtió Zachary Labe, climatólogo de Climate Central, una organización estadounidense sin fines de lucro enfocada en la divulgación de las ciencias del clima.

Durante una rueda de prensa convocada el 10 de septiembre para evaluar los datos de Climate Reanalyzer, Labe explicó que este calentamiento oceánico récord se inscribe en una tendencia prolongada provocada por la crisis climática de origen antropogénico. Sin un recorte sustancial en las emisiones de gases de efecto invernadero, advirtió el especialista, las aguas continuarán calentándose sin freno.
“El factor determinante de este calor récord es el cambio climático”, afirmó, “y más del 90 % de ese excedente derivado de la quema de combustibles fósiles y de esas emisiones de gases de efecto invernadero va a parar al océano”.
Diversos especialistas alertan que este calentamiento marino inédito pone en jaque a los ecosistemas acuáticos, desestabiliza los patrones climáticos de escala global y amenaza a las economías que dependen del mar para garantizar su seguridad alimentaria, el sustento diario de sus poblaciones y la protección de sus costas.
El calor oceánico afecta a los ecosistemas, las economías y la salud
Los océanos absorben cada año una cantidad astronómica de energía térmica. Según un análisis publicado en la revista Advances in Atmospheric Science, a lo largo de 2025, el mar acumuló 23 zettajulios, una cantidad colosal comparable a la energía liberada por la detonación de unas 12 bombas atómicas por segundo de forma ininterrumpida. La cifra supone un incremento superior al 43 % respecto de los 16 zettajulios de calor absorbidos durante 2024.
Este exceso térmico no se concentra únicamente en la capa marina superficial —los primeros 200 metros de profundidad—, sino que ya penetra en las capas oceánicas más profundas, advirtió Labe.
“Todo esto tiene consecuencias significativas”, afirmó. “Afecta a los ecosistemas marinos. Modifica la geografía de cada uno de los eslabones de la cadena alimentaria marina. También afecta a nuestra economía: actividades como la pesca y el turismo. Asimismo, incide en el sistema climático físico y el estado del tiempo. Puede influir en los huracanes o dañar los ecosistemas marinos a través del coral”.

Las anomalías térmicas en el océano también alimentan olas de calor en tierra firme, sobre todo a lo largo de las franjas costeras, de acuerdo con Claire Bergin, investigadora del Centro de Investigación Climática ICARUS de la Universidad de Maynooth, en Irlanda. Bergin forma parte del equipo científico de World Weather Attribution, iniciativa dedicada a determinar si los eventos meteorológicos extremos guardan relación directa con el cambio climático.
“Existe un vínculo directo entre el aumento de la temperatura del mar y la intensidad de las olas de calor terrestres”, señaló Bergin durante la rueda de prensa. La investigadora detalló que las olas de calor que golpearon a Europa durante el verano, en particular en sus zonas costeras, se vieron “exacerbadas” por las temperaturas elevadas del agua marina.
Bergin explicó además que el calentamiento del mar está vinculado al incremento de la temperatura de bulbo húmedo sobre el continente —el registro más bajo que puede alcanzar el aire por efecto de la evaporación—, un indicador crítico para la capacidad de las personas de regular su temperatura corporal. Mientras más alta es la humedad en el aire, más lenta resulta la evaporación del agua.
“Una temperatura de bulbo húmedo más elevada perjudica a la salud humana, ya que el alto contenido de humedad disminuye nuestra capacidad para regular la temperatura corporal”, indicó Bergin. “Esto demuestra con claridad que las altas temperaturas marinas no se limitan al mar: afectan a la vida marina, a la industria alimentaria y turística, así como a la vida cotidiana de las personas”.
El Niño amplifica las amenazas
Si bien la comunidad científica coincide en que la crisis climática es la causa principal de estas temperaturas oceánicas extremas, el actual evento de El Niño, que comenzó en junio y que la NOAA pronostica como “muy fuerte”, podría sumar todavía más leña al fuego al amplificar el calentamiento global derivado de las actividades humanas.

El Niño es un fenómeno natural integrado en el ciclo conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), una fluctuación periódica de la presión atmosférica y las temperaturas del agua en el océano Pacífico tropical. Representa la fase “cálida” del patrón: ocurre cuando los vientos alisios pierden fuerza y las aguas cálidas se desplazan y acumulan frente a la costa occidental de Sudamérica, lo que incrementa las temperaturas a escala planetaria.
Los modelos científicos estiman que el actual episodio de El Niño alcanzará su punto de máxima intensidad hacia finales de 2026 y extenderá sus efectos a lo largo de 2027.
Con todo, la tendencia de fondo del calentamiento oceánico como respuesta al cambio climático sigue siendo el motivo central de preocupación para los expertos.
Durante la rueda de prensa, Pickerell, director global del programa de océanos del World Resources Institute —organización sin fines de lucro con sede en Estados Unidos—, insistió en que recortar las emisiones de gases de efecto invernadero resulta fundamental para contener este fenómeno. Enfatizó que no se trata de una carga individual, sino de un imperativo para los “grandes emisores” del sector industrial, que deben llevar adelante una transición urgente que deje atrás el petróleo y el gas. Pickerell también lidera la secretaría del Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, iniciativa que reúne a gobernantes de todo el mundo comprometidos con la conservación y el manejo responsable de los océanos.
El Acuerdo de París, suscrito en 2015, estableció como meta limitar el calentamiento global a 1.5 °C respecto a los niveles preindustriales, un umbral considerado por la ciencia como decisivo para esquivar las consecuencias más catastróficas del colapso climático. Sin embargo, un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advierte que las temperaturas del planeta probablemente superarán ese margen en los próximos años, lo que empujará a la Tierra hacia un escenario de riesgo creciente.
“En última instancia, tenemos que reducir las emisiones”, sentenció Pickerell. “Eso es lo fundamental aquí”.
*Imagen principal: pingüino de Galápagos (Spheniscus mendiculus). Foto: © Grigory Heaton a través de iNaturalist (CC BY-NC 4.0)
El Maipo/Mongabay




