En el diario El País (13.09.2026) Pierina Ferreti nos cuenta ¿Qué es lo que necesita la izquierda? | EL PAÍS Chile, y precisa las propuestas y el camino de futuro que se abre al Frente Amplio (FA). Utiliza como excusa un artículo de Eugenio Tironi, quien, en el mismo diario, cuestiona el documento del Congreso del Frente Amplio (FA), Lo que la izquierda necesita es una redefinición identitaria | EL PAÍS Chile (10.09.2026).
Por mi parte, revisaré cada uno de los argumentos críticos de Tironi.
Autocríticas
Tironi sostiene que la autocrítica del FA sobre la Convención constituyente ha sido insuficiente, a diferencia de lo que, según su entender, hizo ampliamente la renovación socialista. Exagera, porque autocrítica ha habido, aunque no tan radical como la quisiera Tironi y ello quizás se explica porque el FA sigue teniendo muy presente las injusticias y desigualdades que dieron origen al 18-0 y luego a la propuesta constitucional.
Los representantes del FA en la Convención Constituyente (y también los del Socialismo Democrático) no fueron capaces de dar dirección y ordenar el proceso constituyente. Pero, es justo reconocer que ello no era tan fácil, cuando la inmensa mayoría de los delegados a la Convención eran ciudadanos independientes, lejos de la política tradicional, los que, aglutinados en la “lista del pueblo”, acumulaban la indignación y rabia que recorría el país contra el orden económico, social y político.
Por otra parte, Tironi sobrevalora la autocrítica del socialismo democrático, Es cierto que el Partido Socialista (PS) tomó distancia de los “socialismos reales” y, aunque no lo dijo, en la práctica renunció a la lucha armada sostenida en el congreso de Chillán (que por lo demás nunca practicó) . Ello, junto a la necesidad imperiosa de terminar con la dictadura, favoreció el encuentro entre socialistas y democristianos; pero, a éstos no se les exigió autocrítica alguna por su apoyo al golpe militar de 1973, ni se cuestionó el trabajo de sus economistas en la propuesta “El Ladrillo” y tampoco su participación durante el primer año del gobierno de Pinochet
Ya instalados en los gobiernos de la Concertación, el PS y el PPD, junto a la DC, aceptaron sin mayor cuestionamiento seguir el camino neoliberal que había instalado la dictadura; es decir, se consolidó el rentismo extractivo y financiero, que destruyó la industria, el ingreso se concentró en una minoría y persistió la muralla que divide radicalmente a las familias chilenas en educación, salud y previsión social. El crecimiento económico y la reducción de la pobreza fue el argumento para justificar la aceptación del modelo económico heredado de la dictadura.
Lo más grave, y sobre lo cual no ha habido autocrítica alguna, son los vasos comunicantes que se instalaron entre la política y los negocios, cuando dirigentes de la DC, PS y PPD aceptaron financiamiento empresarial para campañas políticas, recibieron coimas para aprobar leyes en favor de los grupos económicos y los más serviles aceptaron ser instalados en sillones de los directorios de las empresas.
Entonces, eso de la “autocrítica desgarradora” es exageración, quizás wishfull thinking. Lo que sí hubo, como Tironi mismo lo reconoce, fue “una comprensión de los cambios impuestos por la dictadura”. Pero, la palabra “comprensión” es, en realidad, complacencia ante la aceptación acrítica del modelo económico-social que instalaron los Chicago Boys, gracias a las armas de Pinochet. Lo que Tironi considera comprensión es lo que Alejandro Foxley, exministro de Hacienda y excanciller de la Concertación, reconoce como “contribución histórica” de Pinochet en Revista Cosas (05.05.2000)
«Pinochet realizó una transformación, sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este siglo” y agrega, “Esa es una contribución histórica que va a perdurar por muchas décadas en Chile y que, quienes fuimos críticos de algunos aspectos de ese proceso en su momento, hoy lo reconocemos como un proceso de importancia histórica para Chile, que ha terminado siendo aceptado prácticamente por todos los sectores.”
Finalmente, en el plano autocrítico, también Tironi “valora la inserción (del socialismo) en la reflexión de la izquierda en otras latitudes”. Efectivamente, el socialismo chileno ha reconocido el acercamiento ideológico hacia la socialdemocracia de la tercera vía “con la que existen más coincidencias que desacuerdos” (R. Lagos, en artículo de El Mercurio, 11.07.1999). Pero, esas “coincidencias ideológicas” difícilmente pueden considerarse valorables ya que la deriva neoliberal de la socialdemocracia europea y su repliegue del Estado de bienestar, pavimentaron el camino para el avance de la extrema derecha en Europa. En suma, un mal referente para la izquierda.
Lucha de clases y lo multidimensional
Según Tironi el texto del Congreso del FA no logra resolver si el motor histórico es la lucha de clases asentada en la estructura económica, o es el conflicto social de carácter multidimensional. Esto no es cierto.
Tironi no ha leído bien el documento del Congreso, ya que el FA ha explicitado que la lucha de clases sigue siendo un concepto central de la lucha política y, al mismo tiempo, reconoce los nuevos desafíos y transformaciones del mundo actual, los que requieren una profunda reflexión y adaptación.
La globalización, el avance tecnológico, la inteligencia artificial, la emergencia de nuevas formas de organización laboral, destacados en el texto del Congreso, han cambiado la realidad social, convirtiendo a la lucha de clases en una realidad más compleja. Y, en esta nueva realidad es que emergen con presencia ineludible los temas de género, las disidencias sexuales, las cuestiones medioambientales y los derechos humanos. Todo ello obliga a redefiniciones en el siglo XXI. Por tanto, la lucha de clases y la dimensión multidimensional están muy presentes en el documento del FA:
“La lucha de clases sigue siendo una categoría explicativa central, pues la estructura fundamental de las tensiones contemporáneas continúa siendo económica y de clase. Con todo, las luchas actuales no pueden reducirse exclusivamente a la relación capital-trabajo; la realidad expresa múltiples dimensiones de conflicto y sujetos diversos, lo que hace necesario un análisis y una praxis política de carácter multidimensional”.
Sobre el Estado
Tironi tiene un sesgo anti-estado. Ha asumido esa instalación cultural, gracias al trabajo sistemático de la derecha y sus medios de comunicación. A la izquierda le corresponde desafiar esa construcción y por ello el FA intenta recuperar la preponderancia del Estado como agente de transformación.
Lo que el establishment de economistas y políticos de centro y derecha no alcanza a comprender es que la subordinación del Estado a los mercados en nuestro país es lo que ha frenado el crecimiento, bloqueado la productividad, deteriorado la actividad industrial y ha impedido los equilibrios sociales y territoriales.
Por ello el FA se intenta revalorizar el Estado y propone recuperar su rol planificador, orientador y regulador de la economía. Por otra parte, la afirmación de Tironi que el documento del Congreso niega un rol activo a de la sociedad civil y que sólo la entiende como “campo electoral” no es correcta, porque si leyera bien vería que allí destaca la importancia de la sociedad civil como agente de transformación. Y, se plantea explícitamente descentralizar para impulsar un desarrollo equilibrado de las regiones, para favorecer una redistribución del poder desde el centro a las regiones, comunas y territorios.
“No se trata solo de desconcentrar servicios o de transferir responsabilidades administrativas, sino de construir mayor capacidad de decisión política, administrativa y programática para que los territorios decidan sobre su propio desarrollo”.
Vamos al tema económico
A Tironi le molesta que el FA considere que el crecimiento de la economía requiera “superar la matriz extractivista actual” y avanzar hacia una “modernización verde”. Dice que eso es una mera declaración de intenciones. Y, vaya a saber uno cual es el sustento de su afirmación.
En realidad, no solo autores de orientaciones diversas como Stiglitz, Ha Jon Chang y Ricardo Haussman, sino la misma CEPAL, muy recientemente (Rupturas y Oportunidades, agosto, 2026), son enfáticos en la necesidad impulsar un desarrollo productivo que supere los focos extractivistas y el rentismo financiero, con propuestas que apunten a superar la matriz extractivista, revalorizar el rol del estado como planificador y orientador de la economía; y, al mismo tiempo, priorizar la educación, la ciencia y tecnología como fundamentos de la transformación y del mejoramiento de la productividad. Es el camino al desarrollo.
Esos autores y el FA destacan que para avanzar al desarrollo se requiere un compromiso real con la diversificación productiva, territorial y empresarial; y, una garantía de defensa del medioambiente y los ecosistemas.
Ello significa que nuestro país tendrá que pensar seriamente en superar el modelo productor y exportador de recursos naturales y, mediante políticas industriales, desafiar las ventajas comparativas estáticas, para modificar su matriz productiva tradicional y avanzar hacia una industria moderna, que permita recuperar el crecimiento económico y la productividad.
Y, el “componente verde”, sobre el que ironiza Tironi, resulta fundamental con el hidrogeno verde, el litio y el mismo cobre. Y es de esperar que esos nuevos recursos no sólo se destinen a las exportaciones, sino que la sal de litio debiera convertirse en baterías y en otros productos que le agreguen valor; mientras el hidrogeno verde debiera avanzar hacia pilas de combustible para vehículos eléctricos o en la recuperación de la industria del acero, entre otras actividades de transformación. Así la “modernización verde” recuperaría el crecimiento, diversificándose a todos los territorios, lo que potenciaría el empleo y reduciría la informalidad.
El crecimiento a secas que se ha considerado la solución a todos los males de Chile ha abandonado el desarrollo. Y ese abandono del desarrollo en los años de la transición cerró las puertas a la diversificación productiva, favoreciendo el extractivismo; y, tampoco se avanzó en la calidad del sistema educativo, con una magra inversión en ciencia y tecnología. Ese paradigma debe modificarse y es lo que pretende el FA.
Inteligencia Artificial (IA) y educación
Otra crítica de Tironi es que el documento del Congreso no aborda ni la IA ni la educación. Ambas afirmaciones no son ciertas.
En efecto, sobre la IA el documento es explícito en sostener la necesidad de proteger la soberanía nacional y democrática sobre los datos, en desafío a la concentración de poder económico y político de las grandes plataformas en manos de una peligrosa oligarquía tecnológica, que cuestiona hoy día incluso la democracia. Se busca asegurar así que la IA esté al servicio de las mayorías y del desarrollo productivo nacional.
En cuanto a la educación el FA se insiste en su rol estratégico, cuyo origen arranca en las primeras protestas estudiantiles. Se exige así recuperar el derecho social universal a la educación lo que es incluso fundamento para democratizar el poder, porque el modelo educativo actual, basado en la lógica de mercado, produjo segregación, exacerbó el individualismo y promovió la privatización de lo que debiera ser un derecho. En consecuencia,
“…sostenemos que la educación pública debe ser la columna vertebral del sistema nacional de educación: el espacio común donde se construye igualdad, ciudadanía, inclusión, pensamiento crítico, justicia territorial y desarrollo para el país.
Es inexplicable entonces la afirmación de Tironi que se han eludido los temas de educación y de IA en el documento del Congreso.
La “guinda de la torta”: el socialismo
Según Tironi el “El FA se define socialista, pero adopta una definición tan amplia que termina calzando con cualquier democracia social contemporánea”. Agrega, “Y peor: asume esqueletos que era preferible dejar en el armario de la vieja izquierda”.
¿En qué quedamos entonces? Es que el FA propone una “democracia social contemporánea” o quiere un “esqueleto socialista”
Vamos por partes.
Efectivamente el FA se define socialista, porque no renuncia a la historia de Recabarren, Eugenio González y Salvador Allende, ni a los mártires de la dictadura de Pinochet. Pero, al mismo tiempo, ha sido capaz de criticar, sin vacilaciones y abiertamente, el socialismo que se instaló en la URSS y sus satélites de Europa oriental, como tampoco ha tenido inhibiciones en cuestionar los “socialismos del siglo XXI”, que han culminado en desastres humanitarios en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Esos socialismos ineficientes y antidemocráticos están muy lejos de la visión socialista del FA.
Pero tampoco el FA se propone una “democracia social contemporánea”, porque los Estados de bienestar clásicos, construidos en condiciones históricas que ya no existen, han derivado en el presente al neoliberalismo.
Entonces, ni lo uno ni lo otro.
“El horizonte estratégico del Frente Amplio es socialista, entendido como el tránsito hacia una economía democratizada, orientada al bienestar de las mayorías y no a la acumulación del excedente por unos pocos. El modelo neoliberal no es la respuesta frente a la crisis actual: el contexto contemporáneo exige una crítica más profunda del mismo y de las limitaciones de la democracia liberal. Un Estado para el siglo XXI: El Estado Social y Democrático es fundamental para la cohesión social y el desarrollo económico”.
Los conceptos de igualdad, democracia, libertad, justicia social y un Estado activo y no disciplinado por los mercados están presentes en el socialismo del FA. Y esos conceptos tienen como referente el socialismo en democracia de Salvador Allende, aunque en las condiciones del siglo XXI.
Redefinición identitaria
Tironi nos dice que El FA renuncia a una vocación renovadora. “No basta una redefinición estratégica: hace falta una redefinición identitaria”.
Para empezar no se puede olvidar que, desde sus orígenes, como movimiento estudiantil, luego en el Parlamento y después en el gobierno, el feminismo y el ecologismo le dieron al FA una clara definición identitaria. Y esa definición hoy día se complementa con una propuesta de transformación económica y social. En FA es entonces identidad y proyecto político.
Se equivoca entonces en que falta una definición identitaria y se equivoca doblemente al decir “No basta una redefinición estratégica: hace falta una redefinición identitaria”. Porque en realidad no basta identidad, se requiere un proyecto, una propuesta estratégica, para que la identidad se haga realidad.
Y aquí viene la parte más rara y confusa del artículo de Tironi: el cristianismo.
Nos dice que es necesario “retomar la confluencia con el pensamiento cristiano, que fue el verdadero secreto de la Concertación”, y para ello cita las encíclicas de Francisco y León XIV contra el mercado y la tecnocracia. Vaya uno a entender.
En primer lugar, en la confluencia entre democristianos y socialistas, y en la formación de la Concertación, no estuvo presente el cristianismo, sino un claro y firme realismo político para enfrentar la dictadura.
Edgardo Boenninger, quien sería ministro de la Presidencia durante el gobierno de Patricio Aylwin lo dice con claridad. Refiere en su libro Democracia en Chile (Ed. Andrés Bello, 1997) la confluencia práctica de economistas DC y socialistas y, al mismo tiempo, su acercamiento ideológico a los Chicago Boys.
“En este proceso de convergencia económica tuvo significación el acercamiento que se fue produciendo entre los economistas profesionales. En un primer momento, fueron los economistas democristianos, los que, en contraste con las décadas del 60 y 70, pasaron a hablar un lenguaje técnico similar y a compartir conceptos teóricos con los economistas liberales” “La inserción de una gran mayoría de economistas en un marco común de análisis se fue extendiendo a los teóricos de ideología socialista…”
Ese realismo ayudó a la convergencia entre socialistas y democristianos y, al mismo tiempo, favoreció la aceptación del modelo de desarrollo que impuso el régimen de Pinochet.
En segundo lugar, cuando se instala la Concertación, el jefe del Vaticano era el papa Juan Pablo II, crítico radical de la teología de la liberación y cuestionador de esa convergencia entre salvación espiritual y liberación sociopolítica. El acercamiento de ese papa a los gobiernos de la Thatcher y Reagan fue evidente, como lo fue su compromiso con el neoliberalismo antes que con los pobres. Es una trampa entonces citar a Francisco y León XIV a propósito de la Concertación.
Muy distintas a Juan Pablo II son las concepciones de Francisco y de León XIV, ambos promotores de un compromiso con los pobres y muy centrados en los desafíos del mundo actual: Francisco defensor del medioambiente y de los ecosistemas y León XIV, crítico de los oligarcas tecnológicos y promotor de la democratización de la IA. Ambos temas de prioritaria preocupación del FA.
No es claro hacia donde apunta Tironi con el tema del cristianismo.
A final de cuentas, las críticas de Eugenio Tironi al Frente Amplio y al documento de su Congreso son frágiles. Sus argumentos son confusos, utiliza información incierta, y sus referencias a las experiencias de la Concertación y al socialismo renovado no ayudan mucho a una reflexión de la izquierda de cara al siglo XXI.
Roberto Pizarro Hofer, Economista, ex decano de la Facultad de Economía Política de la U. de Chile, ex Ministro de Desarrollo Social y Familia, colaborador permanente de elmaipo.cl
Columna publicada por Le Monde Diplomatique el 18 de septiembre de 2026
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