Por Javier Benítez.
El CEO de Volvo, Hakan Samuelsson, advirtió en un diario alemán que la industria del automóvil europea se arriesga a colapsar como Detroit si no eleva su productividad y recorta los costes laborales.
La industria automotriz europea en caída libre
Samuelsson, el ejecutivo sueco de Volvo de 75 años, quien dejará el cargo en 2027 tras 13 años al frente de la empresa, se expresó de manera contundente cuando fue consultado sobre si Europa puede permitirse las condiciones laborales actuales: “No“, enfatizó.
Asimismo, comparó la situación europea con el declive de Detroit, donde la industria automotriz migró hacia el sur de EEUU en busca de menores costos energéticos y salarios. “Europa debe reaccionar, Alemania debe reaccionar”.
Y esa ‘reacción’ alemana no se hizo esperar. Así, el fabricante alemán de automóviles Mercedes-Benz amenazó con cerrar dos plantas en Alemania si sus empleados se niegan a trabajar horas extras no remuneradas; es decir, gratis, informó una revista germana. Según el medio, ante los elevados costos laborales en el país, Mercedes-Benz exige, no pide, exige a la plantilla ampliar la jornada hasta cinco horas semanales, de 35 a 40 horas, con el mismo salario.
Uno de los factores que más ha cambiado el panorama para los fabricantes europeos ha sido el aumento del precio de la energía. Tras su boicot a los tradicionales flujos energéticos procedentes de Rusia, Europa ha incrementado su dependencia de alternativas más costosas, entre ellas el gas natural licuado importado desde EEUU.
Así, la fabricación de automóviles requiere enormes cantidades de energía, especialmente para producir acero, aluminio, productos químicos y baterías. Como consecuencia, el aumento del precio de los recursos energéticos ha repercutido sobre toda la cadena de suministro, elevando el costo final de los vehículos y reduciendo los márgenes de beneficio de los fabricantes.
Esta situación “parece dejar claro y en evidencia que la única industria en pie alemana ahora mismo en auge es la industria de fabricación de casus belli para acusar a Rusia“, ironiza el profesor, historiador y analista internacional Daniel Trujillo Sanz. “La cuestión es, como siempre, que será la clase trabajadora, en este caso alemana, la que ‘pague el plato’, porque la forma que tienen de medir la competitividad se basa siempre en los costes laborales, y a los costes laborales los reducen siempre a los salarios“, concluye Trujillo Sanz.
El Maipo/Sputnik




