Por Juan Lehamnn
El Gobierno aún no confirma el paradero de las reservas de oro que envió al exterior en 2024, pese a que el Banco Central aseguró que la operación fue revisada sin observaciones, una versión que la Auditoría General de la Nación desmintió. “Es muy llamativo que sea tan difícil conocer fehacientemente el destino del oro”, dijo a Sputnik un experto.
El destino de las reservas de oro de Argentina ha sembrado un nuevo foco de polémica en el país sudamericano. El Gobierno nacional todavía no confirma el paradero de los lingotes que envió al exterior en 2024, pese a que el Banco Central aseguró esta semana que la operación fue revisada sin objeciones. Una nota oficial de la Auditoría General de la Nación contradijo esa versión: el análisis sobre la trazabilidad del metal sigue abierto.
La controversia se remonta a 2024, cuando el sindicato de trabajadores bancarios denunció que la entidad monetaria había sacado del país una porción no precisada de sus casi dos millones de onzas troy de oro, avaluadas entonces en más de 8.500 millones de dólares. El Banco Central reconoció meses después haber completado transferencias parciales, sin detallar montos ni destino.
El Gobierno justificó el hermetismo apelando a razones de seguridad financiera: sostuvo que difundir la ubicación exacta de sus posiciones podía exponerlo a maniobras de otros actores del mercado. Esa reserva de información es la que ahora reclaman los senadores opositores, que insisten desde hace dos años en acceder a la documentación completa de la operación.
El planteo escaló el 9 de septiembre, cuando el presidente de la entidad, Santiago Bausili, se presentó ante comisiones del Senado. Allí afirmó que los lingotes fueron trasladados y depositados en el Banco de Pagos Internacionales (BIS), con sede en Basilea, Suiza, aprovechando una “ventana de oportunidad” para reemplazar oro antiguo por otro de mayor liquidez.
La versión de Bausili chocó con datos a los que accedieron legisladores peronistas: según informaron, los lingotes permanecerían físicamente en las bóvedas del Banco de Inglaterra, en Londres, mientras que solo la titularidad contable quedó a nombre de una cuenta del BIS en Suiza. Esa distinción entre custodia física y registro contable es el eje de la disputa.
La senadora Juliana Di Tullio calificó de falsas las explicaciones del funcionario y amplió, junto con otros legisladores del bloque, una denuncia penal que ya alcanza a Bausili, al presidente Javier Milei y al ministro de Economía, Luis Caputo. El bloque sostiene que la falta de documentación respaldatoria alimenta sospechas sobre el uso de las reservas.
Con ese argumento, la oposición presentó un proyecto para citar de urgencia a Bausili ante el Senado. La iniciativa exige un informe documentado sobre el cronograma de los envíos, los custodios involucrados, la certificación de los lingotes, los rendimientos obtenidos y la existencia de notificaciones de acreedores internacionales sobre eventuales pedidos de embargo.
La nota de la Auditoría General de la Nación precisó que el organismo aprobó sin observaciones los balances del Banco Central de 2023 y 2024, pero que el correspondiente a 2025 —el que abarca específicamente la trazabilidad de las reservas en oro— sigue en análisis por una demora de más de un año del propio Banco Central en remitir la documentación requerida por el organismo de control.
El destino de esas reservas no es un dato menor para la exposición judicial de Argentina en el exterior. En el juicio que los fondos Burford Capital y Eton Park mantienen por la expropiación de YPF, una jueza del Distrito Sur de Nueva York ya había ordenado entregar información sobre la ubicación del oro del BCRA, que la defensa argentina buscó resguardar invocando inmunidad soberana.
La eventual ubicación del oro en Londres cobra un peso adicional en momentos en que el Gobierno intensificó su reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas y anunció sanciones a empresas que operen en la explotación petrolera del archipiélago.
Una opacidad llamativa
“Es muy llamativo que sea tan difícil conocer fehacientemente el destino del oro del Banco Central. No es una locura que esté en Londres, porque el mercado del oro físico responde a una lógica muy concentrada geográficamente“, dijo a Sputnik Jorge Carrera, economista y exdirector del Banco Central argentino.
El experto explicó por qué esa plaza concentra las operaciones. “Los mercados de oro físico no son tantos y, como la mayoría de los mercados de commodities, tienden a concentrarse bastante. El mercado de Londres es el gran mercado para el tema del oro, porque da la garantía de a nombre de quién está cada lingote”, detalló.
Carrera citó el caso de Países Bajos, que repatrió parte de sus reservas por razones geopolíticas. “Deciden no solamente vender bonos del tesoro que tenía en sus reservas, sino que se trae el oro, que lo tenía en Estados Unidos. No lo trae a Holanda, lo trae a Londres“, señaló el exfuncionario, quien cuestionó la razón por la que Argentina no puede informar del paradero si no enfrenta litigios de magnitud.
Sobre las dudas que despierta el elenco gubernamental y, sobre todo, la dirección del Banco Central, Carrera fue directo: “Si se desconfía tanto de Bausili es porque no han logrado construir una reputación de credibilidad suficiente, porque si le creyeran realmente, nadie diría que le está mintiendo al Congreso”, sostuvo.
El consultor fue tajante respecto a la opacidad del caso: “Es tremendo que no sepamos prácticamente nada. Es bastante desconcertante que el Gobierno diga que la Auditoría General de la Nación avaló la medida, pero que luego la misma entidad lo desmienta. Es una desprolijidad llamativa”, destacó.
El argumento oficial
Consultado por este medio, el economista Francisco Cantamutto se refirió a las motivaciones de la Casa Rosada para impulsar la operatoria. “El argumento que puso el propio Gobierno es que depositar el oro en una entidad extranjera permite que rinda algún interés. Sin embargo, estos intereses suelen ser muy bajos, con lo cual ese rendimiento no tiene mayor sentido financiero. El rendimiento que puede generar es muy bajo“, consideró.
Para el analista, la falta de precisiones oficiales sobre el destino de las reservas es, en sí misma, un problema. “Me parece que se debería informar con veracidad y certeza. No puede ser que estemos esperando meses para tener información sobre un recurso público que debería ser informado, y si la decisión respondió a algún criterio de racionalidad, debería ser conocido“, sostuvo.
Cantamutto encuadró el episodio dentro de un patrón más amplio de la política económica oficial de los últimos años, marcada a su consideración por un manejo reservado de la información pública. “No deja de ser parte del mismo marco de opacidad con el cual se manejan la mayor parte de las políticas económicas de este Gobierno”, remarcó.
Consultado sobre el vínculo con Londres, en medio del reclamo por Malvinas que reavivó el Gobierno, el economista fue más cauto respecto del riesgo inmediato. “No deja de ser una tensión verbal la que existe con Gran Bretaña, que no ha escalado a niveles diplomáticos y, por lo tanto, en principio, se podría presuponer que no hay un riesgo elevado“, explicó.
El Maipo/Sputnik




